Amor, papeles y tribunales: lo que nadie explica antes de casarse en EE.UU.

Casarse con un residente en EE.UU. implica efectos en bienes, custodia, inmigración y ciudadanía que muchas parejas desconocen.

Por: Laura Campo • Colombia.com
Matrimonio en Estados Unidos. Foto: Shutterstock
Matrimonio en Estados Unidos. Foto: Shutterstock

Casarse con un residente en EE.UU. implica efectos en bienes, custodia, inmigración y ciudadanía que muchas parejas desconocen.

El matrimonio suele pensarse como un proyecto de vida feliz y compartido, pero pocas veces se examina con la misma profundidad su dimensión legal. En EE.UU, casarse sobre todo cuando uno de las dos partes es extranjero no solo une historias personales, también activa una estructura de normas que pueden marcar la dirección financiera, migratorio y familiar de los esposos.

Los primeros puntos importantes patrimoniales. En caso de divorcio, la separación de bienes no depende únicamente de lo que cada uno quiera “justo”. Muchos estados realizan el principio de distribución equitativa, lo que conlleva repartir propiedades y deudas de forma sensata, aunque no estrictamente en partes iguales. Si existen hipotecas, negocios que tengan juntos o préstamos acumulados durante el tiempo de matrimonio, la división puede volverse compleja y, en muchos casos, conflictiva.

A esto se le agrega la manutención conyugal. Los jueces examinan factores como el tiempo que duro el matrimonio, la diferencia de dinero y la capacidad de cada parte para mantenerse económicamente. Puede fijarse de forma provisional mientras uno de los cónyuges se estabiliza o, en ciertos casos, de manera más duradera. Cuando hay hijos, la discusión se extiende mucho más: la custodia se establece priorizando el bienestar del menor y se establece la correspondiente manutención infantil.

El elemento migratorio añade otra capa de responsabilidad. El matrimonio en EE.UU puede agilizar la residencia legal del cónyuge extranjero, pero el proceso ante el United States Citizenship and Immigration Services (USCIS) exige pruebas muy fuertes de que la relación es genuina. Formularios, entrevistas y documentación forman parte del proceso. Un error o inconsistencia puede retrasar o entorpecer el procedimiento.

Una vez adquirida la residencia de EE.UU permanente, empieza la cuenta regresiva hacia la ciudadanía. La persona deberá comprobar conocimientos básicos de inglés, historia y gobierno estadounidense, también, de buena conducta moral. Volverse en ciudadano no solo representa estabilidad migratoria: abre el mapa a que puedas ejercer el  voto, a ciertos empleos públicos y a la posibilidad de patrocinar a familiares.

Pero no todo es ley y papeleo. Las parejas interculturales confrontan desafíos cotidianos que van desde el idioma hasta las expectativas familiares. Para Integrar tradiciones, negociar costumbres y construir una identidad común se neceita diálogo constante. Celebrar festividades de ambos orígenes y enseñar a los hijos sobre sus raíces puede transformar las diferencias en riqueza cultural.

Para evitar sorpresas, especialistas aconsejan asesorarse con abogados de familia y de inmigración. Organizaciones como la American Immigration Lawyers Association (AILA) o el National Immigration Law Center (NILC) ofrecen orientación y recursos útiles.

Antes de validar un acta matrimonial, conviene hablar de dinero, proyectos y expectativas legales. El “para siempre” no solo es una unión romántica; también es un compromiso que la ley toma muy en serio.