Acudo
esta tarde a reiterar ante ustedes mi decisión
de participar en la competencia democrática
que habrá de elegir al próximo mandatario
-a- de Colombia. Hacerlo, obliga desarrugar el
alma para comprometerla con un superior afecto
por la Nación entera.
Exige
dedicar todas las energías para que Colombia
sea más grande, más libre y más
justa. Demanda construir un sueño, el sueño
de un pueblo con oportunidades y laborar para
que vaya llegando en la práctica.
PROGRAMA
DE GOBIERNO
En
el extranjero admiran a nuestros trabajadores pero
en Colombia no tienen oportunidad de trabajar como
lo indican el desempleo y el subempleo. Nuestros
empresarios son excelentes, pero la violencia no
permite invertir en nuestro suelo y tienen que buscar
diferentes latitudes.
Nuestros estudiantes brillan en las universidades
de otros países, pero en nuestro medio falta
mucho por hacer para ofrecer una educación
de calidad y universal en la cobertura.
Nuestros científicos, artistas y deportistas,
están limitados por escasez crítica
de presupuesto.
Nuestra riqueza en recursos naturales la destruye
la droga que derrumba la selva y no la traducimos
en innovaciones alimentarias y medicinales.
Erradicar
la miseria tiene que ser un propósito de
resultados y no de discurso. A ello ayudará
que la seguridad social sea eficaz en la protección
prioritaria de grupos pobres. Nuevos niños,
en número de 500.000, deben ser vinculados
a un programa de almuerzo y refrigerio, a través
de cupones y de instituciones religiosas, cooperativas
o de los colegios. Los rescataremos de la desnutrición
y se estimulará la oferta de alimentos que
es posibilidad de empleo.
La erradicación de la miseria requiere un
ritmo de inversión social sostenido y ambicioso,
lo cual solo es posible con crecimiento económico
y buena distribución del ingreso.
El principal problema que tropieza el crecimiento
es la falta de confianza. La tasa de inversión
ha descendido de picos del 26% al 6%. Para que nacionales
y extranjeros superen el temor de invertir se requiere
de Gobiernos comprometidos con el orden público,
la estabilidad macroeconómica y reglas de
juego claras, serias y estables. Cada secuestro
equivale a pérdida de posibilidades de inversión.
La tasa de cambio tiene que ser predecible en el
largo plazo y no puede permitir regresar al dólar
barato que tantos empleos destruyó. La tasa
de interés tiene que mantener una trayectoria
de descenso para que en algún momento se
parezca a la de los países industrializados.
Un estímulo tributario no se puede establecer
por capricho sino por la real contribución
del sector estimulado al empleo y al crecimiento,
y tampoco se puede eliminar por simple desacuerdo
político sin compensar perjuicios al afectado.
Colombia
presenta una economía con abrumadora desigualdad
en la distribución pero con preocupante tendencia
de empobrecimiento general. En la miseria viven
10 millones de ciudadanos, en la pobreza 28 millones
y los empleadores han perdido buena parte de sus
patrimonios. Impera configurar condiciones para
que la economía crezca a más velocidad
y para que la distribución sea más
justa como lo determina una sociedad fraterna y
democrática. Para mejorar la equidad proponemos
7 acciones:
1. La revolución educativa,
2. El
avance de la seguridad social,
3. El impulso al cooperativismo,
4. El manejo social del campo,
5. El manejo social de los servicios públicos,
6. El apoyo a nuevos actores de la economía
como los pequeños y medianos empresarios
y
7. La calidad de vida urbana.
Imposible
tener una sociedad justa con 3 millones de niños
en edad escolar sin estudiar y con una tasa de 16%
de cobertura universitaria cuando en Chile asciende
al 36 y en América Latina hay muchos países
con el 30%. Nos proponemos crear 1.5 millones de
cupos escolares en el próximo cuatrenio con
la educación pública fortalecida y
el complemento de educación comunitaria,
a través de organizaciones religiosas, cooperativas,
de los maestros como su propio sindicato, a las
cuales el Estado pagaría por estudiante pobre.
