Actualización: Vie, 20 / Sep / 2019 8:32 pm
Colombia.com Bogotá Vie, 20 / Sep / 2019 7:45 pm

¿Qué hacemos frente al suicidio aparte de escribir en redes sobre ello?

Como Coranado, el joven que se suicidó en la Universidad Javeriana, puede haber más casos a tu alrededor.

Si ignoramos, ¿para qué llorar después? Foto: Twitter
Si ignoramos, ¿para qué llorar después? Foto: Twitter

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Al parecer los días grises que están abrigando el cielo bogotano, cobijaban la vida de Jhonnier David Coronado Vanegas, un muchacho de 19 años que estudiaba en la Universidad Javeriana de Bogotá.

Por lo poco que se sabe de su vida, estaba aburrido y deprimido, pero pese a que hasta sus redes sociales pedían ayuda a gritos, aparentemente, nadie corrió a este ruido de tempestad que estaba por aproximarse.

¿Tenemos que esperar a que una persona nos diga, de manera literal, que se quiere suicidar?, ¿tan pobre es nuestro espíritu que no nos dan las famosas “corazonadas” para captar las señales de alguien que busca ayuda? Aunque no podemos juzgar a quienes rodeaban al muchacho, si podemos decir que, aparentemente, faltó hacer más por él.

Bogotá gris, corazones rotos

¿Cuántas personas nos rodean con un corazón igual de lluvioso al cielo de nuestra capital? Quizás son muchas, y otras tantas (me incluyo) por el afán del día a día, no se detienen a mirar a su alrededor la nostalgia que se posa en el ojos ajenos, pero después de que vemos noticias como las del chico de la Javeriana, el que intentó quitarse la vida meses atrás en Titan, otro hombre que sí logró su cometido en el edifico Bacatá, la mujer que se lanzó en un puente en Ibagué y otras tantas que se suman a la tragedia ignorada del suicidio, lo máximo que hacemos es solidarizarnos por redes sociales, mientras que a gritos, al otro lado de la pantalla, alguien pide un abrazo salvador.

No esperemos a que nos digan que están atravesando por una situación difícil, no importa si es hombre o mujer, todos tenemos sentimientos y momentos de "debilidad". No entremos en ese juego absurdo de criticar, no sabemos si puede ser incluso un familiar el que se encuentre en una situación dudosa en donde el suicidio pareciera ser la solución.

La educación emocional desde el colegio

Tantas personas discutiendo por el futuro del país, por las próximas votaciones a la alcaldía, por la corrupción y, realmente, pocas hablando de la educación emocional que, desde los colegios debería comenzarse a brindar.
Abrirle espacio dentro del horario académico a la inteligencia emocional es cosa seria, pues son los “pequeños adultos” los que, como niños, podemos llegarnos a dejar invadir por la soledad.

Como comentó un profesor de la Universidad Javeriana: “El suicidio de uno de nuestros estudiantes es perderlo todo (…) Perdón por dejarlos solos, perdón por entrar y salir del salón sin detenernos a escucharlos, perdón por olvidar, en el afán de la academia, que ustedes son lo único que nos da sentido y que nuestra vida como profesores es solo para servirles a ustedes”. Estas palabras quebrantaron mi corazón.

¿Mientras nosotros caminamos escuchando nuestra canción favorita, irá alguien a nuestro lado pensando que el suicidio es su única salida? Detengámonos un momento, dejemos el afán de lado que uno se muere y nada se lleva.

Venimos a esta vida a servir, a ayudar, a brindar una sonrisa, a colaborar en lo que más nos sea posible y más cuando se trata de bienestar psicológico. No dejemos pasar por alto las señales: Si alguien requiere de tu ayuda, acude; si vez estados tristes, envía un mensaje; si ves caras largas, hazle saber que cuenta contigo; si no dan señales, comenta en tu grupo de amigos que, si en algún momento llegan a pasar por una situación difícil, estás para brindar tu hombro amigo.

Dejemos de formar tabú en torno al suicidio, tanto hombres como mujeres podemos presentar depresión y no es un juego de niños, incluso, puedes tener a tu lado alguien que ya haya intentado acabar con su vida y tanto va el agua al cántaro, hasta que revienta.

El hecho de que una persona nos diga que “ha pensado en suicidarse”, no significa que ese pensamiento se haya ausentado de su cabeza, ni mucho menos, que no pueda llegar a intentarlo.

No lloremos después de que los gritos de auxilio se dispersen con el sigilo del suicidio.

Juliana Palomino - Colombia.com