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diciembre 20 de 2002
 
 
 
 


"ENTRE ESPERANZAS E INCERTIDUMBRES"

Alejo Vargas Velásquez
Politólogo

Alejo Vargas Velásquez
Profesor Asociado Universidad Naciona
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Este año concluyó para los colombianos entre esperanzas e incertidumbres y así va a comenzar el 2003. Concluido el período Pastrana, que nos dejó bastante defraudados en casi todos los campos, el inicio del gobierno Uribe despertó una desmedida expectativa, por contraste con el gobierno anterior.

Un balance de lo heredado por Pastrana a Uribe es poco positivo:

1) le apostó su capital político al proceso de negociaciones con las FARC y el intento terminó en una frustración más, y algo peor, estimuló en sectores de la opinión nacional una actitud contraria a la salida política negociada y propensa a la ilusión de la victoria militar fácil y rápida; una buena cuota de responsabilidad por lo anterior se le debe adjudicar a las FARC. A los otros actores del conflicto armado los ignoró o subestimó todo el tiempo y ahí de nuevo se equivocó.

2) Prometió una reforma política, incluido un referendo pactado con la senadora Ingrid Betancur y al final no hubo reforma, ni grande ni chica, pero sí creó una gran crisis institucional.

3) La economía colombiana vivió bajo su gobierno el peor desempeño del último medio siglo y los índices de crecimiento o mejor decrecimiento económico y de la crisis social lo evidencian.

4) El campo positivo fue el de las relaciones exteriores, con su diplomacia para la paz, que permitió que la comunidad internacional se centrara en el caso colombiano y que la guerrilla viviera un proceso de aislamiento y descrédito internacional.

Frente a un Presidente que daba la sensación de que le quedaba grande su responsabilidad o de estar 'aburrido' ejerciendo su cargo, Álvaro Uribe, por el contrario, encarna la imagen de un líder deseoso de gobernar y de asumir la dirección de los temas sensibles para los colombianos: la seguridad, la economía, las relaciones con las regiones. Frente a la sensación de desgobierno que transmitía Pastrana al final de su gobierno, Uribe proyecta la sensación de que ahora sí hay gobierno, que hay un doliente de los asuntos del Estado. El contraste con la actitud del Presidente Uribe sobredimensionó las expectativas sociales.

Y efectivamente, los principales cambios en lo transcurrido del actual gobierno han estado en el campo de lo simbólico. Hay más sensaciones que realidades. En la actitud de la Fuerza Pública: hasta el momento lo que ha tenido disponible el Presidente Uribe son las Fuerzas Armadas heredadas del proceso de reingeniería y modernización de los gobiernos anteriores, pero lo que ha cambiado es la sensación de que hay un comandante en jefe al frente de las mismas. Los resultados son positivos en cuanto hace a recuperación de seguridad en carreteras, pero lo fundamental es la sensación de que ha cambiado la actitud de las mismas y que ahora se encuentran a la ofensiva y esto es importante en cuanto hace a apoyos políticos para ellas. En el campo económico: los resultados no han sido tampoco significativos, pero la sensación es que hay un mejor ambiente para los negocios y que las reformas (recomendadas o impuestas por el FMI) van a posibilitar en los próximos años que haya una reactivación de la economía.

Lo anterior hace que paradójicamente exista un ambiente de esperanza, acompañado de incertidumbre. Esperanza de que las políticas den resultado, en el campo de la seguridad, en la reactivación de la economía, en la generación de empleo y la disminución de la pobreza. Pero al mismo tiempo incertidumbre, por lo imprevisible de una ofensiva guerrillera con el terrorismo que seguramente conllevara, con un sacrificio económico que no logre hacer que la economía despegue, con una crisis social que se profundice y conlleve mayor descontento y protesta social y la ingobernabilidad asociada. Luces y sombras en el cielo colombiano.