VISIONES SOBRE EL INTERCAMBIO O ACUERDO HUMANITARIO EN COLOMBIA
El 18 de agosto de 2004 el gobierno, en voz del Alto Comisionado para la Paz, hizo una propuesta a las Farc: liberar a 50 guerrilleros de las Farc presos por rebelión, al tiempo que las Farc liberara secuestrados. Este hecho abrió la expectativa frente al intercambio, pero ya ha pasado casi un año y los cambios, decisiones y nuevos matices no han variado notablemente.
MPP ha creado una sección que recopila opiniones, debates, argumentos y posiciones de expertos y analistas, las cuales permiten reconocer y entender la complejidad del tema.
El intercambio humanitario siempre es un tema actual para los familiares de los secuestrados, pero lamentablemente sólo lo es para los medios y la opinión pública cuando alguna de las partes lanza nuevas propuestas para la concertación. Esta sección de www.mediosparalapaz.org pretende mantener el tema vigente y reseñar su evolución.
El 3 de agosto las Farc respondieron a la propuesta del presidente Álvaro Uribe Vélez, quien el 26 de julio de 2005 autorizó la reunión entre el Alto Comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo Ramírez, y los voceros ilegales en "el día y la hora" que ellos quisieran. Las Farc insiste en el retiro de la Fuerza Pública de los municipios vallecaucanos de Pradera y Florida y pide al Procurador General investigar la "injusta" extradición de Simón Tinidad y Sonia, dos de sus cabecillas. Así... el tema sigue sin definirse. Ahora se espera la respuesta del Gobierno.
Por Pilar Karina Ruiz
El intercambio humanitario es uno de los temas más complejos y controversiales del contexto nacional en tiempos de guerra. Entran en juego tratados internacionales; comparación con experiencias anteriores; diferentes percepciones de las víctimas dependiendo de si son combatientes o no; medidas y balances frente al gobierno de turno respecto a su legitimidad, coherencia, dirección política, autoridad, entre otras; y muy especialmente la posición de la opinión pública, dividida y marcada por el dolor que causa el hecho de convertirse en víctimas directas de la guerra.
A través de este documento, MPP relata algunos planteamientos de dos expertos en el tema Shlomo Ben-Ami, Ex Canciller Israelí, partícipe de las mesas de diálogo con los palestinos; y Ernesto Samper, Ex Presidente de Colombia. Además, el siguiente artículo expone argumentos de otros analistas como Augusto Ramírez Ocampo, Camilo González Posso, Rafael Nieto Loaiza y Alfredo Rangel Suárez. Esta sección, además, permite acceder a otras visiones de expertos y autores.
Por qué el canje o intercambio humanitario fue posible en el caso israelí? Shlomo Ben-Ami, Ex Canciller Israelí, partícipe de las mesas de diálogo con los palestinos, afirma que - a diferencia de lo hasta ahora ocurrido en Colombia - “en las relaciones palestino – israelíes el principio que regía era: con los terroristas no se negocia. Pero este principio se quebró a lo largo de los años. Después y en el marco de un proceso de paz fue posible concebir el intercambio humanitario, no como algo aislado, sino como parte de un proceso que concluiría en un acuerdo de paz entre las partes”.
Eso sucedió en Israel, sin embargo Ben – Ami expone que si bien un contexto de diálogos de paz es favorable para adoptar el intercambio humanitario, lo uno no es prerrequisito de lo otro. “En Colombia el problema es diferente. El canje es una cuestión humanitaria, pero siempre conlleva unas directrices políticas, detrás hay un concepto político que se quiere defender. Y esto es lo que dificulta la situación en el caso colombiano”- afirma.
Además, el Ex canciller israelí considera que los dos principales argumentos que impiden llevar a cabo un intercambio humanitario son: la autoridad; los gobiernos creen que a través del intercambio humanitario pueden enviar un mensaje de debilidad a sus ciudadanos, a la comunidad internacional e incluso al grupo insurgente o rebelde con el que se enfrentan. Y, de otro lado, la legitimidad, ¿qué estatus se le está dando al contrario cuando se acepta el intercambio?.
Desde esta perspectiva Ben-Ami afirma: “El problema de Colombia no es de autoridad. Hoy hay un presidente que desde su plan de gobierno, aún cuando era candidato, habló en términos del ejercicio de la autoridad y ha difundido una imagen de hombre fuerte. Pero en el plano de la legitimidad si hay problemas. En Colombia no hablamos de un interlocutor legítimo, quizá si lo hacemos en el campo humanitario, pero no en el político”.
