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FRANCISCO TOVAR GARCES
DEFENSA CIUDADANA
-
CAPITALISMO NACIONAL SOCIALMENTE EFICIENTE
Una Propuesta de Proyecto país totalmente viable

Aclaración:
el candidato prefiere definir mejor, el siguiente documento como su plan de trabajo y no de gobierno.

El nuevo paradigma se puede resumir en tres puntos básicos.
Primero, diseñar una estrategia interna de desarrollo que considere una política de largo plazo para recuperar la inversión como dinamizador de la economía y que adecue sus instituciones y sus programas en diversos campos a las nuevas realidades mundiales.

Segundo, establecer y definir como gran prioridad, lo que se denominaría Un Nuevo Contrato Social, que es todo menos más de lo mismo, en términos de política social tradicional.

Tercero, reducir la ortodoxia neoliberal a sus verdaderas dimensiones, es decir, al manejo puramente económico quitándole todos los poderes mágicos que se le han atribuido en las esferas sociales y políticas.

PROGRAMA DE GOBIERNO
1.


La Estrategia Interna de Desarrollo: Capitalismo Nacional

Los esfuerzos internos deberían tomar en consideración, al menos, dos prioridades. En primer lugar, responder a las demandas nacionales, dado que es la población del país la que debe tomarle cuentas al Gobierno que eligió. No es la banca internacional ni las calificadoras de riesgo, las que deben medir el grado de eficiencia del respectivo gobierno.

En segundo lugar, identificar frentes críticos de acción, reconociendo la importancia de volver realidad los posibles beneficios de ser parte de un mundo global pero así mismo aceptando la imperiosa necesidad de generar riqueza y lograr una distribución equitativa de la misma. Probablemente uno de los mayores errores que se han cometido en la última década es haber idealizado una sola actividad, las exportaciones y sobre valorar la importancia de la inversión extranjera, dejando en un nivel secundario muchos frentes de acción. El trabajo simultaneo en diversas áreas parece ser una explicación del éxito de muchas economías.

En tercer lugar, generar estímulos para reactivar el ahorro y la inversión interna. Existen experiencias internacionales en las cuales se ha movilizado la conciencia de un país para reconstruirlo con recursos propios. Para lograr este propósito se requiere crear en el país un clima atractivo para generar riqueza lo cual implica, como lo demuestra la experiencia internacional, reducir al mínimo posible los conflictos sociales. La equidad entonces empieza a interactuar con el crecimiento económico.

 

Un Nuevo Contrato Social

Entre la globalización y lo social parece surgir una paradoja interesante. Mientras se reconoce el crecimiento de las desigualdades en el mundo globalizado, se identifica un reposicionamiento de lo social gracias a las demandas de esta nueva realidad mundial. Así, dos elementos íntimamente relacionados con la equidad, se identifican hoy como cruciales, la productividad como única forma real de ganar espacio en los mercados mundiales y la reducción de conflictos sociales que le permita al estado aplicar las políticas macro económicas pertinentes. ( Ocampo, José Antonio, 2000)

En el campo económico se reconoce que las ventajas competitivas basadas en bajos salarios son frágiles e inestables. (Ocampo, José Antonio, 2000) De alguna manera podría afirmarse que en el largo plazo, la pobreza dejaría de ser funcional para el desarrollo en un mundo globalizado. Se requiere un capital humano preparado para competir. Adicionalmente, la cohesión social, propia de sociedades integradas e incluyentes, se reconoce cada vez más como una fuente de competitividad, porque al disminuir el riesgo, se dinamiza la inversión.

A su vez, en el campo político, difícilmente se puede hablar de sociedades democráticas cuando el 50% de la población está por debajo de la línea de pobreza. La apertura de los mercados que demanda en estas sociedades mano de obra calificada y la remunera bien y la presencia permanente de shocks externos, acelera los conflictos domésticos y las explosiones políticas. ( Rodrik, Dani, 1999) El nuevo estilo de desarrollo agrava entonces las desigualdades económicas e incrementa las tensiones sociales. Probablemente este reconocimiento ha llevado a posicionar como elemento fundamental, la existencia de instituciones que puedan mediar exitosamente los conflictos entre los diversos grupos sociales. Se reconoce que si esto no se logra se convierte en freno para aplicar las políticas adecuadas. La equidad adquiere entonces, dentro de la globalización, connotaciones de carácter político.

Están dadas las condiciones para poner en un mismo plano lo social, lo económico y lo político. Partiendo de esta base, el principio fundamental de este Nuevo contrato Social es muy simple y fue propuesto por Nancy Birdsall: en vez de pocos cocineros preparando una gran torta para después repartirla, ahora se requieren millones de cocineros preparando una gran torta para asegurar su equitativa distribución. Esto es lo que se denomina desarrollo desde abajo. (Birsdall, 1997).

Tres son los elementos básicos para lograr este objetivo, la creación de empleo productivo, la nivelación de oportunidades y el incremento de la productividad de la gente en los sectores de bajos ingresos. No se le deja al gasto social lo que ya demostró que no puede hacer, crear democracia económica, que es exactamente lo que el Nuevo Contrato propone. Es decir, que todo ciudadano, por el hecho de serlo, tenga derecho a recibir los ingresos suficientes para que el o ella y su familia tengan una vida digna. (López, Cecilia, 1998). Para lograr este objetivo se requiere que el Estado retome la responsabilidad del empleo que se la había delegado al sector privado, con los resultados que todos conocen.

