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El ALCA
plantea muchos retos para el país para no una catastrófica segunda
apertura.
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| José
Miguel Carrillo Presidente ACOPI |
En
nuestro Auditorio del Jueves 26 de Abril de
2001, Colombia.com tuvo como
invitado a José Miguel Carrillo, Presidente Ejecutivo de la Asociación
Nacional de Pequeños y Medianos Industriales, Acopi. Lamentablemente
nuestro otro invitado, Julio Roberto Gómez, Secretario Nacional
de la Confederación General de Trabajadores Democráticos, no nos
cumplió, de seguro por al cercanía del 1 de mayo y las grandes marchas
que se venían organizando para tal fecha en protesta por el desempleo
catastrófico en el país y la pasividad gubernamental para atacarlo.
La
entrevista con Carrillo fue amena y nos sirvió para conocer desde
la entraña misma de los empresarios colombianos, lo que el país
puede esperar de las actuales políticas económicas y los planes
para entrar a ser parte del Acuerdo de Libre Comercio para las
Américas.
La posición que tienen lo agremiados en Acopi, y expresada por
Carrillo es muy sencilla y puntual: Ha habido muy buenas intenciones,
se han hecho documentos en los que se consignan políticas muy
importantes y benéficas para la modernización de las empresas
lo mismo que para la simplificación del proceso de exportación,
y el gobierno ha trabajado atentamente en la identificación, en
distintas regiones, de procesos productivos con potencial para
exportar. Pero, y no es nuevo, hasta el momento la mayoría de
planes se han quedado en sólo palabras y papel.
En
primer lugar, combatir el desempleo (las pymes generan el 42%
del empleo, frente al 30% que genera el Estado, es obvio su peso
en la materia), reactivar la producción de manera competitiva
y salir a medirse con otras industrias en los mercados internacionales
requiere de dinero, muchos pesos para invertir en reestructuración
de los procesos, modernización de infraestructura, reconversión
tecnológica y capacitación del capital humano. Y precisamente
esto es lo que ha hecho que las intenciones no salgan de ser sólo
eso.
La
falta de financiamiento para impulsar los esfuerzos de los industriales,
y sobre todo, según Carrillo, el cambio caprichoso y constante
de las reglas de juego en materia tributaria, de inversión pública
y de políticas económicas han minado la posibilidad de crecer
y trabajar en el sector productivo. (El productivo: que produce
bienes de consumo, muy distinto del de servicios y el financiero,
donde el primero gana más de lo que hace gracias a la anarquía
en el control tarifario y el segundo no produce sino gastos -para
la nación e injustos dividendos para sus dueños- ya que sigue
requiriendo de grandes capitales para no quebrarse debido a sus
irresponsables jugarretas especulativas en el exterior, grandes
cantidades de dinero que salen de los bolsillos del contribuyente
a través del Fogafín, pero increíblemente no le prestan un centavo
nadie útil, dejando sin crédito a los que generan empleo y producen
de vedad. Esta acotación es mía)
Sobre
este punto Carrillo utilizó un símil, el de un avión que debe
hacer un largo viaje, digamos Bogotá, New York, Los Angeles, Tokio.
Desde antes de despegar la nave cuanto con un plan de vuelo, despega
y los pasajeros están seguros de hacia dónde van , los pilotos
saben a dónde y por cuál ruta deben ir, se pasa la turbulencia
natural del despegue pero siguen adelante. Se toma la ruta y se
llega al primer destino, luego se prosigue el viaje, a pesar de
la primera parada no hay cambio de plan de vuelo. Ya en la mitad
del recorrido se presenta una tormenta, entonces se busca una
altitud diferente para capotearla, sin embargo nada en el plan
de vuelo cambia; a pesar de la vicisitud se respeta la ruta acordada.
Se llega a Los Angeles, allí se cambian los pilotos por unos descansados
y alertas que inician su jornada, a pesar de ello su plan de vuelo
es el mismo que los que dejan sus puestos, nada cambia en la forma
en que llegarán a Tokio. Despega el avión y los pasajeros siguen
seguros, confían en que van hacia el destino acordado en Bogotá.
Carrillo, compara ese viaje con la necesidad de que en el país
se hagan planes para su desarrollo, se acuerden las etapas de
éste, y su destino final se tenga como un derrotero seguro para
todos los ciudadanos en Colombia. Planes de desarrollo, inversión
y fiscales a largo plazo; leyes y políticas claras y estables
que regulen y dirijan los planes por encima de los gobiernos de
turno. Eso es lo que haría factible la inversión, el crédito para
el sector, la implementación real de los procesos de mejoramiento
de competitividad y productividad, y el aprovechamiento sostenido
de los mercados internacionales a través de la exportación sin
desabastecer el mercado interno.
Si
bien la responsabilidad parece del gobierno únicamente, no es
así. Carrillo fue enfático en señalar que lo empresarios deben
ser más abiertos y cambiar algunas costumbre parroquiales y apostar
por la necesidad de modernizarse, contar con procesos con mayor
apoyo tecnológico e invertir en la capacitación de sus trabajadores
para mejorar el valor agregado de su producto final.
Otra
de las condiciones que Carrillo enfatizó como indispensable, fue
la responsabilidad que le corresponde asumir a cada colombiano
al elegir los pilotos que van a conducir nuestros aviones: "Somos
los dueños accionistas de una gran empresa, que debe elegir con
cuidado y responsabilidad quién va ser el encargado pilotear en
nuestro viaje y hacernos llegar al destino acordado con seguridad",
concluyó Carrillo.
Respecto
a la integración de Colombia al ALCA, Carrillo fue muy preciso
al decir que los pequeños y medianos empresarios tienen temor
de que la llegada del 2005, año en que debe iniciar la implementación
de políticas para la Zona de Libre Comercio en América, sea el
comienzo de una catástrofe como la de la apertura impuesta desde
1990.
"Sin crédito para mejorar nuestra competitividad, sin recursos
para que nuestra producción aumente y podamos sostener un ritmo
para la exportación, sin la puesta en marcha de planes para el
estímulo de la investigación, la ciencia y el desarrollo de tecnologías
que sean más baratas en el mercado nacional, con una población
empobrecida sin posibilidades reales de educarse para la globalización,
es una tontería entrar a un mercado común en el que tenemos más
para perder que ganar", explicó el Presidente de Acopi.
Sin
un verdadero acuerdo para que en el país todo se disponga en pos
de trabajar hacia el ALCA, si no se aprovecha el lapso desde el
2001 hasta el 2005 en conseguir orden, eficiencia y calidad para
competir, las grandes economías del continente van a llegar a
Colombia para comprar barato y pagar lo mínimo. Las consecuencias
de un mal negocio en el que el país abre sus puertas para dejar
entrar y no tiene como salir serán mayores y peores que las de
la apertura mal hecha de 1990, señaló Carrillo.
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