Colombia
ocupa sólo el 0.7% de la superficie terrestre,
y a pesar de ello, cuenta con el 10% de toda la diversidad
biológica que tiene la tierra. Esta riqueza incluye
bosques tropicales que se extienden por casi 680 mil kilómetros
(más de la mitad del país), así como
55 mil especies de plantas, 1.721 de aves, 205 de lagartos
y 430 de ranas y sapos.
La madre naturaleza a pesar de sus intentos no ha podido
evitar ni recuperar rápidamente lo que la mano
del hombre ha hecho a su paso. Aunque los cultivos ilícitos
no son la única actividad degeneradora del medio
ambiente, el aumento en su siembra y la cantidad de químicos
que requiere este tipo de cultivos, además de su
procesamiento para convertir la hoja de coca en clorhidrato
de cocaína o la amapola en heroína, sí
es preocupante, teniendo en cuenta que se han extendido
a zonas protegidas y de reserva natural.
Según datos de la Policía Antinarcóticos,
hay presencia de cultivos ilícitos en 18 de los
35 parques naturales que existen en el país. Cabe
aclarar que algunas siembras son pequeñas parcelas
que hacen parte de la tradición cultural de comunidades
étnicas que habitan en estos lugares.
Los
parques naturales que mayor incidencia de los cultivos
ilícitos tienen: Catatumbo, Chiribiquete, Nukak,
Sierra de la Macarena y Tinigua, principalmente.
Para el año 2000, el Catatumbo tenía dos
mil hectáreas de estos sembrados, Chiribiquete
tenía 48, Picachos con 230, Sierra de la Macarena
con 3.400, Nukak con 1.300 y Tinugua con 320, por mencionar
algunos.
Según el coronel Henry Tibaduiza, Jefe de Erradicación
de la Policía Antinarcóticos, por ser éstas
áreas protegidas no se ha podido intervenir para
su erradicación porque la ley no lo permite. "Nosotros
por parte de la Policía, hemos hecho la detección
y se la hemos enviado al Ministerio del Medio Ambiente.
La idea es que el Ministerio haga las tareas correspondientes",
dijo el oficial.
Carreteras ilegales
Entre
otros actos ilegales que afectan las reservas naturales
está la construcción ilegal de carreteras,
especialmente por la guerrilla de las Farc, quienes indiscriminadamente
las realiza con el fin de facilitar el transporte de droga,
insumos químicos, armas y desplazar los secuestrados.
Lugares naturales en donde se presentan carreteras clandestinas
son, en especial, en la región de La Macarena,
Tinigua, Picachos y Sumapaz, territorios que abarca unos
35 mil kilómetros y donde confluyen los ecosistemas
de la Orinoquía, la Amazonía y los Andes,
lo cual la hace una de las más importantes del
mundo.
El trazado de las vías cruza zonas como el Cañón
del Duda, un área selvática localizada entre
los riscos de la Serranía de la Macarena y la Cordillera
Oriental. También atraviesa Caño Cristales,
un río de cinco colores conocido como el más
bello del mundo, y otra corrientes de agua que bajan de
Serranía de la Macarena, como Caño Indio,
Caño Yarumales y Caño Canoas.
Según
un especial realizado por el Ministerio de Defensa, en
1998 Cormacarena, entidad ambiental de la región,
denunció que la guerrilla estaba construyendo carreteras
en zonas donde, además, prohibía el acceso
al público y a las autoridades ambientales.
De igual forma, la Corporación Agraria Regional
(CAR) de Sumapaz entregó un informe técnico
en el que se denuncia que en la zona de presentaban problemas
de "remoción de vegetación, cambio
de uso de los suelos, alteración del paisaje, apertura
de vías alternas y vertimiento de aguas negras
en fuentes de uso público".
Según el Ministerio del Medio Ambiente, para construir
una carreteras se deben tener licencias ambientales, que
generalmente, la solicita el Instituto Nacional de Vías.
El proyecto debe llegar al Ministerio de Medio Ambiente
con la información básica. De esta forma
se determinan las consecuencias ambientales, que de ser
perjudiciales, se inicia un proceso para encontrar nuevas
alternativas.