Necesitamos mecanismos atípicos como el Sistema
de Aprendizaje Tutorial, que en Antioquia apliqué
para los campesinos, y que deberíamos utilizar
también en las ciudades para adultos jóvenes.
Con las universidades públicas haremos un
plan de desempeño para que todo peso del
presupuesto se traduzca en cobertura y calidad.
Deben vender servicios de consultoría a las
comunidades. Tendrán que dar ejemplo de solidaridad
y no deberán invocar en adelante su autonomía
para negar la contribución a la salud de
los pobres.
Con
un crédito de largo plazo y baja tasa de
interés aumentaremos los préstamos
del ICETEX de $91.000 millones a 500.000 millones.
La universidad a distancia a través de internet
es una gran posibilidad. En Antioquia dejamos conectados
100 municipios y la Diócesis de Santa Rosa
empezó una magnífica universidad a
distancia para campesinos.
El internet es buena herramienta para mejorar la
calidad educativa, a lo cual sumaremos la evaluación
de profesores, no con criterio sancionatorio sino
remedial.
La evaluación periódica de estudiantes
universitarios como en el Brasil es otro paso de
mejoramiento de calidad. Y también lo es
la capacitación de profesores de primaria
y secundaria en matemáticas, ciencias básicas,
español, inglés e historia, que será
financiada con parte de los recursos de ICETEX.
A
fin de mejorar el empleo profesional integraremos
gradualmente las incubadoras de empresas con las
universidades, y estas deberán dar información
periódica con la suerte laboral o empresarial
de sus egresados. Que las universidades no se conformen
con la entrega del diploma, que asuman responsabilidades
con la vida profesional del graduado.
Creceremos la capacitación técnica
con programas como él de Jóvenes en
Acción. Procuraremos que el Sena dedique
crecientes sumas a financiarlo. A propósito
del Sena, tendrá que abandonar la politiquería,
ahorrar en administración, tener menos edificios,
capacitar más personas, integrarse más
con el sector privado y con las fundaciones que
trabajan en formación vocacional.
El futuro de la investigación biogenética,
combinada con la farmacéutica, para prevenir
enfermedades, prolongar la vida, aplazar el envejecimiento,
es mucho más promisorio que la informática.
Por eso tenemos que incrementar el presupuesto de
ciencia y tecnología a fin de convertir en
medicamentos, alimentos, y en más vida, los
recursos de biodiversidad. La investigación
es la clave del futuro e integraremos a la comunidad
científica, la universidad, el sector privado
y el Estado, a semejanza de los primeros pilares
de centros de desarrollo tecnológico, colocados
en la Gobernación de mi terruño.
La
cultura y el deporte son los puentes necesarios
para hacer el tránsito a una Nación
con profundos lazos de solidaridad. Con el aliento
de haber completado 125 bandas de música
en Antioquia, 20.000 niños en las escuelas
anexas, en coro con la frase "un niño
que abraza un instrumento musical jamás empuñará
un fúsil", nos comprometemos a que la
estreches financiera del Estado no adormezca nuestro
entusiasmo para laborar con los trabajadores de
la cultura. La masificación del deporte comunitario
y el impulso al de alto rendimiento, de acuerdo
con las aptitudes regionales, serán metas
jalonadoras de nuestra tarea.
La educación en valores es esencial. Incluirá
la difusión de la pedagogía de la
tolerancia para negociar pacíficamente los
conflictos cotidianos, y la construcción
del compromiso ético de no hacer daño
al prójimo con la acción individual.
Tenemos
14.5 millones de personas en el Régimen Contributivo
de Salud, 9.5 millones en el Subsidiado, pero faltan
7.5 millones de pobres por ingresar a esta forma
de aseguramiento.
No permitiremos que continúe la politiquería
en la asignación de carnets del SISBEN.
Las universidades ayudarán a la Superintendencia
de Salud a garantizar la transparencia en la distribución
y exigiremos la atención prioritaria de 3
grupos poblacionales, pobres y vulnerables: madres
cabeza de familia, discapacitados y ancianos.
