La Ventolera del Referendo

Sábado, 25 / Oct / 2003
 
Esta columna es una colaboración de Amylkar Acosta*, para Colombia.com.

“Nunca es triste la verdad,

lo que no tiene es remedio”

Joan Manuel Serrat


La convocatoria del Referendo ha dado para todo. Ya explicamos anteriormente que el texto que se someterá a la votación este sábado dista mucho de sus pretensiones iniciales, su propósito fundamental de promover la gran reforma política se diluyó y, lo que es peor, los retazos de ella que sobrevivieron al control de constitucionalidad es francamente contradictorio con la letra y el espíritu del Acto legislativo 01 de este año, el cual apenas se empieza a implementar. Es como si en un teatro anunciaran en cartelera la película King Kong, los espectadores se abalanzaran a comprar la boletería, agotándola y cuando ya están cómodamente sentados, para su sorpresa, no dan crédito a lo que ven sus ojos, la película que le presentan es la de Tarzán. La sorpresa y el disgusto iniciales se tornan en indignación colectiva, provocando la airada reacción de los incautos que cayeron en la celada y terminan destruyendo la silletería del teatro!

Como quien paga una promesa, el gobierno persistió en su empeño de sacar avante el Referendo por el referendo mismo, como consigna de campaña, sin lo esencial de su propuesta primigenia, al punto de llegar amagar con el retiro de su iniciativa cuando constató que en su trámite en el Congreso se la estaban desfigurando. Pero pudo más el interés postrero de darle alcance al proyecto en curso, para incorporarle el componente fiscal que no se había previsto antes y desde entonces la naturaleza del Referendo se trastocó, dando pábulo a la profundización de las medidas de ajuste en curso, tendiente al cumplimiento de los compromisos acordados con el FMI, en cuyo Memorando de entendimiento se asegura “…la aprobación por parte del Congreso de una iniciativa para incluir diversas medidas políticas y económicas en un Referendo nacional…” . Desde entonces ha primado en el gobierno el interés sobre este aspecto por encima de los demás, que sólo sirven de mascarón de proa para insistir en su cantaleta de que el objetivo del Referendo sigue apuntando hacia la lucha contra la corrupción y la politiquería, que no pasa de ser un eslogan efectista con fines mediáticos.

Cuando se empantanó su trámite en el Congreso, en medio del tire y afloja entre el gobierno y los ponentes del proyecto de ley, Juan Lozano, candidato uribista a la Alcaldía de Bogotá, alter ego del ex alcalde Enrique Peñalosa lo planteó en romance paladino: “La cosa es cruda. A Colombia no le sirve un acuerdo para sacar adelante un Referendo que no incluya un compromiso serio en materia de reformas estructurales” , que no son otras que las contempladas en el decálogo del Consenso de Washington, denominadas así en el argot fondomonetarista. El gobierno ganó este pulso y terminó imponiéndose, utilizando como arma secreta la amenaza de retirarlo y recurrir a la convocatoria del Referendo por iniciativa popular, con el riesgo inmanente para el Congreso y los congresistas de una eventual revocatoria de su mandato, de lejos su punto más taquillero, frente al cual el gobierno ya había transigido a las primeras de cambio, en los entretelones de las negociaciones.

No dudó el gobierno en recurrir a la treta de promover la reelección de alcaldes y gobernadores, para hacer de estos jefes de debate del Referendo. Esta circunstancia llevó a El Heraldo a afirmar lo siguiente: “…un Referendo que nació con el propósito fundamental de purificar las costumbres políticas, termina utilizando las mismas prácticas repudiables que intenta combatir” . Al caerse dicha propuesta en la Corte Constitucional, optó hábilmente por enganchar la votación del Referendo con la elección de gobernadores y alcaldes, para lo cual se inventó lo del fin de semana electoral, contrariando la norma constitucional que establece de manera taxativa que “La consulta no podrá realizarse en concurrencia con otra elección” . Es evidente que los dos eventos se han entrecruzado e interferido, circunstancia esta que han pretendido aprovechar algunos aspirantes presidenciales en ágraz , tratando de sacarle partida para su mejor posicionamiento, con tan mala suerte que el experimento no les ha salido, pues por lo que indican las encuestas en cuanto a la elección de alcaldes y gobernadores, empezando por Bogotá, el tiro les está saliendo por la culata.

A quienes nos resistimos a comulgar con ruedas de molino se nos ha pretendido macartizar y de qué modo. Pese a que la propia Corte Constitucional legitimó la abstención como una forma de participación, en el caso específico del Referendo que no se puede confundir con una elección, Londoño el furioso sigue sosteniendo, contra toda evidencia, que en Colombia el voto además de ser “…un derecho y un deber ciudadano” , como lo establece la Carta, es una obligación y en consecuencia quien promueva la abstención “…invita a cometer una indignidad democrática y un acto de sublevación contra el orden jurídico”
En vista del desgano y la apatía colectiva, cuando no la repulsa contra el Referendo, el gobierno ha puesto en marcha todo el aparato de propaganda a su alcance, recurriendo incurso a la cursilería de los frívolos programas de televisión y radio, copando literalmente todos los espacios de opinión, en un despliegue tan impresionante como avasallador, mientras tiende alrededor de sus contradictores una alambrada de garantías hostiles, para utilizar la expresión de Alzate Avendaño.

El gobierno no ha tenido ningún inconveniente, además, en echar mano de los estímulos electorales previstos en la Ley 815 de 2003 , a pesar de que de manera expresa se dice que “Esta Ley…No será aplicable al Referendo convocado por la Ley 796 de 2002” y de las advertencias del señor Procurador General. Y para rematar la faena, expidió otro Decreto ordenando el uso del parque automotor oficial para movilizar a los electores para la jornada del sábado. Quienes están brincando en un solo pié de contentos con esta medida son los gobernadores y alcaldes que tienen candidatos propios para sucederlos, pues de este modo le están ahorrando a sus campañas el 50% de los costos de transporte con cargo al fisco. Si esto es ahora, cómo será con reelección inmediata; no olvidemos que está cursando un proyecto de acto legislativo en este sentido, cuyo trámite está en suspenso a la espera de los resultados que arroje el Referendo. Si este pasa, no abrigamos ninguna duda que esta sería la cuota inicial para la reelección a todos los niveles. Dios nos tenga de su mano!

2 Acuerdo Stand By con el FMI, numeral 3
3 El Tiempo. Septiembre, 12 de 2002
4 El Heraldo. Editorial. Diciembre, 27 de 2002
5 Constitución Nacional. Art. 104
6 Constitución Nacional. Art. 258
7 El Tiempo. Ministro del Interior y Justicia, Fernando Londoño. Enero, 10 de 2003
8 Decreto 2.616 de 2003
9 Ley 815 de 2003. Art. 4

* Amylkar D. Acosta Medina, Presidente Sociedad Colombiana de Economistas (www.amylkaracosta.com)
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