|
INTRODUCCIÓN
Colombia se encuentra en el umbral del siglo XXI, orgullosa
pero amenazada, frente al reto histórico de establecer
y consolidar una sociedad dentro de la cual el Estado
pueda ejercer su verdadera autoridad y cumplir con sus
obligaciones fundamentales, de acuerdo con la Constitución
Política:
".... Servir a
la comunidad, promover la prosperidad general y garantizar
la efectividad de los principios, derechos y deberes
consagrados en la Constitución; facilitar la
participación de todos en las decisiones que
los afectan y en la vida económica, política,
administrativa y cultural de la nación; defender
la independencia nacional, mantener la integridad territorial
y asegurar la convivencia pacífica y la vigencia
de un orden justo. ".
Hoy, todos estos objetivos
están en juego. Nuestra mayor responsabilidad
como gobierno es construir un país mejor y más
seguro para las generaciones de hoy y mañana
y asegurar que el Estado sea una fuerza más eficaz
para la tranquilidad, la prosperidad y el progreso nacionales.
Debemos construir un Estado de justicia social que proteja
a todos los ciudadanos y mantenga vigentes sus derechos
a la vida, la dignidad y la propiedad, la libertad de
creencia, opinión y de prensa.
Para que este propósito
fundamental se vuelva realidad para Colombia, debemos
superar las dificultades y situaciones cambiantes del
ámbito nacional e internacional. Debemos enfrentar
los retos de una economía internacionalizada
y otros heredados de nuestra historia y evolución.
Nuestros retos determinantes se han originado en la
proliferación del narcotráfico y en el
impacto económico, político y social del
proceso de globalización.
No cabe duda que Colombia
padece de los problemas de un Estado que aún
no ha sabido consolidar su poder, una falta de confianza
en la capacidad de sus fuerzas armadas, policía
y sistema judicial, de garantizar la permanencia del
orden y la seguridad; una crisis de credibilidad en
los distintos niveles y en las varias instancias de
gobierno; y corrupción en la conducta de los
sectores público y privado. Todo esto ha sido
fomentado y agravado por los desestabilizadores efectos
del narcotráfico, el cual, con sus vastos recursos
económicos ha venido generando una violencia
indiscriminada, y al mismo tiempo ha socavado nuestros
valores hasta un punto comparable solamente con la era
de la prohibición en los Estados Unidos.
De esta forma, y a pesar
de haber logrado 40 años de crecimiento continuo,
la economía colombiana no ha podido canalizar
los beneficios de su prosperidad hacia el pueblo en
general, ni ha logrado disminuir sus niveles de pobreza
en forma significativa. La violencia y la corrupción,
alimentados por el narcotráfico, han generado
desconfianza entre los inversionistas extranjeros, hecho
que ha sido uno de los mayores obstáculos en
nuestro camino hacia la modernización. La inversión
extranjera es un elemento esencial en la generación
de empleo y en el logro de una posición estable
y próspera para Colombia en un mundo ahora globalizado.
En resumen, las aspiraciones
del pueblo colombiano, y las labores de su gobierno,
han sido frustradas por el narcotráfico, y esto
ha dificultado los esfuerzos del gobierno en el cumplimiento
de sus deberes constitucionales. Un círculo vicioso
y perverso de violencia y corrupción ha agotado
los recursos indispensables para la construcción
y éxito de un Estado moderno.
Entendemos que el logro
de nuestros objetivos dependerá de un proceso
social y de gobierno que probablemente durará
muchos años, años en los cuales será
de vital importancia obtener un consenso duradero dentro
de la sociedad donde la gente entienda y exija sus derechos,
al tiempo que esté dispuesta a cumplir con sus
deberes.
Frente a todo esto,
mi gobierno tiene el compromiso inexorable de fortalecer
al Estado, recuperar la confianza de nuestros ciudadanos
y restaurar las normas básicas de una sociedad
pacífica. El logro de la paz no es cuestión
de una simple voluntad de hacerla; la paz se debe construir;
y sólo nos llegará mediante la estabilización
del Estado y una mayor capacidad de garantizar a cada
uno de los ciudadanos, en todo el país, que tendrán
seguridad y la libertad para ejercer sus derechos y
libertades.
