Actualización: Vie, 27 / Nov / 2015 4:00 pm
Viernes, 27 / Nov / 2015

Miryam y Valeria, algunas caras del VIH Sida

Archivado en Salud

Colombia.com publica cuatro historias sobre el VIH Sida en Bogotá. Esta es la historia de Miryam y su pequeña hija, Valeria.

Miryam y Valeria, algunas caras del VIH Sida
Esta es la historia de Miryam y su pequeña hija, Valeria.

Miryam se queda mirando fijamente a su pequeña de dos meses, la abraza fuerte, como si no quisiera separarse nunca de ella. Sus ojos están rodeados de lágrimas, pero nuevamente recupera la calma y comienza a vestirla.

Miryam es una joven de 23 años que ha tenido que enfrentar una vida difícil y bastante tormentosa. Nunca tuvo afecto por parte de su padre y en su niñez, especialmente en su colegio siempre vivió bajo la sombra de ser la mala influencia. “En el colegio fui  muy indisciplinada y cambie varias veces de jornada, me acuerdo que le hacia maldades a los profesores, no me gustaba el estudio para nada. También recuerdo que sólo tenía amigos, las niñas se alejaban de mí porque yo era muy mala con ellas”, cuenta Miryam mientras recoge los juguetes de su hija.

Su rebeldía la explica como un arma para poder llamar la atención de sus amigos que, más adelante se convertirían en sus novios. Miryam no recuerda el total de los novios que tuvo, pero no olvida a Felipe, un joven con el que se identificó de inmediato. Él también tenía varias relaciones por mes y era una persona muy despreocupada.

Se conocieron en el colegio por medio de un amigo. Inicialmente, Felipe se destacaba por ser tierno, cariñoso y detallista, lo que para ella significaba el hombre que toda mujer desearía tener a su lado. Y así fue, porque contrario a lo que sus amigos y la gente pensaba, Miryam a sus 16 años nunca había tenido relaciones sexuales con un hombre en su vida. 

Pero con Felipe fue distinto, “yo siempre vi en Felipe el cariño que me habían negado en mi casa y en todas partes. Él era tan distinto a los demás, que al año de noviazgo, cuando me propuso tener relaciones yo acepté”. Esa primera vez, a sus 17 años, Miryam se protegió con condón, sin embargo, cuando la confianza aumentó entre ellos, decidieron que ya no era necesario ningún método de protección.

No pasaron muchos meses, para que Miryam se diera cuenta de que Felipe no era el hombre entregado y fiel que ella creía. Sin embargo, ella siempre quiso creer que las otras mujeres sólo eran aventuras y que no pasaban más allá de un beso. Pero fue Felipe quien en una discusión le manifestó que no era ella la única mujer con la que había tenido sexo durante su noviazgo. Después de esto la relación decayó y llego a su fin.

Esta relación hizo que la niña rebelde se apagara y estuviera más tiempo en su casa. Al pasar un año Miryam fue invitada por una de sus primas a una fiesta y fue en ese lugar donde conoció a Édgar, con quien al pasar el tiempo conformó un hogar y es hoy el actual padre de su hija Valeria.

La dura noticia

Dos años después, de iniciar una relación con Edgar, Miryam se enteró por medio de un amigo de que su anterior pareja, Felipe, había muerto de una pulmonía, una enfermedad oportunista que lo atacó en su última etapa del Sida. Cinco meses después, ella fue llevada de urgencia al hospital por una neumonía. Fue entonces que el médico le dijo que se realizara los exámenes que le dirían que ella también era VIH positiva.

En ese momento ella tenía 19 años. "Sentí como si me hubiera caído de algo muy alto, sólo que seguía cayendo y no encontraba un final”, recuerda Miryam. “Lo peor fue que mi familia se enteró y durante mucho tiempo no me habló”.

Ella estuvo encerrada en su casa durante varios días, dice que ella sospechaba que después de tantas infidelidades, él tendría alguna enfermedad de transmisión sexual, pero nunca se imaginó que sería VIH. Ahora vendría lo complicado, contarle a su nuevo novio, Édgar.

Al comienzo él se mostró preocupado, pues ella había estado en el hospital y él, a causa de su trabajo de albañil, no se había enterado. Pero no pasó mucho tiempo, tan sólo una semana después, él se dio cuenta de que ella estaba tomando muchas pastillas al día, cuando era Miryam quien lo regañaba porque se tomaba una aspirina para el dolor de cabeza.

Él la enfrentó y ella no tuvo más remedio que contarle. Con tono bajo y triste, le dijo que tenía VIH y que quizás en unos meses o en unos años se moriría. Él le dijo: “Y eso qué tiene de nuevo, todos nos vamos a morir”. Luego la abrazó fuerte y la aceptó, lo único que le pidió fue que no dejara el tratamiento. Y así lo hizo Miryam, sin embargo otra duda la rondaba, hasta hace unos meses ella tomaba pastillas anticonceptivas, pero nunca usó condón con Édgar.