Por su parte, el Ex presidente Ernesto Samper considera que en Colombia el principal problema es la concepción errada que se tiene de los acuerdos humanitarios, ya que se conciben como acuerdos de paz. “Pero hay una gran diferencia, los acuerdos humanitarios se pactan ante la imposibilidad de parar la guerra. Si no somos capaces de para la guerra, por lo menos busquemos una manera de no llevarnos por delante a la población civil inocente. Por esto, mientras que en tiempos de paz los acuerdos se remiten a los Derechos Humanos, en tiempos de guerra se remiten al DIH”- puntualiza Ernesto Samper.
Además, el Ex presidente cree que hay un imaginario errado, ya que un acuerdo humanitario no tiene por qué percibirse como una política en contravía a la Seguridad Democrática. Para él, con el actual tratamiento dado al Intercambio Humanitario “se está jugando con la posibilidad de que este país haga menos cruel la violencia que estamos viviendo”.
Ernesto Samper hace énfasis en dos de los argumentos expuestos por gobierno actual y su cúpula militar para resistirse a un intercambio humanitario. “ ‘- Cómo vamos a cambiar inocentes por terroristas. Eso es un mal negocio’ –ante esta afirmación sólo tengo que decir que los acuerdos humanitarios no se pueden concebir como negocios” - afirmó Samper. El segundo argumento que rebatió Samper fue: - "El intercambio humanitario desmoraliza a las tropas" – eso afirman miembros de la cúpula militar. "Pero yo me pregunto - dice Samper - el Acuerdo Humanitario no es más bien una garantía? Acaso con él no es posible demostrar que el Estado haría todo lo que estuviera en sus manos por rescatar a los soldados secuestrados?. Acaso este no es un compromiso que en lugar de desanimar debería alentar?” – concluye Ernesto Samper.
Para el Ex Ministro Augusto Ramírez Ocampo (1), convencido de la importancia de adoptar un acuerdo humanitario entre el gobierno y los grupos guerrilleros, el punto sustancial está en superar las precauciones, “hay que eliminar los argumentos que tiene el gobierno y demostrarle que éste, el acuerdo humanitario, no desvirtúa a las partes (...). Quizá estamos e n un punto donde lo que falta es la voluntad de las partes”. Además, considera que un error frecuente es ‘partirizar’ el tema, para él, el intercambio no es asunto de diferencias entre los partidos políticos.
Para Camilo González Posso, Director de Indepaz, el problema de las víctimas no puede quedarse en una discusión jurídica, "para ellas (las vícitmas), como para cualquier ciudadano normal, se trata simplemente de proteger a la gente de las atrocidades de la guerra y de disminuir el dolor con decisiones pequeñas y grandes que impliquen libertad para los que están de rehenes, o como prisioneros de guerra, que se de cuenta de los desaparecidos y se distinga entre combatientes y no combatientes para cualquier iniciativa del Estado, de los paras o de las guerrillas".
"En todo caso la iniciativa no vendrá espontáneamente de las partes combatientes, que le hacen balance de perdidas y ganancias a cada paso, sin importar mucho la suerte de la población civil. La disminución del impacto del conflicto armado en la población civil procederá de la presión que se ejerza desde organizaciones y comunidades. Esa es la lección que están dando las organizaciones sociales y en particular los indígenas del Cauca y la Sierra; también los promotores del desminado, los trabajadores y profesionales de la salud que promueven el respeto a las misiones sanitarias o los docentes que están construyendo su propia red de alertas tempranas para detener la ola de asesinatos y amenaza"- concluye González Posso (2).
Por su parte, Alfredo Rangel expone una diferencia entre el caso israelí y el colombiano, el cual ilustra y contextualiza el debate, y afirma: “en Israel, todos los ciudadanos son soldados. En Colombia no. Sólo los campesinos y personas de clase media hacen parte de este grupo. Las clases pudientes excluyen a sus hijos de ir a la guerra. Esa es la gran diferencia”- expresa Rangel.
De otro lado, para Rangel la discusión no está en si se pacta o no un acuerdo humanitario, sino en medios de qué situaciones se hace. En últimas, el acuerdo humanitario beneficia a todas las partes (3).
El debate da un gran giro tras la exposición de argumentos como la del Ex viceministro Rafael Nieto Loaiza. Su posición es clara: todo está contemplado en el Artículo III común a los Convenios de Ginebra y los acuerdos humanitarios menoscaban la protección ya existente. Ante dicho argumento, Ramírez Ocampo responde: “El Artículo Tercero de los convenios de Ginebra es un mínimo humanitario. De ellos no se puede ir a menos, pero sí a mas”. Nieto Loaiza defiende su posición afirmando: “el intercambio humanitario es una violación al DIH” y no se puede manipular a la opinión pública para convencerla de lo contrario. Para él, el gobierno está en la posición correcta