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La
Madre de Agua
Es un
ser anfibio que prefiere
vivir la mayor parte del
tiempo bajo el agua. Allí,
en las profundidades de
los ríos, entre
las algas, recorre sus
viviendas de obsidiana
y de despojos de crustáceos.
Allí como una ninfa
acuátil, apoyada
en un bastón de
coral, desteje la red
de su amargura. Con la
mirada perdida busca a
su joven amante indio,
al hijo que fuera arrojado
a la corriente por el
abuelo español
que nunca aprobó
su amor por el aborigen.
Madre
del río, pequeña
sonámbula de los
silenciosos arrecifes,
además de su inclinación
por la transparencia,
las nubes y los pájaros,
la Madre de Agua desea
a los niños. Con
sonidos de caracol, con
mensajes de mariposa de
cristal, con ramos de
flores blancas que alumbran
en recámaras de
sílice, los atrae
hasta el borde del río.
Aquellos que han visto
los visajes del rostro
en los espejos del agua,
enferman y sin poder olvidar
corren al abismo en busca
de los cabellos de oro
y del espejismo de la
cantora de ojos azules.
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