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ÁLVARO URIBE VÉLEZ
PRIMERO COLOMBIA
 

Acudo esta tarde a reiterar ante ustedes mi decisión de participar en la competencia democrática que habrá de elegir al próximo mandatario -a- de Colombia. Hacerlo, obliga desarrugar el alma para comprometerla con un superior afecto por la Nación entera.

Exige dedicar todas las energías para que Colombia sea más grande, más libre y más justa. Demanda construir un sueño, el sueño de un pueblo con oportunidades y laborar para que vaya llegando en la práctica.

PROGRAMA DE GOBIERNO
En el extranjero admiran a nuestros trabajadores pero en Colombia no tienen oportunidad de trabajar como lo indican el desempleo y el subempleo. Nuestros empresarios son excelentes, pero la violencia no permite invertir en nuestro suelo y tienen que buscar diferentes latitudes.

Nuestros estudiantes brillan en las universidades de otros países, pero en nuestro medio falta mucho por hacer para ofrecer una educación de calidad y universal en la cobertura.

Nuestros científicos, artistas y deportistas, están limitados por escasez crítica de presupuesto.

Nuestra riqueza en recursos naturales la destruye la droga que derrumba la selva y no la traducimos en innovaciones alimentarias y medicinales.
Erradicar la miseria tiene que ser un propósito de resultados y no de discurso. A ello ayudará que la seguridad social sea eficaz en la protección prioritaria de grupos pobres. Nuevos niños, en número de 500.000, deben ser vinculados a un programa de almuerzo y refrigerio, a través de cupones y de instituciones religiosas, cooperativas o de los colegios. Los rescataremos de la desnutrición y se estimulará la oferta de alimentos que es posibilidad de empleo.

La erradicación de la miseria requiere un ritmo de inversión social sostenido y ambicioso, lo cual solo es posible con crecimiento económico y buena distribución del ingreso.

El principal problema que tropieza el crecimiento es la falta de confianza. La tasa de inversión ha descendido de picos del 26% al 6%. Para que nacionales y extranjeros superen el temor de invertir se requiere de Gobiernos comprometidos con el orden público, la estabilidad macroeconómica y reglas de juego claras, serias y estables. Cada secuestro equivale a pérdida de posibilidades de inversión.

La tasa de cambio tiene que ser predecible en el largo plazo y no puede permitir regresar al dólar barato que tantos empleos destruyó. La tasa de interés tiene que mantener una trayectoria de descenso para que en algún momento se parezca a la de los países industrializados.

Un estímulo tributario no se puede establecer por capricho sino por la real contribución del sector estimulado al empleo y al crecimiento, y tampoco se puede eliminar por simple desacuerdo político sin compensar perjuicios al afectado.
Colombia presenta una economía con abrumadora desigualdad en la distribución pero con preocupante tendencia de empobrecimiento general. En la miseria viven 10 millones de ciudadanos, en la pobreza 28 millones y los empleadores han perdido buena parte de sus patrimonios. Impera configurar condiciones para que la economía crezca a más velocidad y para que la distribución sea más justa como lo determina una sociedad fraterna y democrática. Para mejorar la equidad proponemos 7 acciones:

1. La revolución educativa,
2. E
l avance de la seguridad social,
3. El impulso al cooperativismo,
4. El manejo social del campo,
5. El manejo social de los servicios públicos,
6. El apoyo a nuevos actores de la economía como los pequeños y medianos empresarios y
7. La calidad de vida urbana.
Imposible tener una sociedad justa con 3 millones de niños en edad escolar sin estudiar y con una tasa de 16% de cobertura universitaria cuando en Chile asciende al 36 y en América Latina hay muchos países con el 30%. Nos proponemos crear 1.5 millones de cupos escolares en el próximo cuatrenio con la educación pública fortalecida y el complemento de educación comunitaria, a través de organizaciones religiosas, cooperativas, de los maestros como su propio sindicato, a las cuales el Estado pagaría por estudiante pobre. Necesitamos mecanismos atípicos como el Sistema de Aprendizaje Tutorial, que en Antioquia apliqué para los campesinos, y que deberíamos utilizar también en las ciudades para adultos jóvenes.

