Moss y Brady, la fórmula de los Patriots

Deportes - Viernes, 01 / Feb / 2008
 
Colombia.com
El díscolo Randy Moss y el carismático Tom Brady son la extraña pareja de Nueva Inglaterra, invicta esta temporada en la NFL y que intentará este domingo ganar su cuarta Superbowl frente a los Giants.

Tom Brady es el yerno perfecto: guapo, adinerado, educado y encantador, se codea con igual naturalidad con el presidente George Bush en el debate del estado de la nación que con los niños más necesitados de Nueva Inglaterra. Es, también, el quarterback titular de los Patriots, ganador de tres Superbowls y líder de un equipo que este domingo en Arizona buscara culminar la temporada perfecta, en la final frente a Nueva York.

Randy Moss es el yerno que nunca quisiste tener: desafiante, malhumorado, conflictivo y forajido, se mueve por instinto tanto en las calles como sobre el terreno de juego. Instinto canalla. Es también, el receptor titular de los Patriots. Exiliado de Minnesota primero y Oakland después, donde era una estrella, jamás ha ganado un título, e intentará acallar de una vez por todas las voces críticas con su persona este domingo, en la final frente a Nueva York.

Son iconos opuestos en la estereotipada sociedad estadounidense, que ve en Brady al héroe blanco americano por antonomasia y considera al afroamericano Moss justo lo contrario: el antihéroe del gueto negro con un serio problema de actitud. Una gruesa caricatura del chico bueno y el chico malo del equipo más popular del país en estos momentos. La extraña pareja de la NFL.

Y ambos hombres, pese a sus notables diferencias, andan unidos por un lazo más espeso del aparente, el que suele conectar a receptor con quarterback y vice versa. Brady se encarga de lanzarle los balones a Moss, y este de atraparlos.

Una fórmula que no por sencilla ha dejado de resultar imparable para las defensas rivales este curso, el más exitoso para un equipo de fútbol americano desde que los Dolphins ganaran el título en 1972 en la denominada temporada perfecta, cuando vencieron en sus 14 partidos de campaña regular, más los tres restantes de Playoffs.

Tirando de la conexión Brady-Moss, los Patriots van camino de renovar el viejo récord de Miami este año, con el añadido de haber jugado dos partidos más en el calendario. Tras imponerse con insultante solvencia en los 16 compromisos de liga y dos de postemporada, el equipo de Nueva Inglaterra buscará el domingo ganar su cuarta Superbowl en siete años, cimentando su dinastía de nuevo milenio, y firmar así ese insólito récord de 19-0.

En los 18 triunfos sumados hasta la fecha, el bueno y el malo han espoleado al resto como nunca antes jugadores en sus posiciones habían logrado. Brady, con multitud de récords individuales a sus espaldas, incluidos dos trofeos de MVP de las finales, ha batido la marca de 49 pases de touchdown en una temporada que ostentaba el ganador de la última Superbowl, Peyton Manning. Y de sus 50 lanzamientos para anotación, 23 han caído en las manos de Moss, que hacía trizas así el hito anterior del mítico Jerry Rice, de los San Francisco 49ers.

Y para llegar a este punto de simbiosis máxima, uno y otro han seguida caminos opuestos, aunque con ciertos puntos en común. Brady tuvo que sudar de lo lindo para ser considerado en la universidad y en el Draft de 2000, donde no fue seleccionado hasta la posición 199.

A partir de allí, inculcada desde el instituto una mentalidad combativa para superar sus limitaciones atléticas, se entregó de pleno a la cultura del trabajo hasta desbancar al titular de los Patiots, Drew Bledsoe, en su segundo año.

Desde entonces no ha mirado atrás, siguiendo una carrera ascendente en lo deportivo y los dominios del papel couché, que no han dejado de narrar sus romances con la actriz Bridget Moyhanan y la supuesta modelo más rica del mundo, Gisele Bundchen.
Moss ha dibujado una trayectoria inversa. Llegando a la universidad con todos los dones atléticos posibles, se acostumbró a triunfar sin trabajar.

El talento le sobraba, pero no supo administrarlo sabiamente, y sus problemas de carácter perjudicaron notablemente su elección en el Draft de 1998, donde cayó hasta el puesto 21 a Minnesota, pudiendo haber sido seleccionado entre los tres primeros.

Allí siguió la misma estela de triunfos individuales y fracasos colectivos, ampliando su ficha policial y de incidentes extradeportivos que incluyeron acusaciones de malos tratos, arrestos por conducción temeraria y posesión de marihuana, tirarle agua a un árbitro, mostrar el trasero a la grada y abandonar el terreno de juego antes del final del partido. Un enfant terrible millonario.

Como un paria acabó recalando hace dos temporadas en los Raiders, la franquicia de los forajidos de la NFL; pero n siquiera allí se encontró a gusto, y a punto estuvo de colgar los guantes. Fue entonces cuando se produjo la llamada de Nueva Inglaterra, que invirtió en su traspaso una mísera opción de cuarta ronda. Pecata minuta por una superestrella con el orgullo herido.

Seis meses más tarde, Moss está listo para jugar el partido de su vida en Arizona junto a Brady, el chico bueno con el que jamás pensó que conectaría. Salvo en los touchdowns y sus ansias de victoria.

Con información de adn.es