Libre Gilberto Rodríguez Orejuela

Viernes, 08 / Nov / 2002
 
Colombia.com
Hacia las 10:45 de la noche de este jueves, Gilberto Rodríguez Orejuela, uno de los jefes del Cartel de Cali recobró su tan polémica libertad. Quince horas atrás periodistas nacionales e internacionales se apostaron a las afueras de la entrada principal de la Penitenciaría de Máxima Seguridad de Combita (Boyacá) en su espera. Pese a los esfuerzos del Gobierno para evitar su excarcelación, las leyes colombianas permitieron que “el ajedrecista” como también se le conoce, quedara libre luego de siete años en prisión de una condena de 15.

La Fiscalía General de la Nación no pudo hacer más que darle el visto bueno a la orden de libertad condicional expedida por Pedro José Suárez, juez suplente del juzgado segundo de ejecución de penas de Tunja el pasado viernes, noticia dada a conocer por el Procurador General de la Nación, Edgardo Maya Villazón el 1 de noviembre.

De inmediato el desconcierto y la preocupación se vieron reflejados en los rostros del Fiscal General de la Nación, Luis Camilo Osorio, el Procurador, el ministro del Interior y de Justicia, Fernando Londoño Hoyos y hasta del mismo Presidente de la República.

Ante los medios de comunicación, Londoño, quien se encontraba en Cartagena en la conferencia sobre lavado de activos dijo: “Estoy convencido que estos señores con su gigante poder económico, están produciendo un resultado judicial que no está de acuerdo con las evidencias que obran en los procesos”.

El juzgado de Tunja comenzó a ser el epicentro de fiscales y procuradores delegados que tenían la misión de empaparse respecto al tema, y así, encontrar alguna explicación para evitar la salida de los hermanos Rodríguez Orejuela.

Entretanto, a las afueras de la Penitenciaría, periodistas no descuidaron la salida, pues en cualquier momento podrían salir los denominados jefes del Cartel de Cali, el segundo más importante después del de Medellín, comandado por Pablo Escobar Gaviria, el narcotraficante más importante del mundo.

Las medidas del Gobierno tenían que ser maratónicas, era necesario encontrar más pruebas en contra de los declarados narcotraficantes, controvertir las certificaciones de “excelente” comportamiento expedida por el director de la Penitenciaría, Pedro Aranguren, quien fue declarado como insubsistente, o impugnar ante el Tribunal Superior de Tunja la decisión del juez. Esta última fue lo primero que hizo el Procurador General.

Con la orden nacional del Fiscal de buscar qué procesos quedaban pendientes en contra de ellos, se encontró un intento de soborno hacia un juez por parte de Miguel Rodríguez. Motivo por el que esta misma semana fue condenado por el delito de cohecho y sentenciado a cuatro años más de cárcel.

Sin embargo, en contra de su hermano Gilberto nada se interponía, ni siquiera la indignación del Presidente y del Ministro del Interior: según el juez su libertad estaba amparaba bajo las leyes y los beneficios que les otorgó el antiguo código penal, que incluía mayor reducción de penas.

Estas normas fueron diseñadas en la política de sometimiento a la justicia en el Gobierno de César Gaviria Trujillo, que buscaba convencer a Pablo Escobar Gaviria y a otros capos del narcotráfico a entregarse.

En vista de la polémica y la negativa de la libertad de Gilberto, su abogado defensor interpuso un recurso de hábeas corpus, que fue aceptado en la noche del jueves por la jueza segunda penal del circuito, Luz Ángela Moncada Suárez.

No había nada que hacer: el Gobierno, la embajada de Estados Unidos entre otros sectores tuvieron que reconocer la determinación judicial, a pesar de su desacuerdo.

Es así, como a las 10:45 de la noche de este viernes, Gilberto Rodríguez Orejuela salió en compañía de su abogado por la puerta principal, donde era esperado por una multitud de periodistas.

En medio de la confusión del momento, y aunque no dio declaraciones oficiales sólo dijo sentirse bien... y no es para menos, de ahora en adelante el que fuera uno de los narcotraficantes más buscado por las autoridades del mundo tendrá que presentarse cada 15 en el juzgado de Tunja, gracias a las bondades de las leyes nacionales que le obligaron a pagar una condena de 7 años, la misma que purgan miles de “correos humanos”, comúnmente conocidos como “mulas” del narcotráfico.
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