Con las universidades públicas haremos un plan de desempeño para que todo peso del presupuesto se traduzca en cobertura y calidad. Deben vender servicios de consultoría a las comunidades. Tendrán que dar ejemplo de solidaridad y no deberán invocar en adelante su autonomía para negar la contribución a la salud de los pobres.

Con un crédito de largo plazo y baja tasa de interés aumentaremos los préstamos del ICETEX de $91.000 millones a 500.000 millones. La universidad a distancia a través de internet es una gran posibilidad. En Antioquia dejamos conectados 100 municipios y la Diócesis de Santa Rosa empezó una magnífica universidad a distancia para campesinos.

El internet es buena herramienta para mejorar la calidad educativa, a lo cual sumaremos la evaluación de profesores, no con criterio sancionatorio sino remedial.

La evaluación periódica de estudiantes universitarios como en el Brasil es otro paso de mejoramiento de calidad. Y también lo es la capacitación de profesores de primaria y secundaria en matemáticas, ciencias básicas, español, inglés e historia, que será financiada con parte de los recursos de ICETEX.
A fin de mejorar el empleo profesional integraremos gradualmente las incubadoras de empresas con las universidades, y estas deberán dar información periódica con la suerte laboral o empresarial de sus egresados. Que las universidades no se conformen con la entrega del diploma, que asuman responsabilidades con la vida profesional del graduado.

Creceremos la capacitación técnica con programas como él de Jóvenes en Acción. Procuraremos que el Sena dedique crecientes sumas a financiarlo. A propósito del Sena, tendrá que abandonar la politiquería, ahorrar en administración, tener menos edificios, capacitar más personas, integrarse más con el sector privado y con las fundaciones que trabajan en formación vocacional.

El futuro de la investigación biogenética, combinada con la farmacéutica, para prevenir enfermedades, prolongar la vida, aplazar el envejecimiento, es mucho más promisorio que la informática. Por eso tenemos que incrementar el presupuesto de ciencia y tecnología a fin de convertir en medicamentos, alimentos, y en más vida, los recursos de biodiversidad. La investigación es la clave del futuro e integraremos a la comunidad científica, la universidad, el sector privado y el Estado, a semejanza de los primeros pilares de centros de desarrollo tecnológico, colocados en la Gobernación de mi terruño.
La cultura y el deporte son los puentes necesarios para hacer el tránsito a una Nación con profundos lazos de solidaridad. Con el aliento de haber completado 125 bandas de música en Antioquia, 20.000 niños en las escuelas anexas, en coro con la frase "un niño que abraza un instrumento musical jamás empuñará un fúsil", nos comprometemos a que la estreches financiera del Estado no adormezca nuestro entusiasmo para laborar con los trabajadores de la cultura. La masificación del deporte comunitario y el impulso al de alto rendimiento, de acuerdo con las aptitudes regionales, serán metas jalonadoras de nuestra tarea.

La educación en valores es esencial. Incluirá la difusión de la pedagogía de la tolerancia para negociar pacíficamente los conflictos cotidianos, y la construcción del compromiso ético de no hacer daño al prójimo con la acción individual.
Tenemos 14.5 millones de personas en el Régimen Contributivo de Salud, 9.5 millones en el Subsidiado, pero faltan 7.5 millones de pobres por ingresar a esta forma de aseguramiento.

No permitiremos que continúe la politiquería en la asignación de carnets del SISBEN.

Las universidades ayudarán a la Superintendencia de Salud a garantizar la transparencia en la distribución y exigiremos la atención prioritaria de 3 grupos poblacionales, pobres y vulnerables: madres cabeza de familia, discapacitados y ancianos.

