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La
preocupante situación de desempleo
y pobreza explica el debate acerca de la eventual
intervención del Banco de la República
para aliviar la deuda pública o inyectar
recursos a la vivienda social y a la infraestructura.
Políticas neokeynesianas, esto es, intervenciones
del Estado que devuelvan capacidad adquisitiva
o contrarresten la fase recesiva de la economía,
se han aplicado recientemente en Chile, Malasia
e incluso Japón. La diferencia es que estos
países han contado con posibilidades fiscales
para financiar, por ejemplo, sus obras públicas.
El connotado economista Paul Krugman, por ejemplo,
sugirió al Banco Central Japonés
condonar deuda al Gobierno para que este invirtiera
sus recursos en infraestructura que, a su vez,
reactivara la demanda.
La dificultad colombiana radica en el alto déficit
fiscal y en el deteriorado espacio para acudir
a más endeudamiento interno o externo.
Aquí no hay recursos, pero sí existe
capacidad instalada de sobra para construir vivienda
social e infraestructura, con el peligro de que,
por falta de uso, se está disminuyendo
con la quiebra de compañías y la
devolución al extranjero de maquinaria
leasing. Si se pudiera activar, se salvaría
esa gran ventaja que se ha construido en ingeniería,
se emplearía a los sectores más
pobres y con menor calificación laboral,
se devolvería capacidad de compra y se
dinamizaría la reactivación.
Cuatro riesgos preocupan para una posible intervención
del Banco de la República: inflación,
desviación de recursos hacia la compra
de divisas, el mal precedente y la negativa señal
a los mercados internacionales. La inflación
es el menor, por cuanto la capacidad instalada
ociosa y el potencial de respuesta de oferta de
materiales de construcción, alimentos básicos
y vestuario dan un margen amplio antes de que
la demanda toque el piso del recalentamiento y
desate altas presiones inflacionarias. Preocupa
el precedente de que el país quiera financiarlo
todo con emisión, que no se haga la reducción
severa del gasto público burocrático,
que se descuide la productividad y el avance tecnológico
y que solamente se dependa de la construcción.
La noticia causaría más preocupación
en los mercados internacionales.
Habría que buscar alternativas: que la
eliminación de gasto innecesario sea de
fondo (Congreso unicameral para dar ejemplo),
que los organismos multilaterales lo acepten y
se comprometan, lo que pudiera ser por medio de
un crédito al Banco de la República
para respaldar dicha operación, y que el
destino de los recursos lo asegure una fiducia
que pague cuentas de inversión en vivienda
e infraestructura y evite desviaciones.
En síntesis, para una intervención
social del Banco de la República es requisito
que se derrote al Estado politiquero.
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