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Veamos
el impacto de las privatizaciones sobre la distribución del
ingreso.
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Ganan
unos pocos pero
muchos van a las calles.
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Habiamos citado la tendencia a la reducción de empleo tras
cada proceso privatizador (tanto por el cierre de actividades
como por la búsqueda de una mayor rentabilidad del trabajo
ocupado). Directamente, esta tendencia a mayores niveles de
desempleo presiona a la baja los niveles salariales a través
del mecanismo clásico del "ejército industrial de reserva",
aquellos que están dispuestos a hacer lo que uno no por la
remuneración que se ofrece por baja que sea.
Pero no es éste el único mecanismo. Hablamos de la consideración
del salario como una relación social. En efecto, el salario
real no es sólo el salario individual corregido por la inflación
sino que ha de incluir también todos los distintos tipos de
remuneraciones, directas o indirectas, presentes o futuras,
de que disponen los trabajadores en una sociedad y su circulación
por esta.
Por
eso, dentro del salario hay que incluir el salario "indirecto"
y el salario "diferido"(1)
. El "indirecto" consiste en el suministro de una serie de
bienes y servicios por parte del Estado a precios inferiores
al mercado. Una de las medidas que toman los nuevos gestores
de una empresa tras su privatización (inmediata o posteriormente
según el grado de competencia) afecta a su estructura tarifaria
en sentido alcista (por lo que el salario se reduce). El "diferido"
es la parte de salario cuyo cobro se aplaza hasta la jubilación.
La privatización de su gestión -como bajo la dictadura en
Chile- redunda, entre otras cosas, en una reducción del salario
por este concepto. Así, tenemos que las políticas de privatización
se traducen en disminuciones salariales por las diferentes
vías comentadas.
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Un
país a medias por culpa
de los desequilibrados
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Añadidamente,
las reestructuraciones que preceden a la privatización de
aquellas empresas no rentables refuerzan el contenido redistributivo
fuertemente regresivo de estas políticas por la transferencia
de recursos del Estado al capital privado que suponen (2).
Por tanto, la propia esencia de la privatización, que es la
transferencia de recursos efectivos y/o potenciales del Estado
al capital privado, supone, en sí misma, una redistribución
de la participación en el ingreso de las distintas clases
sociales. Esta redistribución se da fundamentalmente entre
el capital y el trabajo, de forma netamente desfavorable para
éste por los mecanismos apuntados.
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