CAPITALISMO
NACIONAL SOCIALMENTE EFICIENTE
Una Propuesta de Proyecto país totalmente
viable
Aclaración:
el candidato prefiere definir mejor, el siguiente
documento como su plan de trabajo y no de gobierno.
El nuevo paradigma
se puede resumir en tres puntos básicos.
Primero, diseñar
una estrategia interna de desarrollo que considere
una política de largo plazo para recuperar
la inversión como dinamizador de la economía
y que adecue sus instituciones y sus programas
en diversos campos a las nuevas realidades mundiales.
Segundo, establecer
y definir como gran prioridad, lo que se denominaría
Un Nuevo Contrato Social, que es todo menos más
de lo mismo, en términos de política
social tradicional.
Tercero, reducir
la ortodoxia neoliberal a sus verdaderas dimensiones,
es decir, al manejo puramente económico
quitándole todos los poderes mágicos
que se le han atribuido en las esferas sociales
y políticas.
PROGRAMA
DE GOBIERNO
1.
La Estrategia Interna
de Desarrollo: Capitalismo Nacional
Los esfuerzos internos deberían tomar en
consideración, al menos, dos prioridades.
En primer lugar, responder a las demandas nacionales,
dado que es la población del país
la que debe tomarle cuentas al Gobierno que eligió.
No es la banca internacional ni las calificadoras
de riesgo, las que deben medir el grado de eficiencia
del respectivo gobierno.
En segundo lugar, identificar frentes críticos
de acción, reconociendo la importancia
de volver realidad los posibles beneficios de
ser parte de un mundo global pero así mismo
aceptando la imperiosa necesidad de generar riqueza
y lograr una distribución equitativa de
la misma. Probablemente uno de los mayores errores
que se han cometido en la última década
es haber idealizado una sola actividad, las exportaciones
y sobre valorar la importancia de la inversión
extranjera, dejando en un nivel secundario muchos
frentes de acción. El trabajo simultaneo
en diversas áreas parece ser una explicación
del éxito de muchas economías.
En tercer lugar, generar estímulos para
reactivar el ahorro y la inversión interna.
Existen experiencias internacionales en las cuales
se ha movilizado la conciencia de un país
para reconstruirlo con recursos propios. Para
lograr este propósito se requiere crear
en el país un clima atractivo para generar
riqueza lo cual implica, como lo demuestra la
experiencia internacional, reducir al mínimo
posible los conflictos sociales. La equidad entonces
empieza a interactuar con el crecimiento económico.
Un
Nuevo Contrato Social
Entre la globalización y lo social parece
surgir una paradoja interesante. Mientras se reconoce
el crecimiento de las desigualdades en el mundo
globalizado, se identifica un reposicionamiento
de lo social gracias a las demandas de esta nueva
realidad mundial. Así, dos elementos íntimamente
relacionados con la equidad, se identifican hoy
como cruciales, la productividad como única
forma real de ganar espacio en los mercados mundiales
y la reducción de conflictos sociales que
le permita al estado aplicar las políticas
macro económicas pertinentes. ( Ocampo,
José Antonio, 2000)
En el campo económico se reconoce que las
ventajas competitivas basadas en bajos salarios
son frágiles e inestables. (Ocampo, José
Antonio, 2000) De alguna manera podría
afirmarse que en el largo plazo, la pobreza dejaría
de ser funcional para el desarrollo en un mundo
globalizado. Se requiere un capital humano preparado
para competir. Adicionalmente, la cohesión
social, propia de sociedades integradas e incluyentes,
se reconoce cada vez más como una fuente
de competitividad, porque al disminuir el riesgo,
se dinamiza la inversión.
A su vez, en el campo político, difícilmente
se puede hablar de sociedades democráticas
cuando el 50% de la población está
por debajo de la línea de pobreza. La apertura
de los mercados que demanda en estas sociedades
mano de obra calificada y la remunera bien y la
presencia permanente de shocks externos, acelera
los conflictos domésticos y las explosiones
políticas. ( Rodrik, Dani, 1999) El nuevo
estilo de desarrollo agrava entonces las desigualdades
económicas e incrementa las tensiones sociales.
Probablemente este reconocimiento ha llevado a
posicionar como elemento fundamental, la existencia
de instituciones que puedan mediar exitosamente
los conflictos entre los diversos grupos sociales.
Se reconoce que si esto no se logra se convierte
en freno para aplicar las políticas adecuadas.
La equidad adquiere entonces, dentro de la globalización,
connotaciones de carácter político.
Están dadas las condiciones para poner
en un mismo plano lo social, lo económico
y lo político. Partiendo de esta base,
el principio fundamental de este Nuevo contrato
Social es muy simple y fue propuesto por Nancy
Birdsall: en vez de pocos
cocineros preparando una gran torta para después
repartirla, ahora se requieren millones de cocineros
preparando una gran torta para asegurar su equitativa
distribución. Esto es lo que se denomina
desarrollo desde abajo. (Birsdall, 1997).
Tres son los elementos básicos para lograr
este objetivo, la creación de empleo productivo,
la nivelación de oportunidades y el incremento
de la productividad de la gente en los sectores
de bajos ingresos. No se le deja al gasto social
lo que ya demostró que no puede hacer,
crear democracia económica, que es exactamente
lo que el Nuevo Contrato propone. Es decir, que
todo ciudadano, por el hecho de serlo, tenga derecho
a recibir los ingresos suficientes para que el
o ella y su familia tengan una vida digna. (López,
Cecilia, 1998). Para lograr este objetivo se requiere
que el Estado retome la responsabilidad del empleo
que se la había delegado al sector privado,
con los resultados que todos conocen.