Ayudé a crear las empresas solidarias de salud y muchos políticos las distorsionaron con una indebida apropiación. Propondremos que el Régimen Subsidiado lo administren de manera exclusiva empresas con cobertura grande, eficientes, SIN ÁNIMO DE LUCRO, que ojalá correspondan a sociedades de cajas de compensación familiar y hospitales públicos.

Habrá aseguramiento y no intermediarios. Protegeremos a los hospitales públicos pero deberán ser tan bien manejados como las buenas clínicas privadas. Es inaceptable que mientras lo privado se administra con eficiencia, lo público se haga fiesta. Los hospitales del Estado son las clínicas privadas más importantes porque pertenecen a toda la comunidad.

Vigilaré celosamente que las diferentes entidades de la salud no abusen de los profesionales médicos, odontológicos o afines. No nos temblará la mano para expedir los decretos que fijen tarifas equitativas y permitan que los tiempos y modalidades de atención a los pacientes se ajusten al apostolado médico.

El éxito de la salud en muy buena parte depende del éxito de las políticas de empleo. El desempleado no puede pagar la cotización, también se pierde su punto de contribución al sistema solidario que además es incapaz de acogerlo.

En 8 años de Ley 100 de salud, llevamos 7 ministros en dicha cartera. Con semejante inestabilidad es imposible cosechar éxitos.
Quienes sean ministros o ministras de nuestro Gobierno deberán tener vocación para trabajar los 4 años, su continuidad dependerá de sus resultados y de su honradez y no estarán condicionados a negociaciones políticas. Apliqué estos criterios en la Gobernación de Antioquia.
La economía solidaria, el cooperativismo, construye fraternidad, tiene todas las posibilidades para servir los intereses generales de la comunidad sin ánimo individual de lucro, sin burocratismo y sin politiquería. He trabajado como concejal, congresista y gobernador, con devoción, por el desarrollo de la economía solidaria. Lo haremos desde el Gobierno Nacional, pero tenemos que rescatar la confianza herida por la falta de vigilancia y las defraudaciones de algunas entidades. Necesitamos cooperativas para vivienda, obras públicas, educación, nuevas empresas, comercialización interna de insumos y productos de microempresas y sus exportaciones.

El campo, en lugar de pretender regresar al IDEMA o a los antiguos almacenes de la CAJA AGRARIA, necesita un gran desarrollo cooperativo. Particular énfasis haremos en el Fondo de Garantías para apoyar el crédito cooperativo.
Nuestra Patria podrá tener 50 millones de habitantes en el año 2010, y un 20% dependerá muy directamente del campo. El desarrollo agropecuario es esencial para la seguridad alimentaria y el empleo. Los países industrializados protegen sus mercados para sus productos agropecuarios, nosotros no podemos aceptar que importaciones desbocadas destruyan la producción y el empleo. Hay importaciones aceptables y otras destructoras. Cuando los molineros e industriales han cumplido con las obligaciones y precios para la compra de la cosecha nacional de arroz, definir con los productores una cuota de importación, no golpea al agro y ayuda a los consumidores. Pero permitir una importación masiva de maíz antes de asegurar la compra de la producción nacional al precio convenido, destruye la cadena productiva y afecta la recuperación de este producto. No podemos facilitar la importación de leche cuando el precio internacional está bajo y la producción nacional es suficiente, porque arruinamos a los campesinos.

Estimularemos los bancos de maquinaria agrícola de propiedad de empresas campesinas. Focalizaremos subsidios al café, que construyó clase media y estructura democrática de propiedad. Necesitamos un ejército de medianos y pequeños exportadores, que vendan el producto con agregado industrial a nuevos segmentos de mercado. También habrá subsidios al algodón que dependerán de su cotización internacional y que buscarán generar empleo. Nuestro presupuesto no permite subsidiar la totalidad de productos del campo, pero todos serán apoyados con el manejo correcto de la tasa de cambio, la tendencia del crédito, el estímulo a procesos transformadores y la equidad en el comercio internacional.

