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La
Candileja
Mártir
de la violencia, la Candileja
es el espectro de una
mujer asesinada en el
Valle de las Tristezas.
Dicen que fue quemada
viva con los hijos dentro
de su casa. Desde entonces,
convertida en fuego frecuenta
los lugares en ruinas,
las crecientes de los
ríos y los caminos
solitarios. Aparece en
el alba cuando aún
el gallo no ha cantado
y como un meteoro se estrella
con los cercos, se agita
en el copo de los árboles
o se echa a rodar por
los pastos.
Amiga
de los cocuyos, la Candileja
en los días de
viento quisiera ser coro
de enredadera, canto de
arrendajo en la montaña.
Zarza ungida de violencia,
aunque la Candileja nunca
se apacigua en su dolor
ígneo, algunas
noches en que los ríos
están apacibles
y cubiertos de cámbulos,
de aromas de dindes, ella
quisiera detenerse y tomar
agua y tal vez bañarse
en la sombra para quitarse
tanto ardor y despojarse
de toda la ceniza.
Reina
salvaje coronada de rescoldos
que se avivan con la memoria,
la Candileja, sin embargo,
espanta a los caballos
y los jinetes que se aventuran
en la noche. Inicia las
quemas de los bosques:
Grandes incendios, grandes
sequías, precipita
su presencia de llama
en los tiempos en que
se aviva su dolor. Por
eso los hombres le temen.
Saben que ni los rezos
ni las bendiciones ahuyentan
su furia.
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