Las negociaciones con
los grupos insurgentes, ya iniciadas por mi gobierno,
constituyen el núcleo de nuestra estrategia,
ya que es crítico resolver un conflicto que ya
lleva 40 años como fuente de obstáculos
para la creación del Estado moderno y progresista
en que Colombia debe convertirse con urgencia. La búsqueda
de la paz y la defensa de las instituciones democráticas
exigirán esfuerzos continuos, fe y persistencia
para combatir con éxito las presiones y dudas
inherentes en un proceso tan lleno de dificultades.
La lucha contra el narcotráfico
es otro de los temas importantes del Plan Colombia.
Nuestra estrategia busca adelantar una alianza entre
los países productores y los países consumidores
de narcóticos, basada en los principios de reciprocidad
e igualdad. El tráfico en drogas ilícitas
constituye una amenaza transnacional compleja, una fuerza
destructora en todas nuestras sociedades, que conlleva
consecuencias inimaginables para los consumidores del
veneno, y efectos arrolladores a partir de la violencia
y corrupción que generan sus inmensas ganancias.
La solución no se logrará con recriminaciones
mutuas entre países productores y consumidores.
Nuestros esfuerzos nunca serán suficientes a
menos que formen parte de una alianza de alcance realmente
internacional para combatir el narcotráfico.
Colombia ha demostrado
su indeclinable compromiso y ha sufrido grandes sacrificios
en la búsqueda de una solución definitiva
al fenómeno del narcotráfico, al conflicto
armado, a las violaciones de derechos humanos y a la
destrucción del medio ambiente ocasionada por
los cultivos ilícitos.
Sin embargo, debemos
reconocer que ahora, veinte años después
de la llegada de los cultivos de marihuana a Colombia,
junto con un aumento en la producción de coca
y amapola, el narcotráfico sigue creciendo en
importancia como fuerza desestabilizadora; es una causa
de distorsiones en nuestra economía, de una reversa
en los avances logrados en la redistribución
de tierras, una fuente de corrupción en la sociedad,
un multiplicador de la violencia, y un factor negativo
en el clima de inversión y lo que es más
grave de todo sirve como fuente de los crecientes recursos
de los grupos armados.
Colombia ha asumido
el liderazgo en la lucha mundial contra las drogas,
en sus enfrentamientos con los carteles, y a costa de
las vidas de muchos de sus mejores ciudadanos. Hoy,
cuando el narcotráfico tiene una estructura más
dispersa, más internacional y más oculta
y que por ello es más difícil de combatir
el mundo sigue ensayando nuevas estrategias. Actualmente
se destinan mayores recursos a la educación y
a la prevención que en épocas anteriores.
Los resultados se pueden ver en los niveles más
altos de decomiso y expropiación de fondos y
propiedades producto del narcotráfico. Recientemente,
Colombia ha montado operaciones para destruir los laboratorios
y redes de distribución. Estamos mejorando y
fortaleciendo la seguridad y el control de nuestros
ríos y espacio aéreo con el fin de garantizar
mayores decomisos, y estamos estudiando nuevos métodos
de erradicación de los cultivos ilícitos.
Los factores directamente relacionados con el narcotráfico,
tales como el lavado de activos, el contrabando de precursores
químicos y el tráfico de armas, son componentes
de un problema polifacético que exige una reacción
en todas partes del mundo donde hay producción,
transporte o consumo de drogas ilícitas.
En el camino hacia el
éxito, también necesitamos reformas en
el corazón de nuestras instituciones, especialmente
en las fuerzas armadas, con el fin de apoyar la ley
y recuperar la confianza y la seguridad para todos los
colombianos en todos los rincones del país. Para
consolidar y mantener el estado de derecho, es indispensable
tener unas fuerzas armadas y de policía fuertes,
responsables y ágiles en su respuesta, con un
compromiso contundente por la paz y el respeto a los
derechos humanos. Trabajaremos incansablemente hacia
el éxito, convencidos que nuestra obligación
primordial como gobierno es garantizar que nuestros
ciudadanos puedan ejercer sus derechos y libertades
fundamentales sin miedo.
