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El
Sombrerón
Es el
fantasma en pena de alguien
que en vida jamás
tuvo definiciones. Alto,
todo vestido de negro,
entra en los pueblos,
da rodeos en el alba y
envuelto en el silencio
se retira con el rostro
encendido por el ala siniestra
de la bruma.
Vagabundo
de los esteros bajo la
luz de la luna, el Sombrerón
alguna vez estuvo enamorado
y quiso viajar a países
de viento y estrella dorada
y lo atrajo el mundo y
su incesante círculo
de fuego y ceniza. Pero,
cómplice de la
amapola y los pantanos,
se detuvo siempre en los
umbrales indeciso como
el murciélago ante
la luz. Ahora, cubierto
por el sombrero y la ruana,
todo se le oculta y perros
feroces lo siguen con
grandes cadenas en la
calígine de los
abismos.
Si,
caballero de los chamones
y los horizontes lívidos,
el sombrerón se
aleja entre los charcos.
Sabe que jamás
poseerá el secreto
de las crisálidas.
Desprovisto de deseos
y con la mirada extraviada,
se adentra en el paisaje
del crepúsculo.
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