Así mismo la sociedad debe propender porque la democratización de las oportunidades sea un principio básico de su organización.

Obviamente no se trata de volver al Estado el empleador del pasado. Lo que se busca es que el Estado estimule o desestimule al sector privado para que invierta en unos sectores y en otros no, utilizando incentivos fiscales, proyectos de infraestructura, facilitando el crédito y ofreciendo estímulos para nuevas tecnologías. Capacidad de generar empleo productivo y estable, debe ser el criterio para seleccionar los sectores hacia los cuales debe dirigirse la inversión privada, nacional e internacional, cuando sea posible. Este proceso tiene que estar acompañado de una verdadera revolución en la formación de capital humano que permita acortar la distancia, en el menor tiempo posible, entre las demandas de personal altamente calificado y la formación de cuadros especializados. Es esta también la manera de generar mayor igualdad en las oportunidades.

 

Política Macro Económica

Una de las grandes ganancias de los noventa, cuando se aplicó con disciplina el llamado Consenso de Washington en América Latina, es la credibilidad ganada por las autoridades macro económicas de la Región. Se les reconoce el haber logrado lo que hoy se reconoce como "estabilidad", bajos niveles de inflación y reducción significativa de los déficit fiscales. (CEPAL, 2000)

Nadie se atreve a dudar la importancia de mantener este logro y en todos lo análisis figura como uno de los pilares del buen manejo económico. Sin embargo, crece significativamente el consenso sobre la insuficiencia de esta sola meta para responder a todos los males de los países latinoamericanos. Se identifica una gran presión para que se incluyan como prioridad, los objetivos reales de esta política, a saber el ritmo de crecimiento, su estabilidad y el pleno empleo (CEPAL, 2000).

Sobre la dinámica de las economías, sin duda existe acuerdo sobre la necesidad de identificar nuevas estrategias para alcanzar los niveles que el sólo manejo del concepto de "estabilidad" no alcanzó. Existe acuerdo sobre la necesidad impostergable de dinamizar el desarrollo. La diferencia radica en que para algunos, con esto basta para resolverlo todo y para otros, se requiere objetivos, estrategias y políticas adicionales.

Cuando por estabilidad se entienda el comportamiento de las variables reales, la política económica que prevalece actualmente puede generar una mayor inestabilidad. Y de ahí surgen dos grandes críticas, el manejo pro cíclico de la política macro económica y la concentración de acciones en los períodos de crisis, dejando pasar la oportunidad de actuar en épocas de bonanza.

Puede afirmarse entonces que existe un cierto grado de acuerdo, aún dentro de los más ortodoxos, de que fue un gran error no considerar los objetivos reales de la política económica, ritmo de crecimiento, su estabilidad y el empleo. (Ferrer, Aldo, 1996). Así mismo, ha sido grave y no debe repetirse, el mantener metas inflexibles de déficit fiscal a lo largo del ciclo económico. Se reconoce que con esta estrategia se acentuaron los riesgos financieros y se propiciaron crisis en este sector. A su vez, los fuertes ajustes en las tasas de interés como medida de estabilización han sido recesivos e ineficaces. Colombia y Chile entre otros han vivido estos procesos. (CEPAL, 2000)

La observación más pertinente sobre este manejo de la economía, donde las metas de corto plazo prevalecen sobre las de largo plazo, se refiere a los costos sociales que genera. Políticas restrictivas del gasto público en épocas de recesión, significan pérdidas de empleo, mayor pobreza e incremento en las desigualdades sociales. En general, pueden darse costos irreparables en términos de capital humano que jamás se podrán recuperar como sucede con aquellas generaciones de niños que salieron de la escuela y cuando aumento nuevamente el gasto no se les puede volver a insertar en el sistema educativo

  Un Nuevo Paradigma: El Capitalismo Nacional Socialmente Eficiente

De manera muy sencilla pueden definirse las líneas generales de unas nuevas rutas para las próximas etapas del desarrollo de América Latina, que no ignoren ni subestimen la experiencia vivida sino que retomen lo positivo del llamado "nuevo estilo de desarrollo" y del modelo anterior, pero que agregue elementos de política que se dirijan a los problemas estructurales de la Región. Su característica particular es el reconocimiento de que existe libertad en cada país para decidir su destino.

Retomando los elementos esbozados en el acápite anterior su denominación podía ser un capitalismo nacional, socialmente eficiente. Sus premisas fundamentales serían:

1. Se reconoce que sin crecimiento económico no es posible avanzar porque no se trata de repartir pobreza.

2. Se abre la posibilidad de desarrollar la autonomía nacional para encontrar el modelo que, dentro de los parámetros existentes, se acomode a las exigencias propias de cada país.

3. Las medidas de éxito no son ya los agregados monetarios sino el Nuevo Contrato Social, más cocineros y cocineras, con mayores oportunidades, produciendo una gran torta para repartirla mejor, es decir, democracia económica.

Debe ser definitivamente eficiente, para sacarla del populismo macro económico que ya vivió la Región. Se trata además de conservar lo ganado en términos de la valoración de un manejo económico serio que parta además de aceptar que existen límites fiscales que garanticen la estabilidad, o sea, dentro de lo que hoy se conoce como el nuevo Pacto Fiscal
 
Francisco Tovar
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