Pero al mismo tiempo
la estrategia para la paz y el progreso depende de la
reforma y modernización de otras instituciones,
para que el proceso político pueda funcionar
como un instrumento eficaz de progreso económico
y de justicia social. En este sentido, debemos disminuir
las causas y factores que generan violencia, mediante
la apertura de nuevos caminos hacia la participación
social y la creación de una conciencia colectiva
que responsabilice al gobierno por los resultados. Nuestra
estrategia en esta área incluye una iniciativa
específica para garantizar que dentro de cinco
años habrá acceso universal a la educación
y un sistema de salud adecuado, con especial atención
para los sectores más vulnerables y abandonados.
Adicionalmente, trataremos de fortalecer la administración
local a fin de hacerla más sensible y de más
ágil respuesta a las necesidades del ciudadano.
Asimismo, fomentaremos una participación activa
del pueblo en general en la lucha contra la corrupción,
el secuestro, la violencia y el desplazamiento de las
personas y comunidades de zonas de conflicto.
Por último, Colombia
necesita ayuda para fortalecer su economía y
para generar empleo. El país necesita un mejor
y más justo acceso a los mercados internacionales
donde nuestros productos son competitivos. La colaboración
de los Estados Unidos, de la Comunidad Europea y del
resto de la comunidad internacional es indispensable
para el desarrollo económico del país.
Ese mismo desarrollo servirá como una fuerza
para combatir el narcotráfico, ya que promete
alternativas de empleo lícito para las personas
que de otra manera recurrirían al crimen organizado
o a los grupos insurgentes que se alimentan del narcotráfico.
Estamos convencidos que el primer paso hacia una globalización
en el sentido real de la palabra es la creación
de una solidaridad global. Por ello Colombia busca el
apoyo de sus socios en esta empresa. No podemos tener
éxito sin programas de desarrollo alternativo
en las áreas rurales y de un mejor acceso a otros
países para nuestras exportaciones lícitas.
Esta es la única manera de contrarrestar el tráfico
de drogas.
Hay razones para ser
optimistas sobre el futuro de Colombia, especialmente
si recibimos una respuesta positiva de la comunidad
internacional en nuestros esfuerzos para crear una prosperidad
general acompañada de justicia social. Esto permitirá
que los colombianos avancemos hacia una paz duradera.
El filósofo español
Miguel de Unamuno dijo que "La fe no es creer en
lo invisible, sino crearlo". Hoy una Colombia en
paz, progresista y libre de drogas es un ideal invisible;
pero estamos comprometidos en hacerlo una realidad en
el futuro. Con un compromiso pleno, toda nuestra determinación
y recursos, y con la solidaridad y apoyo de nuestros
aliados internacionales en la lucha común contra
el flagelo del narcotráfico, podremos forjar
y forjaremos una nueva realidad, una Colombia moderna,
democrática y pacífica, que entrará
al nuevo milenio en plena prosperidad, no en el vilo
de la subsistencia, y sobre todo con orgullo y dignidad
como miembro de la comunidad mundial.
Plan Colombia: plan para la paz,
la prosperidad y el fortalecimiento del Estado.
En el umbral del Siglo XXI, Colombia enfrenta el reto
de la consolidación de las responsabilidades
centrales del Estado. Debe recuperar la confianza entre
sus ciudadanos, y dentro de este proceso, las normas
básicas de convivencia social.
Es compromiso del gobierno
recuperar las responsabilidades centrales del Estado:
la promoción de la democracia, el monopolio de
la aplicación de la justicia, la integridad territorial,
la generación de condiciones para empleo, el
respeto por los derechos humanos y dignidad humana,
y la conservación del orden público.
Las debilidades de un
Estado que todavía se encuentra involucrado en
un proceso de consolidación han sido agravadas
por las fuerzas desestabilizadoras del narcotráfico.
Las reformas progresistas de principios de los noventa
abrieron las puertas a una época de mejores oportunidades
para los colombianos, pero fueron distorsionadas y compenetradas
por influencias corruptoras en círculos tanto
económicos como políticos; fomentando
la violencia y la corrupción. Recientemente,
la relación financiera entre los varios grupos
armados y los narcotraficantes ha logrado intensificar
el conflicto armado, y ha limitado la capacidad del
Estado para cumplir con sus responsabilidades más
importantes.
