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Fórmulas
mágicas sin distingos entre países
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Si
las reformas del FMI condujeron a devastadoras crisis financieras,
la intervención del fondo al comienzo de estas crisis fue
igualmente inapropiada.
En cada una de las oportunidades el gendarme anterior quiso
transformarse en el posterior bombero. Todas y en todas partes
las medidas instrumentadas, volvieron inevitable el incendio
que se avecinaba. La lógica de tales medidas es muy simple:
si los mercados pierden confianza en El Dorado anterior es
porque temen que los déficit conduzcan a un problema de liquidez.
Entonces, deciden que es necesario aumentar las tasas de interés
(para conservar los capitales volátiles ávidos de altos rindes),
disminuir el gasto público (para transformarlos en ahorros
presupuestarios) y aumentar los impuestos (para incrementar
los ingresos). Pero analizando estas medidas es evidente que
fueron por lo menos sobrepasadas, y lo que es peor totalmente
simplistas.
El hecho es que desembocan ineluctablemente, en la recesión
y en la depresión de los países involucrados: " Las altas
tasas de interés desvastan a las empresas endeudadas, provocando
falta de pagos y quiebras bancarias y la reducción del gasto
público debilita la economía" Mientras tanto las poblaciones
son castigadas por la recesión y el alza de los impuestos.
En Indonesia, por ejemplo, " el FMI aumentó la presión, exigiendo
la reducción del gasto público. En consecuencia los subsidios
a las necesidades básicas como la alimentación o a la gasolina
fueron completamente eliminados en momentos en que las políticas
de austeridad los volvían más desesperadamente necesarios
que nunca. "Además Indonesia era el primer socio comercial
de Japón, segunda economía mundial y sabemos a qué catástrofe
condujeron estas medidas.
Stiglitz no la menciona, pero sabemos que la crisis brasileña
presenta las mismas características: a mediados del 98, Brasil
solicita una ayuda financiera limitada al FMI. La situación
del Brasil no era en esos momentos peligrosa: el país poseía
aún cerca de 40 mil millones de reservas de cambio en su haber.
Sin embargo el FMI fiel a su doctrina establece que es necesario
aumentar las tasas de interés y los impuestos y disminuir
los gastos del estado. El resultado fue doblemente dramático:
no solamente estas medidas precipitan al país en la recesión
sino que la intervención del FMI alerta a los mercados, quienes
pierden su sacrosanta confianza y huyen del país y de toda
la región (efecto samba), generando una devastadora crisis
financiera.
Es decir que si los ataques especulativos de los años 90,
constituyeron "profecías auto-realizables" es porque el común
detonante del FMI llevó el agua necesaria a los molinos de
dichas profecías. He aquí uno de los vínculos más sólidos
que ahogan a las economías tan diferentes como las de Rusia,
Corea, Hong Kong o Brasil. El gendarme se transforma en bombero
y exacerba el vicio de los pirómanos.
Pero ¿cómo es posible que economistas tan inteligentes como
los del FMI cometan tales errores? ¿Es que quienes se auto
proclaman los más grandes expertos del mundo son a tal extremo
ciegos? Stiglitz aporta varias respuestas a estas preguntas
y relativiza en primer término esta auto-proclamación: " No
es justo decir que los economistas del FMI no se preocupan
por los ciudadanos de los países en desarrollo (.) Los expertos
del FMI suponen que son más brillantes, más educados y menos
politizados que los economistas de los países que visitan.
En los hechos, los líderes económicos de esos países son muy
buenos y en muchos casos mejor educados y más brillantes que
el staff del FMI (créanmelo yo he enseñado en Oxford, en el
MIT, en Stanford, en Yale y en Princeton y el FMI jamás pudo
reclutar allí la menor cantidad de los mejores estudiantes)"
Peor el hecho de que los expertos del FMI usan modelos matemáticos
superados no lo explica todo.