No soy amigo de la propiedad feudal de la tierra ni de la lucha violenta de clases. Creo en la relación solidaria y cristiana entre campesinos y empresarios; ambos son indispensables. Cuando se necesite adquirir un predio, que sea bueno para no engañar a los campesinos, que se pague a precios razonables para no producir estampida empresarial. Que en lugar de repartirlo en parcelas improductivas, se organicen empresas comunitarias que trabajen en alianza estratégica con empresarios eficientes. Que todas las empresas ganaderas suministren tierra agrícola a los trabajadores o definan formas sociales de participación.
En la Guajira, Tolima, Santander, Boyacá, Nariño, Cesar, me han pedido distritos de riego. Desde ya exploramos acuerdos con países como China para construirlos con adecuada tecnología, y financiarlos en mejores condiciones de plazo y tasa de interés.

Sin embargo, de nada servirán esos distritos sino rescatamos fábricas de agua en la Sierra Nevada, en la cadena de los nevados en la Cordillera Central y en tantos lugares. Por eso tenemos que encontrar cómo aplicar los recursos ambientales sin burocratismo, destinarlos con prioridad a la arborización protectora y al saneamiento básico, por intermedio de órganos especializados y austeros, lo cual exige revisar de fondo las corporaciones regionales.
Las cifras acreditan que las familias consumen creciente porción del ingreso en el pago de las facturas de servicios públicos. Estas han crecido y la gente se ha empobrecido. La solución por un lado, debe recuperar ingresos y por otro actuar sobre los servicios públicos. En este, como en todos los temas, queremos proponer soluciones sociales realistas.

Cuidar la credibilidad con la presentación de propuestas viables es un imperativo para nosotros y para el buen suceso de la democracia, que no resiste más golpes por ilusiones de campañas que contrastan con las frustraciones de gobiernos.

Los servicios públicos requieren capital público y privado, sin politiquería en las entidades estatales ni abusos en las particulares. Crearemos el programa de quejas y reclamos, sin nuevas burocracias, con participación de universidades. Mantendremos los subsidios. A fin de democratizar la propiedad propondremos mecanismos para que los usuarios sean socios; ya lanzamos una idea en Buenaventura que tendría como capital semilla los aportes de la Nación para recuperar y ampliar el sistema. No permitiremos que la tarifa de subsistencia, la que pagan los pobres de menores consumos, se eleve por encima de la inflación.
Colombia es el país del continente con mayor vocación empresarial. El informal tiene tanta alma de empresario como el dueño de la más sofisticada industria tecnológica. Contamos con una magnífica red de entidades sin ánimo de lucro para apoyar la pequeña empresa a través de capacitación y crédito, como el Banco de la Mujer, la Fundación Carvajal, Mac, Microempresas, Actuar, Fundesan, Corporación Social, Hogares Don Bosco, Santodomingo, Contactar, para mencionar unas pocas. Con el Banco Interamericano y la Corporación Empresarial del Banco Mundial buscaremos un crédito de largo plazo y baja tasa de interés que se canalizará por dicha red para dotar de recursos a los pequeños empresarios, sin que la hipoteca sea esencial, con garantías a su alcance.

Los sectores populares son buenos pagadores como lo demostró la Caja Agraria que no la quebraron los campesinos sino los ladrones de cuello blanco. La fibra creativa de nuestros pequeños empresarios necesita oportunidades y nuestra determinación es encontrarlas. De ese modo crecerán, su contribución al empleo será inmensa y se constituirán en nuevos actores económicos que frenarán la concentración de la propiedad y el ingreso.

Queremos que los sindicatos de trabajadores giren tras el camino de ser sujetos de propiedad. Me he comprometido con muchos de ellos a impulsar los contratos sindicales y sus proyectos empresariales para hacer la transición de un sindicalismo reivindicatorio a otro de participación.

Soñamos con una sociedad de predominio de clase media y un País de propietarios.
 
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