Aunque Edgar sabía esto, no quería someterse a la prueba. Pasaron dos meses para que Miryam lograra convencerlo de realizársela, sin embargo, el resultado fue negativo. Ambos se tranquilizaron por ello, ninguno sabía que cuando una persona ha tenido contacto con el VIH debe realizarse la prueba por lo menos cada tres meses.

Sin embargo y pese a los resultados, Edgar quiso seguir su vida sexual normal, nunca usaron condón y Miryam comenzó a sentir náuseas y dolores de cabeza a diario. Pasados 15 días ella creyó que se trataba del VIH que ya estaba reaccionando  en su cuerpo, pero después de dos meses Miryam se enteró por exámenes que le mandó practicar su médico, que estaba embarazada. “Gracias a Dios el médico que me atendía era muy buena gente, el pidió de inmediato que me empezaran el tratamiento para que mi hijita no saliera con esta misma enfermedad”.

“Para el caso específico de la transmisión perinatal, a partir de marzo de 2000 se implementó el registro para el seguimiento del tamizaje de VIH en gestantes como componte  del sistema de información del “Proyecto para la Prevención  del VIH Perinatal en el Distrito Capital” medida que si bien es aún incipiente pues no se ha logrado el compromiso de todas la EPS y ARS, prestó el servicio de asesoría y consejería en VIH a 923 gestantes, de las cuales el 5% solicitaron prueba de ELISA, de éstas el 11.3% presentaron prueba confirmatoria para VIH, recibiendo tratamiento oportuno para evitar el VIH perinatal”  

Valeria, su milagro

Miryam estuvo en tratamiento con antiretrovirales durante su embarazo, “fueron meses duros porque uno no quiere que su hijo salga positivo. A veces los mareos y antojos eran incontrolables, pero yo me hacia la fuerte porque no quería que Edgar se preocupara más de lo normal”, cuenta Miryam.

Valeria nació en noviembre de 2005, un poco débil y pequeña, pues su nacimiento fue planeado. La cesárea permite que se disminuya el riesgo de adquirir el virus de forma vertical, es decir, de madre a hijo. Por eso, al nacer se le inyecta al bebé la primera dosis de antiretrovirales que dará inicio a su tratamiento. 

“Para mí era muy difícil que mi primera hija, mi niña ya le estuvieran dando droga, eso me ponía muy mal, lloraba sin que nadie se diera cuenta. Pero ella está bien,  ya ha engordado y aunque no le puedo dar seno por recomendación del médico, yo intento alimentarla muy bien”.

Para la vida y el desarrollo de los recién nacidos es recomendable que los primeros seis meses de vida reciban leche materna. Sin embargo, la única excepción se da cuando la madre es seropositiva, como Miryam, pues ésta se convierte en otra forma de transmisión del VIH.

Mientras prepara el biberón de Valeria, Miryam cuenta que siempre quiso tener un bebé, y si era una niña le pondría su mismo nombre. Pero cuando nació su hija supo que había venido al mundo llena de valentía y que ése debía ser su nombre. Ella recuerda que quería vivir del modelaje, su altura y la delgadez, que aún conserva, le abrirían espacio en este medio donde no era necesario que la hija tuviera un padre. 

Pero hoy, con Valeria entre sus brazos, no sabe como pedir para que su vida sea más larga y poder ver crecer y estudiar a su hija al lado de Edgar, el único hombre que según ella la ha amado, “Él nunca se alejó de mí, aún cuando yo fui quien lo contagió”.
 
Edgar fue diagnosticado seropositivo, dos meses después del nacimiento de Valeria, cuando por petición del médico se la realizó. Su explicación fue que Edgar pertenecía al grupo de personas que viven con VIH y que son asintomáticos. Por esto debía comenzar el tratamiento cuanto antes. Sin embargo, Edgar se niega a aceptar su diagnóstico.

Miryam no quiere dejar solo a Edgar. Tampoco quiere morir sin antes ver a su hija realizada, por lo que sigue su tratamiento al pie de la letra y quiere que Edgar también lo haga. Su mayor miedo es que Valeria, al tener padres seropositvos, quede sola siendo aún una niña pues por el rechazo de sus familias, está segura de que ninguno de ellos le brindaría todo el cariño y amor con el esmero que ella lo hace.

Miryam llora todos los días al lado de su hija mientras le guarda su ropita, le prepara su tetero y la duerme cantándole una canción que habla de cómo una niña creció y vivió feliz sin conocer la soledad.

'Tomado de 'Las Caras del VIH Sida en Bogotá'. Liliana Matos - Mayerly Sánchez.