Estas políticas son impuestas por quienes defienden la escuela
de la verdad universal, es decir los Ministros de Finanzas
de los países ricos, industrializados, que aprueban los préstamos
del FMI. La sombra del G/ en general y del departamento norteamericano
de Finanzas sobrevuelan sobre todas las decisiones del Fondo.
Esto no encuadra en la pretendida ausencia de decisiones políticas
en su seno. Y esto nos recuerda la frase deslizada por Camdessus
el día de su dimisión de la dirección del FMI": Es la primera
decisión que tomo por mí mismo en diez años".
Es evidentemente el carácter democrático del FMI lo que está
en tela de juicio. Stiglitz explica que " el FMI ama conducir
sus asuntos sin que se le hagan demasiados cuestionamientos.
En teoría el Fondo soporta a las instituciones democráticas
de los países que asiste. En la práctica mina los procesos
democráticos imponiéndoles sus políticas. Oficial y evidentemente
el FMI no impone nada. Negocia las condiciones para otorgar
sus ayudas. Pero todo el poder se encuentra en estas negociaciones
del lado del FMI y no deja, sino raramente, que los países
se tomen el tiempo necesario para obtener consenso o realizar
consultas con sus parlamentos o con la sociedad civil. En
algunas ocasiones el FMI pretende mostrarse completamente
abierto y negocia convenios secretos."
Lo peor es que en realidad, las relaciones entre los países
ricos y los países pobres se limitan a imponer a los segundos
por medio del FMI, medidas rechazadas en sus propios países.
Por ejemplo, como lo subraya Stiglitz, " el FMI afirma que
todo lo que pretendía de los países del Sudeste asiático era
que equilibraran sus presupuestos en un período de recesión
¿Todo? La administración Clinton ¿no mantuvo acaso una gran
batalla frente al Congreso desechando una enmienda sobre el
equilibrio del presupuesto estadounidense? Y el argumento
clave de la administración ¿ no era por cierto que frente
a una recesión podría ser necesario tolerar un pequeño déficit
en el gasto público? No es demasiado difícil comprender que
cuando una economía carece de liquidez, la mejor manera de
salir de esa emergencia es inyectando algo de dinero en el
circuito.
El problema es que los expertos del FMI, enceguecidos por
una parte por su obsesión por contener la inflación, y por
otra parte acuciados por los tenedores de fondos para que
aceleren las reformas, no han sabido percibir ni resolver
tales evidencias.
Hoy en día "el 40% de los préstamos tailandeses son dudosos,
Indonesia se halla profundamente anclada en la recesión, las
tasas de desempleo siguen siendo por lejos mucho más elevadas
que antes de la crisis y lo mismo sucede en Corea el mejor
alumno asiático. Tailandia que siguió lo más fielmente posible
las prescripciones del FMI, registró peores índices que Malasia
y Corea del Sur, que siguieron políticas más independientes.
Por ejemplo, fenómenos microeconómicos como las quiebras bancarias
o las faltas de pago, estuvieron en el centro de las economías
asiáticas. Pero los modelos macroeconómicos utilizados para
analizar estas crisis no se hallaban adaptados a las micro-dimensiones,
de modo que no tuvieron en cuenta las quiebras bancarias.
Pero los malos modelos económicos no constituían más que un
síntoma del problema real: el secreto. Las personas inteligentes
son más proclives a hacer estupideces cuando evitan los consejos
y las críticas."
Hay que insistir en lo más profundo del problema: el de una
institución que actúa en los cuatro puntos cardinales del
mundo en nombre de la democracia, pero que no la aplica en
lo más mínimo en su propio seno. De allí que se produzcan
catástrofes no solamente económicas sino también políticas.
Stiglitz recuerda que "desde el fin de la guerra fría, se
les otorgó inmensos poderes a las personas encargadas de predicar
la economía de mercado hasta en los rincones más alejados
del mundo, La economía política es probablemente hoy en día
la parte más importante de la interacción estadounidense con
el resto del mundo. Sin embargo la política económica internacional
de la democracia más poderosa del mundo no es democrática".
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