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El fondo monetario y la pobreza
Equidad por desigualdad también ofrece como servicio el FMI

El Fondo Monetario Internacional (FMI) es una de las instituciones financieras más poderosas. En ningún lugar su influencia es tan pronunciada como en los países más pobres del mundo. Las decisiones tomadas en su Oficina Central en la calle 19 de Washington tienen un gran impacto en las vidas de las comunidades más vulnerables a lo largo de todo el mundo en desarrollo. Su accionar como bombero en los incendios económicos del mundo le ha convertido en infaltable a la hora de pensar en los responsables del rumbo que toman las naciones en medio de los rigores de la globalización.

Su desempeño es visto como normal y su ingerencia como necesaria, ya que las naciones industrializadas que le dieron vida al ente multilateral, o por los tecnócratas de los gobiernos en problemas que pueden encontrar un salvavidas a tiempo en su tiempo de gestión. Sin embargo, analistas de los más variados matices ideológicos y escuelas económicas, desde premios Nóbel hasta funcionarios de otros entes similares dentro de la economía mundial, critican su desempeño y llegan a pedir sino su desaparición, un acto profundo de contrición por sus remedios inocuos y muchas veces peores que la enfermedad.


La Fundación Internacional para el tercer mundo, Intermon, hace una reflexión muy sosegada de los que ha significado la intervención del FMI con su recetario en la lucha contra la pobreza.

Pobreza parece ser el costo de acción en el club monetarista

Al respecto dice un informe de la Fundación que "la reducción de la pobreza apenas está registrada en el radar del Fondo. Medio siglo después de su creación, es necesaria una profunda reforma si quiere contribuir a afrontar los desafíos del desarrollo humano del próximo milenio."

Los gobiernos de los países industrializados comparten la valoración positiva de las terapias del Fondo. Juzgan la situación económica de los países más pobres - en la medida en que tienen derecho a recibir ayuda y alivio de la deuda- casi completamente con base a su cumplimiento con la medicina del FMI, parando rara vez a preguntarse si esta ha sido prescrita sensatamente.

Este informe, preparado como parte de la campaña de Oxfam Internacional Educación Ahora, pone en cuestión la visión de que los programas del FMI están funcionando. No se cuestionan sus pretensiones: el crecimiento económico y la estabilidad son vitales para reducir la pobreza. Pero el FMI no lo está logrando, y si persiste la ausencia de reformas fundamentales, el Fondo continuará actuando como un impedimento para la consecución de los objetivos de desarrollo humano adoptados por la comunidad internacional para el 2015. Esto incluye disminuir a la mitad la pobreza de ingreso, reducir en dos tercios la mortalidad infantil y alcanzar la educación universal.

Los programas del FMI presentan un triste récord si se miden en función de estos objetivos:

* En África Subsahariana, la región más pobre del mundo, han implicado un modelo de crecimiento lento y desigual que ha contribuido a que se invierta insuficientemente en áreas como educación y salud. Los indicadores de crecimiento económico en los países que llevan a cabo programas del FMI son inferiores a la mitad de los que se necesitarían para alcanzar los objetivos del 2015.

* Un estudio sobre la tendencia de los gastos anuales señala que de 16 países de África Subsahariana que están bajo los programas del FMI, 12 han recortado su gasto público en educación. Esto, en una región en la que 47 millones de niños no están escolarizados. En Zambia, el gasto en educación y salud ha caído bajo los programas del FMI, a la vez que la matriculación en educación primaria ha disminuido y el número de niños no escolarizados ha alcanzado los 600.000. La mortalidad infantil en Zambia ha aumentado.

* En el Este Asiático, los programas del FMI han prolongado y profundizado una recesión que ha conllevado un dramático aumento de la pobreza y ha deteriorado los indicadores de educación. En Indonesia, ha aumentado en 20 millones la cifra de personas viviendo por debajo del umbral de pobreza, y 1.3 millones de niños han abandonado el colegio. En la tasa de abandono escolar ha aumentado en un tercio en 1998, con 676.000 niños fuera de las aulas. En Brasil, el "rescate" del FMI ha ido acompañado de una reducción del 25 por ciento en el gasto dedicado a los programas de educación infantil.


Un diagnóstico equivocado

El mal diagnóstico ha sido un problema constante. Los países que han acudido al FMI se enfrentan con complejos retos de desarrollo, pero la plantilla del FMI tiende a ver un único problema: exceso de gasto. Ellos proceden a prescribir "un tratamiento que cura todo", medicina en forma de austeridad presupuestaria, altos tipos de interés y restricciones en el gasto público. Para muchos países estas medidas resultan asfixiantes. Economías enteras han sido llevadas a un completo revés en sus mecanismos, mientras las infraestructuras económicas y sociales se han paralizado.

El diseño de los programas del FMI tiene que cambiar. Se debe priorizar el apoyo a la reconstrucción y avanzar hacia los objetivos de desarrollo humano. El enfoque actual consiste en abordar el problema de la pobreza adjuntando al marco macroeconómico del FMI unas redes de seguridad social. Pero como demuestra la experiencia en el Este Asiático, las redes de seguridad social son inefectivas en un contexto donde las reformas económicas están destrozando el medio de vida.