Así mismo
la sociedad debe propender porque la democratización
de las oportunidades sea un principio básico
de su organización.
Obviamente no se trata de volver al Estado el
empleador del pasado. Lo que se busca es que el
Estado estimule o desestimule al sector privado
para que invierta en unos sectores y en otros
no, utilizando incentivos fiscales, proyectos
de infraestructura, facilitando el crédito
y ofreciendo estímulos para nuevas tecnologías.
Capacidad de generar empleo productivo y estable,
debe ser el criterio para seleccionar los sectores
hacia los cuales debe dirigirse la inversión
privada, nacional e internacional, cuando sea
posible. Este proceso tiene que estar acompañado
de una verdadera revolución en la formación
de capital humano que permita acortar la distancia,
en el menor tiempo posible, entre las demandas
de personal altamente calificado y la formación
de cuadros especializados. Es esta también
la manera de generar mayor igualdad en las oportunidades.
Política
Macro Económica
Una de las grandes ganancias de los noventa, cuando
se aplicó con disciplina el llamado Consenso
de Washington en América Latina, es la
credibilidad ganada por las autoridades macro
económicas de la Región. Se les
reconoce el haber logrado lo que hoy se reconoce
como "estabilidad", bajos niveles de
inflación y reducción significativa
de los déficit fiscales. (CEPAL, 2000)
Nadie se atreve a dudar la importancia de mantener
este logro y en todos lo análisis figura
como uno de los pilares del buen manejo económico.
Sin embargo, crece significativamente el consenso
sobre la insuficiencia de esta sola meta para
responder a todos los males de los países
latinoamericanos. Se identifica una gran presión
para que se incluyan como prioridad, los objetivos
reales de esta política, a saber el ritmo
de crecimiento, su estabilidad y el pleno empleo
(CEPAL, 2000).
Sobre la dinámica
de las economías, sin duda existe acuerdo
sobre la necesidad de identificar nuevas estrategias
para alcanzar los niveles que el sólo manejo
del concepto de "estabilidad" no alcanzó.
Existe acuerdo sobre la necesidad impostergable
de dinamizar el desarrollo. La diferencia radica
en que para algunos, con esto basta para resolverlo
todo y para otros, se requiere objetivos, estrategias
y políticas adicionales.
Cuando por estabilidad se entienda el comportamiento
de las variables reales, la política económica
que prevalece actualmente puede generar una mayor
inestabilidad. Y de ahí surgen dos grandes
críticas, el manejo pro cíclico
de la política macro económica y
la concentración de acciones en los períodos
de crisis, dejando pasar la oportunidad de actuar
en épocas de bonanza.
Puede afirmarse entonces que existe un cierto
grado de acuerdo, aún dentro de los más
ortodoxos, de que fue un gran error no considerar
los objetivos reales de la política económica,
ritmo de crecimiento, su estabilidad y el empleo.
(Ferrer, Aldo, 1996). Así mismo, ha sido
grave y no debe repetirse, el mantener metas inflexibles
de déficit fiscal a lo largo del ciclo
económico. Se reconoce que con esta estrategia
se acentuaron los riesgos financieros y se propiciaron
crisis en este sector. A su vez, los fuertes ajustes
en las tasas de interés como medida de
estabilización han sido recesivos e ineficaces.
Colombia y Chile entre otros han vivido estos
procesos. (CEPAL, 2000)
La observación más pertinente sobre
este manejo de la economía, donde las metas
de corto plazo prevalecen sobre las de largo plazo,
se refiere a los costos sociales que genera. Políticas
restrictivas del gasto público en épocas
de recesión, significan pérdidas
de empleo, mayor pobreza e incremento en las desigualdades
sociales. En general, pueden darse costos irreparables
en términos de capital humano que jamás
se podrán recuperar como sucede con aquellas
generaciones de niños que salieron de la
escuela y cuando aumento nuevamente el gasto no
se les puede volver a insertar en el sistema educativo
Un
Nuevo Paradigma: El Capitalismo Nacional Socialmente
Eficiente
De manera muy sencilla pueden definirse las líneas
generales de unas nuevas rutas para las próximas
etapas del desarrollo de América Latina,
que no ignoren ni subestimen la experiencia vivida
sino que retomen lo positivo del llamado "nuevo
estilo de desarrollo" y del modelo anterior,
pero que agregue elementos de política que
se dirijan a los problemas estructurales de la Región.
Su característica particular es el reconocimiento
de que existe libertad en cada país para
decidir su destino.
Retomando los elementos esbozados en el acápite
anterior su denominación podía ser
un capitalismo nacional, socialmente eficiente.
Sus premisas fundamentales serían:
1. Se reconoce que sin crecimiento económico
no es posible avanzar porque no se trata de repartir
pobreza.
2. Se abre la posibilidad de desarrollar la autonomía
nacional para encontrar el modelo que, dentro de
los parámetros existentes, se acomode a las
exigencias propias de cada país.
3. Las medidas de éxito no son ya los agregados
monetarios sino el Nuevo Contrato Social, más
cocineros y cocineras, con mayores oportunidades,
produciendo una gran torta para repartirla mejor,
es decir, democracia económica.
Debe ser definitivamente eficiente, para sacarla
del populismo macro económico que ya vivió
la Región. Se trata además de conservar
lo ganado en términos de la valoración
de un manejo económico serio que parta además
de aceptar que existen límites fiscales que
garanticen la estabilidad, o sea, dentro de lo que
hoy se conoce como el nuevo Pacto Fiscal