La recuperación
de esta capacidad por parte del Estado exige un proceso
de reconstrucción de la sociedad y de la comunidad.
En este sentido, la paz no es una cuestión simplemente
de voluntad política. Por el contrario, se tiene
que construir la paz gradualmente, y para ello debe
haber avances en la institucionalización y en
el fortalecimiento del Estado con el fin de garantizar
la seguridad y el respeto por los derechos y libertades
de todos los ciudadanos, en todas partes del territorio
nacional.
Un punto central en
la estrategia consiste en las negociaciones con la guerrilla,
que busca poner fin a conflictos que han tenido cambios
profundos con el paso del tiempo. Si esta estrategia
es exitosa, ello facilitará el proceso de la
construcción de la sociedad, además, un
acuerdo de paz negociado con la guerrilla sobre la base
de la integridad territorial, la democracia y los derechos
humanos fortalecería el estado de derecho y la
lucha contra el narcotráfico.
Al mismo tiempo, la
paz también requiere de actividades económicas
fuertes y viables para que el ciudadano pueda mejorar
sus condiciones sociales y económicas, creando
así condiciones apropiadas para una conciliación
duradera. El gobierno ha propuesto una estrategia económica,
complementada con una estrategia de desarrollo alternativo
para lograr esta meta y para ofrecer incentivos para
reducir los cultivos ilícitos. Su meta es promover
nuevas actividades económicas y actividades alternativas
en la agricultura con atención especial a la
recuperación del medio ambiente y a la protección
de los ecosistemas frágiles que han sido amenazados
por los cultivos ilícitos. La estrategia se forma
con base en esquemas de participación que involucran
el sector privado, el Estado y los beneficiarios mediante
acciones orientadas hacia la demanda que se encuentra
ligada a los mercados nacionales e internacionales.
Un propósito
central de la estrategia también es la formación
de una visión colectiva entre el país
consumidor, el país productor y los demás
países involucrados en la cadena de las drogas
ilícitas, aplicando los principios básicos
de reciprocidad e igualdad. Esta alianza debe facilitar
una respuesta concertada a las amenazas del narcotráfico,
una de las actividades más rentables del mundo.
El narcotráfico no sólo ha aumentado la
corrupción dentro de la sociedad y disminuido
la confianza en las actividades comerciales lícitas,
sino que también ha alimentado el conflicto.
Representa una fuente internacionalizada de financiación
para los diferentes grupos armados, y ha ayudado a aumentar
su influencia económica y su control territorial.
En Colombia y en otros países, con la elaboración
e implantación de una estrategia integral para
combatir los elementos principales responsables por
los cultivos ilícitos, la lucha contra el narcotráfico
ha logrado resultados positivos que beneficiarán
tanto a Colombia como al resto del mundo.
Colombia ha venido trabajando
hacia estos objetivos y ha logrado éxitos notables
en la lucha contra los carteles de la droga y el narcoterrorismo.
Sin embargo, hoy Colombia enfrenta la peor crisis económica
de su historia. Desgraciadamente, la capacidad del gobierno
de resolver el problema está especialmente limitada
en un momento cuando la violencia, intensificada por
el narcotráfico, se encuentra en auge.
Las diez estrategias del Plan Colombia.
1. Una estrategia económica que genere empleo,
que fortalezca la capacidad del Estado para recaudar
impuestos, y que ofrezca una fuerza económica
viable para contrarrestar el narcotráfico. La
expansión del comercio internacional, acompañada
por un mejor acceso a los mercados extranjeros y de
acuerdos de libre comercio que atraigan inversión
extranjera e interna son factores claves en la modernización
de nuestra base económica y para la generación
de empleo. Dicha estrategia es esencial en un momento
en que Colombia enfrenta su peor crisis económica
en 70 años, con un desempleo hasta del 20 por
ciento, lo cual a su vez limita severamente la capacidad
del gobierno para luchar contra el narcotráfico
y la violencia que éste genera.
2. Una estrategia fiscal
y financiera que adopte medidas severas de austeridad
y ajuste con el fin de fomentar la actividad económica,
y de recuperar el prestigio tradicional de Colombia
en los mercados financieros internacionales.
