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Ampliar
a los sectores pobres
los beneficios de vender el
patrimonio del país es un cambio real.
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Sin
esperar tener la verdad absoluta debemos empezar ya no a pensar
tan sólo, sino a ejecutar salidas racionales, inteligentes,
colombianas y respetuosas del ser humano y de las futuras
generaciones, Estas salidas deben ser pensadas en el desarrollo
integral del país, y no únicamente en la integración a un
sistema como hasta ahora lo vienen haciendo los gobiernos
de turno avalados por los analistas tradicionales segados
por al ansia progresista. ¿De que sirve un progreso pírrico?
Una idea más para desarrollar el desarrollo como las que nos
están imponiendo y nos quedamos sin país.
-El analista Carmonet, del semanario Le Monde Diplomatiq,
hace a un llamado a que se revalúe la tendencia a reducir
las relaciones sociales a relaciones de mercado sólo, y al
lugar del Estado en un simple regulador de desigualdades.
Se debe pensar en una reforma tendiente a mejorar las condiciones
de los déficit fiscales sin sacrificar las posibilidades de
asegurar un patrimonio nacional para las generaciones futuras.
Las privatizaciones no son el único camino que le queda aun
país para hacer eficientes sus empresas. Si bien el mercado
puede mejorar su desempeño, no es cierto que además deba tener
el control absoluto de sus procesos, ser su dueño absoluto.
Se trata de que se administre hacia la competencia las empresas
públicas, en Colombia se ha demostrado tanto con las EPM (Empresas
Públicas de Medellín) y la EEB (Empresa de Energía de Bogotá),
que las empresas públicas de servicios pueden ser eficientes
y competitivas, aumentando el patrimonio y creando riqueza
que no debe ser regulada y protegida contra la especulación
en momentos de depresión y recesión, como ha sucedido con
los capitales de Codensa y las multinacionales carboníferas
y de los hidrocarburos.
-En el campo de su efecto en la eficiencia operativa (precios
más bajos, mayor capacidad instalada, barreras a la entrada,
conductas predatorias de mercado y tecnología de empresas/
sectores privatizados), se requiere de las privatizaciones
al menos lo siguiente: (a) regulaciones claras sobre la facilidad
para ingresar al mercado y sobre la competencia ilegal y sus
consecuencias (REGCOMP); (b) la necesaria modernización de
las leyes, aun a nivel constitucional (AMEND); y (c) el desarrollo
de cortes competentes para arreglar disputas (COURTS) (1).
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Invertir
en el sector
productivo es una
alternativa a seguir vendiendo.
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-Antes
de poner en marcha el proceso privatizador, hay que garantizar
un cuadro jurídico e institucional que favorezca la transparencia
y que sobre todo asegure la correcta prestación de servicios
a los ciudadanos. Si a la privatización le falta una base
legislativa, cabe el riesgo de que se bloquee por la inercia
de la burocracia del Estado o que se desarrolle de un modo
espontáneo y salvaje. La técnica más utilizada, según la OCDE,
es la de crear una ley-marco, que determine las orientaciones
generales de las privatizaciones. Esto permite agilizar la
toma de decisiones por el organismo competente, ya sea un
ministerio o una institución independiente constituida para
poner en marcha el programa. Naturalmente, esas condiciones
óptimas no siempre se dan.
Como
los procesos de privatización son complicados y suelen llevar
aparejadas largas negociaciones, conviene que las regulaciones
sean claras ya que cuanta menos incertidumbre haya, más aumenta
el valor de una empresa. En la práctica, esto anima a los
inversores y acaba por reducir los precios de los servicios
para el mismo consumidor. La exigencia de transparencia y
de claridad es importante también para dar a conocer el estado
de la empresa que se va a privatizar. En Argentina, por ejemplo,
la evaluación de las cuentas de la empresa es una condición
indispensable. Por eso, antes de proceder a la venta de una
sociedad pública se encargan auditorías y se exponen balances
y cuentas de resultados, para que los candidatos puedan conocer
con exactitud cuál es la situación real.
Diferentes
estudio señalan que en el sector de servicios públicos, cuando
una empresa estatal es privatizada, generalmente, se consigue
una mayor eficiencia y un costo más adecuado. Aunque ello
depende de la actividad regulatoria de los gobiernos. Efectivamente,
cuando los reguladores han sido efectivos la privatización
beneficia a todos los sectores y a todas las clases económicas.
-Por último, un tema en el que habrá que trabajar en el futuro
es el de la disponibilidad de información para el público
sobre los procesos de privatización. Por ejemplo, la publicación
de un "libro blanco"(2)
que esté a disposición del público general y que permita juzgar
temas tan importantes como la objetividad de la selección
del banco de inversiones y el asesor, la valorización de la
empresa, el precio base y los procesos de reclutamiento, la
negociación y la precalificación de los compradores potenciales.
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Proteger
e informar sobre el patrimonio nacional a los
ciudadanos, es necesario para realizar ventas o
administraciones transparentes.
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En
general las privatizaciones pueden no ser por si solas un
mal. La forma en que se han otorgado, su débil e insuficiente
marco jurídico, la inestabilidad macroeconómica, una endeble
estructura de mercado, el concentrarse en consumidores con
capacidad de compra y no en usuarios con necesidades y la
falta de claridad en los procesos de venta y de precisión
sobre lo que se está vendiendo, son algunas de las faltas
de los programas de privatización que ponen en tela de juicio
las bondades de su materialización y resaltan sus lunares:
desempleo, alza de precios en los servicios -el servicio de
energía eléctrica es una de los principales factores alcistas
en el país, aunque el indicador de inflación sea bajo gracias
a la recesión-, y por ellos más pobreza.
Por otro lado, ¿diferente de las privatizaciones no existen
mejores formas de atacar el déficit fiscal? Por ejemplo un
programa serio y contundente contra la corrupción, la ampliación
de la base tributaria -modificando el sistema de topes en
la tributación, haciendo que quienes más acumulen contribuyan
más- y una reforma profunda al sistema de asignación presupuestaria,
podrían ser más beneficiosas que feriar los recursos finitos
pero preciosos que son las propiedades del Estado, es decir
de la nación, de los ciudadanos. Además se ferian estos recursos
sin contar con la voz de las generaciones futuras que, si
seguimos la lógica de este sistema, se quedaran sin que vender.
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