El Pasillo
Es
otra de las tradiciones
folklóricas andinas
que se hicieron populares
desde el siglo XIX. Es
una de las variantes
del vals europeo, convertido
en baile de moda, con
ritmo más rápido
o sea de pasillo. Una
de sus formas de variación
en el siglo XIX fue la "capuchinada" o
vals nacional rápido.
En los años de
transición del
XIX al XX se convirtió en
el ritmo de moda de los
compositores colombianos;
era el más solicitado
por los jóvenes
y el más escuchado
en las tertulias santafereñas
a estilo de "Rondinella", "La
gata golosa", "Patasdilo" y
otras.
En
la interpretación
de los pasillos encontramos
dos tipos representativos:
el pasillo fiestero instrumental,
que es el más
característico
de las fiestas populares,
bailes de casorios y
de garrote; se confunden
con la típica
banda de música
de los pueblos, con los
fuegos de pólvora,
retretas, corridas, etc.
El pasillo lento vocal
o instrumental, es característico
de los cantos enamorados,
desilusiones, luto y
recuerdos; es el típico
de las serenatas y de
las reuniones sociales
de cantos y en aquellos
momentos de descanso
musical, cuando se quiere
recordar.
El
pasillo colombiano
presenta semejanzas
con el "valse" de
Venezuela, el "sanjuanito" del
Ecuador y el "valsecito" de
Costa Rica". Con
el pasillo colombiano
se hicieron populares
las danzas, bailes relacionados
con la contradanza europea
y la habanera cubana.
Era un baile de salón
y de fiestas de familia,
muy apetecido en Colombia
y en especial en Antioquia
y Caldas.
El folklore musical
andino es el
Bunde conocido
en el Tolima y el litoral
Pacífico. Parece
que sus orígenes
remotos se extienden
hasta los cantos "wunde" de
la Sierra Leona en África
Occidental. Desde finales
de la Colonia se conocen
los "bundes" como
bailes populares; según
la tradición,
la heroína santandereana
Manuela Beltrán
se reputaba como "bundelera".
Se conoció asimismo
en Antioquia, Cartagena
y Tolima; en el Valle
y Chocó encontramos
bundes como cantos para
ritos funerarios y para
honrar a los santos patronos,
como el "bunde San
Antonio".
En
el Tolima el bunde
ha significado una
mezcla de ritmos o
ensaladilla de música, con
melodías cadenciosas
influenciadas por las
interpretaciones de guabinas
y bambucos y las supervivencias
folklóricas de
los "opitas";
uno de los clásicos
es el "Bunde tolimense" de
Alberto Castilla, el
cual recoge la tipicidad
tradicional folklórica
tolimense". Los
estudios folklóricos
han profundizado más
en el bunde del litoral
Pacífico de procedencia
negra, el cual se baila
por parejas en forma
circular; son interpretados
con flauta de caña,
el conuno y el tambor.
En
el Tolima Grande (Tolima
y Huila) se cantan
y bailan los sanjuaneros
y los rajaleñas,
junto con los bambucos,
guabinas, bundes y pasillos.
El Sanjuanero es una
mezcla rítmica
entre bambuco y joropo,
muy típico de
las fiestas de San Juan
y San Pedro. Los Rajaleñas
son coplas picarescas
de los opitas, las cuales
se interpretan con flautas,
tiples, tamboras y caránganos.
Numerosas
danzas, cantos y ritmos
han sido detectados en
el folklore andino, caracterizado
por su gran variedad. En
el baile de la perdiz,
con paso de bambuco, el
hombre llama a la perdiz
con un silbido. En la manta
jilada se expresa el oficio
de hilar una manta; se
menciona asimismo las supervivencias
españolas,
e indígenas en la
ronda, la matarredonda,
la mejorana, las cintureras,
la copa, etc.
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