Un adiós a Horacio Serpa ... y nada cambió

Jueves, 14 / Nov / 2002
 
Colombia.com
El siguiente documento no refleja ni compromete en lo absoluto la posición oficial del Partido Liberal. El contenido del mismo es de la exclusiva responsabilidad de su autor y se divulga al amparo de los Arts. 20 y 73 de la Constitución Política de Colombia que aluden al derecho a la libre expresión y al disentimiento democrático.

No podrá pasar desapercibido el retiro del doctor Horacio Serpa Uribe de la dirección del Partido Liberal tras dos derrotas electorales consecutivas hacia la presidencia de la República y ante la actual coyuntura política, tanto en Colombia como en el ámbito internacional. Hoy, Serpa presentará el balance de su gestión en la conducción de los destinos del liberalismo. No faltará, claro, una remembranza de las últimas contiendas electorales, o mejor, de las derrotas.

Tal parece que en Colombia nadie entendió que cuando Serpa, en 1998, se declaró en oposición patriótica, estaba proponiéndole al país ponerle punto final al bipartidismo, al invocar los postulados de la socialdemocracia como base fundamental del ideario liberal, para establecer así una frontera clara con el pensamiento Conservador. Tal iniciativa se vio sustentada al momento del ingreso del Partido como miembro pleno de la Internacional Socialista.

Luego vino la Constituyente Liberal para emprender las reformas de fondo que requería la colectividad con el ánimo de catapultar al Partido como una organización moderna, democrática, ansiosa, al fin, de servirle a los intereses de los sectores más necesitados de la sociedad, con el afán de poner la economía al servicio del hombre y no al hombre al servicio de la voracidad neoliberal. En el 2000 el Partido se enfrentó al gobierno de Pastrana con la propuesta de un Referendo Social, evitando una inconveniente revocatoria del Congreso que abriera el camino para que la guerrilla, “por derecho propio”, ocupara un buen número de escaños en el legislativo como parte de unos acuerdos que se adelantaban por debajo de la mesa, a espaldas de los colombianos. Luego vino la Convención Liberal donde Serpa fue declarado candidato “único” del Partido, aún cuando los ex presidentes tuvieran otra idea en la cabeza. Finalmente, vino una consulta interna que, con más de dos millones y medio de votos, ratificó las reformas estatutarias expedidas por la Constituyente del Partido.

Llega el 2002. Y de nuevo la derrota. La estampida liberal para montarse en el carro ganador. Esta vez, la declaración de una “cooperación constructiva, con independencia crítica”, que ni es chicha, ni es limonada y sí deja la puerta abierta al clientelismo servil, al plato de lentejas. Pero esta vez quedaron muy pocos en el carro de la derrota. La frijolada estaba servida y no faltaron los comensales que, habiendo anticipado el humeante olor del plato paisa, ya estaban sentados a la mesa.

Es evidente que el Partido Liberal no logró convertirse en un partido de clase, de base popular, de estirpe social como se quiso con las reformas planteadas a los estatutos y al código disciplinario. Lo que existe hoy es una clase propietaria de dos partidos, con la facultad de moverse como un péndulo, según la conveniencia y los intereses del momento -muy particulares, por cierto-. La “oposición patriótica” fracasó. Ni se rompió con el bipartidismo, ni se hizo una reforma profunda a la vieja y anquilosada forma de hacer política. Ni Referendo, ni Reforma Política. Revocatoria, menos. La “transformación” del Partido, en veremos.

En cuanto a la organización interna del Partido hay que decir que éste está en manos de los “mediócratas”, es decir, de unos mediocres burócratas que le prestan un flaco servicio a la colectividad y a sus afiliados. Son esos que se encuentran cómodamente sentados cuidando sus puestos en una clara actitud de entonar un “Himno al Clientelismo”.
Pero de ideas, nada. De servicio a la sociedad, ni idea. De defensa de los principios, imposible, cuando carecen de ellos. Son personajes pusilánimes, carentes de sentido de responsabilidad y de compromiso con el Partido. Aparentan una labor eficiente tan solo cuando se anuncian cambios en los cuadros directivos de la colectividad, como una manera de congraciarse con los “nuevos patrones”. El Partido Liberal, junto con sus dirigentes, funcionarios y militantes, debe servirle a ese pueblo del que dice ser su vocero. No puede seguir sirviendo para que se paguen favores a los amigos de algunos connotados congresistas mediante contratos de “asesoría” por sumas de seis ceros a la derecha.

Las juventudes y las mujeres en el Partido, están sin representación real. Los pocos sectores sociales que intentan romper las férreas y oxidadas estructuras, o están desorientados o se estrellan contra las huestes de “mediócratas” que hacen causa común para preservar sus privilegios a costa de los pocos o muchos recursos que le llegan al Partido. Los parlamentarios liberales, ahora condenados a ser una minoría, parecen no tener la fuerza suficiente para sentar su posición y defenderla en cuanto a las distintas reformas que cursan en el Congreso: Tributaria, Pensional, Laboral, Política, etc. Y los ideólogos, los pensadores, los hombres y las mujeres que bien podrían contribuir a quebrarle el “espinazo” a esa política de “festival de la pola y la lechona”, permanecen alejados del Partido -espantados, quizas-, desatendiendo el compromiso de redimir a la colectividad. Le hacen el juego al “unanimismo” que pretende que las ideologías llegaron a su fin y que por ello no tiene sentido la existencia de los partidos.

Serpa se va para poder hablar con libertad sin comprometer la “posición oficial” del Partido. Ya hay quienes quisieran echar atrás las reformas estatutarias. La bandera de la causa social que enarbolara Serpa en sus campañas está hecha jirones por una jauría que considera al socialismo democrático una herejía contra los dictados del capital y del mercado. Se va Serpa de la dirección del partido con los pedazos de la bandera social. Ahí quedan las llaves del liberalismo para que se haga una nueva “apertura”.

Quizás Lucho Garzón acierta al decir que si en el Partido Liberal, Horacio Serpa no tiene espacio para expresarse, están abiertas las puertas de otros movimientos para hacer oposición. Será un balance con mucho ruido, pero pocas nueces. Se hicieron muchas reformas y nada cambió. ¿Será Serpa o el país, el que debe “polarizarse”?

Por Raúl Benítez Ortega
Periodista, miembro del equipo de prensa de la Dirección Nacional Liberal (DNL)
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