Ayudé a crear las empresas solidarias de
salud y muchos políticos las distorsionaron
con una indebida apropiación. Propondremos
que el Régimen Subsidiado lo administren
de manera exclusiva empresas con cobertura grande,
eficientes, SIN ÁNIMO DE LUCRO, que ojalá
correspondan a sociedades de cajas de compensación
familiar y hospitales públicos.
Habrá aseguramiento y no intermediarios.
Protegeremos a los hospitales públicos pero
deberán ser tan bien manejados como las buenas
clínicas privadas. Es inaceptable que mientras
lo privado se administra con eficiencia, lo público
se haga fiesta. Los hospitales del Estado son las
clínicas privadas más importantes
porque pertenecen a toda la comunidad.
Vigilaré celosamente que las diferentes entidades
de la salud no abusen de los profesionales médicos,
odontológicos o afines. No nos temblará
la mano para expedir los decretos que fijen tarifas
equitativas y permitan que los tiempos y modalidades
de atención a los pacientes se ajusten al
apostolado médico.
El éxito de la salud en muy buena parte depende
del éxito de las políticas de empleo.
El desempleado no puede pagar la cotización,
también se pierde su punto de contribución
al sistema solidario que además es incapaz
de acogerlo.
En 8 años de Ley 100 de salud, llevamos 7
ministros en dicha cartera. Con semejante inestabilidad
es imposible cosechar éxitos.
Quienes
sean ministros o ministras de nuestro Gobierno deberán
tener vocación para trabajar los 4 años,
su continuidad dependerá de sus resultados
y de su honradez y no estarán condicionados
a negociaciones políticas. Apliqué
estos criterios en la Gobernación de Antioquia.
La
economía solidaria, el cooperativismo, construye
fraternidad, tiene todas las posibilidades para
servir los intereses generales de la comunidad sin
ánimo individual de lucro, sin burocratismo
y sin politiquería. He trabajado como concejal,
congresista y gobernador, con devoción, por
el desarrollo de la economía solidaria. Lo
haremos desde el Gobierno Nacional, pero tenemos
que rescatar la confianza herida por la falta de
vigilancia y las defraudaciones de algunas entidades.
Necesitamos cooperativas para vivienda, obras públicas,
educación, nuevas empresas, comercialización
interna de insumos y productos de microempresas
y sus exportaciones.
El campo, en lugar de pretender regresar al IDEMA
o a los antiguos almacenes de la CAJA AGRARIA, necesita
un gran desarrollo cooperativo. Particular énfasis
haremos en el Fondo de Garantías para apoyar
el crédito cooperativo.
Nuestra
Patria podrá tener 50 millones de habitantes
en el año 2010, y un 20% dependerá
muy directamente del campo. El desarrollo agropecuario
es esencial para la seguridad alimentaria y el empleo.
Los países industrializados protegen sus
mercados para sus productos agropecuarios, nosotros
no podemos aceptar que importaciones desbocadas
destruyan la producción y el empleo. Hay
importaciones aceptables y otras destructoras. Cuando
los molineros e industriales han cumplido con las
obligaciones y precios para la compra de la cosecha
nacional de arroz, definir con los productores una
cuota de importación, no golpea al agro y
ayuda a los consumidores. Pero permitir una importación
masiva de maíz antes de asegurar la compra
de la producción nacional al precio convenido,
destruye la cadena productiva y afecta la recuperación
de este producto. No podemos facilitar la importación
de leche cuando el precio internacional está
bajo y la producción nacional es suficiente,
porque arruinamos a los campesinos.
Estimularemos los bancos de maquinaria agrícola
de propiedad de empresas campesinas. Focalizaremos
subsidios al café, que construyó clase
media y estructura democrática de propiedad.
Necesitamos un ejército de medianos y pequeños
exportadores, que vendan el producto con agregado
industrial a nuevos segmentos de mercado. También
habrá subsidios al algodón que dependerán
de su cotización internacional y que buscarán
generar empleo. Nuestro presupuesto no permite subsidiar
la totalidad de productos del campo, pero todos
serán apoyados con el manejo correcto de
la tasa de cambio, la tendencia del crédito,
el estímulo a procesos transformadores y
la equidad en el comercio internacional.
