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"ENTRE ESPERANZAS E INCERTIDUMBRES"
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Alejo
Vargas Velásquez
Politólogo |
Alejo
Vargas Velásquez
Profesor Asociado Universidad Nacional
Este
año concluyó para los colombianos entre
esperanzas e incertidumbres y así va a comenzar
el 2003. Concluido el período Pastrana, que nos
dejó bastante defraudados en casi todos los campos,
el inicio del gobierno Uribe despertó una desmedida
expectativa, por contraste con el gobierno anterior.
Un
balance de lo heredado por Pastrana a Uribe es poco
positivo:
1) le apostó su capital político al proceso
de negociaciones con las FARC y el intento terminó
en una frustración más, y algo peor, estimuló
en sectores de la opinión nacional una actitud
contraria a la salida política negociada y propensa
a la ilusión de la victoria militar fácil
y rápida; una buena cuota de responsabilidad
por lo anterior se le debe adjudicar a las FARC. A los
otros actores del conflicto armado los ignoró
o subestimó todo el tiempo y ahí de nuevo
se equivocó.
2) Prometió una reforma política, incluido
un referendo pactado con la senadora Ingrid Betancur
y al final no hubo reforma, ni grande ni chica, pero
sí creó una gran crisis institucional.
3) La economía colombiana vivió bajo su
gobierno el peor desempeño del último
medio siglo y los índices de crecimiento o mejor
decrecimiento económico y de la crisis social
lo evidencian.
4) El campo positivo fue el de las relaciones exteriores,
con su diplomacia para la paz, que permitió que
la comunidad internacional se centrara en el caso colombiano
y que la guerrilla viviera un proceso de aislamiento
y descrédito internacional.
Frente
a un Presidente que daba la sensación de que
le quedaba grande su responsabilidad o de estar 'aburrido'
ejerciendo su cargo, Álvaro Uribe, por el contrario,
encarna la imagen de un líder deseoso de gobernar
y de asumir la dirección de los temas sensibles
para los colombianos: la seguridad, la economía,
las relaciones con las regiones. Frente a la sensación
de desgobierno que transmitía Pastrana al final
de su gobierno, Uribe proyecta la sensación de
que ahora sí hay gobierno, que hay un doliente
de los asuntos del Estado. El contraste con la actitud
del Presidente Uribe sobredimensionó las expectativas
sociales.
Y
efectivamente, los principales cambios en lo transcurrido
del actual gobierno han estado en el campo de lo simbólico.
Hay más sensaciones que realidades. En la actitud
de la Fuerza Pública: hasta el momento lo que
ha tenido disponible el Presidente Uribe son las Fuerzas
Armadas heredadas del proceso de reingeniería
y modernización de los gobiernos anteriores,
pero lo que ha cambiado es la sensación de que
hay un comandante en jefe al frente de las mismas. Los
resultados son positivos en cuanto hace a recuperación
de seguridad en carreteras, pero lo fundamental es la
sensación de que ha cambiado la actitud de las
mismas y que ahora se encuentran a la ofensiva y esto
es importante en cuanto hace a apoyos políticos
para ellas. En el campo económico: los resultados
no han sido tampoco significativos, pero la sensación
es que hay un mejor ambiente para los negocios y que
las reformas (recomendadas o impuestas por el FMI) van
a posibilitar en los próximos años que
haya una reactivación de la economía.
Lo
anterior hace que paradójicamente exista un ambiente
de esperanza, acompañado de incertidumbre. Esperanza
de que las políticas den resultado, en el campo
de la seguridad, en la reactivación de la economía,
en la generación de empleo y la disminución
de la pobreza. Pero al mismo tiempo incertidumbre, por
lo imprevisible de una ofensiva guerrillera con el terrorismo
que seguramente conllevara, con un sacrificio económico
que no logre hacer que la economía despegue,
con una crisis social que se profundice y conlleve mayor
descontento y protesta social y la ingobernabilidad
asociada. Luces y sombras en el cielo colombiano.
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