3. Una estrategia de
paz que se apunte a unos acuerdos de paz negociados
con la guerrilla con base en la integridad territorial,
la democracia y los derechos humanos, que además
deban fortalecer el estado de derecho y la lucha contra
el narcotráfico.
4. Una estrategia para
la defensa nacional para reestructurar y modernizar
las fuerzas armadas y la Policía, para que estos
recuperen el estado de derecho, y proporcionen seguridad
en todo el territorio nacional, en contra del delito
organizado y los grupos armados y para proteger y promover
los derechos humanos y el Derecho Internacional Humanitario.
5. Una estrategia judicial
y de derechos humanos, con el fin de reafirmar el estado
de derecho y para asegurar una justicia igualitaria
e imparcial para todos, y al mismo tiempo que promueva
las reformas ya iniciadas en las fuerzas militares y
la Policía para garantizar que éstas cumplan
con su papel en la defensa y respeto de los derechos
y la dignidad de todos.
6. Una estrategia antinarcóticos,
en asocio con los demás países involucrados
en algunos o todos los eslabones de la cadena: la producción,
distribución, comercialización, consumo,
lavado de activos, de precursores y de otros insumos,
y el trafico de armas, para combatir todos los componentes
del ciclo de las drogas ilícitas, y para impedir
el flujo de los productos de dicho tráfico que
alimenta la violencia hacia la guerrilla y otras organizaciones
armadas.
7. Una estrategia de
desarrollo alternativo, que fomente esquemas agropecuarios
y otras actividades económicas rentables para
los campesinos y sus familias. El desarrollo alternativo
también contempla actividades de protección
ambiental que sean económicamente factibles,
con el fin de conservar las áreas selváticas
y poner fin a la expansión peligrosa de los cultivos
ilícitos sobre la Cuenca Amazónica y sobre
los vastos parques naturales que son a la vez áreas
de una biodiversidad inmensa y de importancia ambiental
vital para la comunidad internacional.
Dentro de este marco, la estrategia incluye proyectos
productivos sostenibles, integrales y participativos,
en combinación con la infraestructura necesaria
y dedica atención especial a las regiones que
combinan altos niveles de conflicto con bajos niveles
de presencia del Estado, un capital social frágil
y degradación grave del medio ambiente, como
son el Magdalena Medio, el Macizo Colombiano y el suroccidente
de Colombia.
8. Una estrategia de
participación social que apunte a una concientización
colectiva. Esta estrategia busca desarrollar una mayor
responsabilidad dentro del gobierno local, el compromiso
de la comunidad en los esfuerzos anticorrupción
y una presión constante sobre la guerrilla y
sobre los demás grupos armados, con el fin de
eliminar los secuestros, la violencia y el desplazamiento
interno de individuos y comunidades.
Esta estrategia también incluye la colaboración
con empresarios locales y grupos laborales, con el fin
de promover modelos innovadores y productivos para así
enfrentar una economía más globalizada,
fortalecer de este modo nuestras comunidades agropecuarias
y reducir los riesgos de violencia rural.
Adicionalmente, esta estrategia busca fortalecer las
instituciones formales y no formales que fomenten cambios
en los patrones culturales a través de los cuales
se desarrolla la violencia, y que se fortalezcan. Además
incluye la promoción de mecanismos y programas
pedagógicos para aumentar la tolerancia, los
valores esenciales de la convivencia y la participación
en asuntos públicos.
9. Una estrategia de desarrollo humano que garantice
servicios de salud y de educación adecuados para
todos los grupos vulnerables de nuestra sociedad durante
los próximos años, especialmente incluidos
no solamente los desplazados o afectados por la violencia,
sino también los sectores sumergidos en condiciones
de pobreza absoluta.
10. Una estrategia de
orientación internacional que confirme los principios
de corresponsabilidad, acción integrada y tratamiento
equilibrado para el problema de la droga. Se deben tomar
acciones simultáneas contra todos los eslabones
de la cadena de este flagelo. Asimismo, el costo de
dicha acción y de sus soluciones debe recaer
sobre los países involucrados habida cuenta de
su capacidad económica individual. El papel de
la comunidad internacional también es vital para
el éxito del proceso de paz, de acuerdo con los
términos del derecho internacional y con el consentimiento
del gobierno colombiano.
|