No soy amigo de la propiedad feudal de la tierra
ni de la lucha violenta de clases. Creo en la relación
solidaria y cristiana entre campesinos y empresarios;
ambos son indispensables. Cuando se necesite adquirir
un predio, que sea bueno para no engañar
a los campesinos, que se pague a precios razonables
para no producir estampida empresarial. Que en lugar
de repartirlo en parcelas improductivas, se organicen
empresas comunitarias que trabajen en alianza estratégica
con empresarios eficientes. Que todas las empresas
ganaderas suministren tierra agrícola a los
trabajadores o definan formas sociales de participación.
En
la Guajira, Tolima, Santander, Boyacá, Nariño,
Cesar, me han pedido distritos de riego. Desde ya
exploramos acuerdos con países como China
para construirlos con adecuada tecnología,
y financiarlos en mejores condiciones de plazo y
tasa de interés.
Sin embargo, de nada servirán esos distritos
sino rescatamos fábricas de agua en la Sierra
Nevada, en la cadena de los nevados en la Cordillera
Central y en tantos lugares. Por eso tenemos que
encontrar cómo aplicar los recursos ambientales
sin burocratismo, destinarlos con prioridad a la
arborización protectora y al saneamiento
básico, por intermedio de órganos
especializados y austeros, lo cual exige revisar
de fondo las corporaciones regionales.
Las
cifras acreditan que las familias consumen creciente
porción del ingreso en el pago de las facturas
de servicios públicos. Estas han crecido
y la gente se ha empobrecido. La solución
por un lado, debe recuperar ingresos y por otro
actuar sobre los servicios públicos. En este,
como en todos los temas, queremos proponer soluciones
sociales realistas.
Cuidar la credibilidad con la presentación
de propuestas viables es un imperativo para nosotros
y para el buen suceso de la democracia, que no resiste
más golpes por ilusiones de campañas
que contrastan con las frustraciones de gobiernos.
Los servicios públicos requieren capital
público y privado, sin politiquería
en las entidades estatales ni abusos en las particulares.
Crearemos el programa de quejas y reclamos, sin
nuevas burocracias, con participación de
universidades. Mantendremos los subsidios. A fin
de democratizar la propiedad propondremos mecanismos
para que los usuarios sean socios; ya lanzamos una
idea en Buenaventura que tendría como capital
semilla los aportes de la Nación para recuperar
y ampliar el sistema. No permitiremos que la tarifa
de subsistencia, la que pagan los pobres de menores
consumos, se eleve por encima de la inflación.
Colombia
es el país del continente con mayor vocación
empresarial. El informal tiene tanta alma de empresario
como el dueño de la más sofisticada
industria tecnológica. Contamos con una magnífica
red de entidades sin ánimo de lucro para
apoyar la pequeña empresa a través
de capacitación y crédito, como el
Banco de la Mujer, la Fundación Carvajal,
Mac, Microempresas, Actuar, Fundesan, Corporación
Social, Hogares Don Bosco, Santodomingo, Contactar,
para mencionar unas pocas. Con el Banco Interamericano
y la Corporación Empresarial del Banco Mundial
buscaremos un crédito de largo plazo y baja
tasa de interés que se canalizará
por dicha red para dotar de recursos a los pequeños
empresarios, sin que la hipoteca sea esencial, con
garantías a su alcance.
Los sectores
populares son buenos pagadores como lo demostró
la Caja Agraria que no la quebraron los campesinos
sino los ladrones de cuello blanco. La fibra creativa
de nuestros pequeños empresarios necesita
oportunidades y nuestra determinación es
encontrarlas. De ese modo crecerán, su contribución
al empleo será inmensa y se constituirán
en nuevos actores económicos que frenarán
la concentración de la propiedad y el ingreso.
Queremos que los sindicatos de trabajadores giren
tras el camino de ser sujetos de propiedad. Me he
comprometido con muchos de ellos a impulsar los
contratos sindicales y sus proyectos empresariales
para hacer la transición de un sindicalismo
reivindicatorio a otro de participación.
Soñamos con una sociedad de predominio de
clase media y un País de propietarios.