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Los
fiscales cumplen doble función, investigador
y acusador.
Foto www.colombia.com |
La flexibilidad ha sido una de las características
más sobresalientes del sistema judicial en Colombia,
país históricamente marcado por un alto
índice de violencia y criminalidad que ha ido en
crecimiento no sólo a causa de las falencias sociales,
políticas, educativas y culturales; sino por la
falta de una justicia democrática que esté
abierta sin ningún tipo de discriminación
a toda la ciudadanía.
A pesar de ser Colombia uno de los países con
la más alta criminalidad en el mundo, su justicia
no brinda garantías a los menos favorecidos económicamente
hablando, las denuncias y demandas no compensan los
daños a la víctima, las decisiones judiciales
son lentas, las condenas están lejos de ser ejemplares,
reinan la corrupción y la impunidad, se genera
irrespeto por el sistema judicial y la pérdida
de la confianza en la administración de justicia.
La ineficacia del sistema mixto con tendencia inquisitiva
en Colombia ha provocado, sin ir más atrás,
desde hace más de dos décadas, buscar
la forma de perseguir el crimen de manera efectiva.
En este modelo actualmente vigente, el fiscal investiga
un presunto delito (a raíz de una demanda) y
además, se encarga de juzgar; sistema que no
ha funcionado en el país, ni en muchas otras
partes del mundo que gradualmente han adoptado el modelo
acusatorio para administrar su justicia.
El sistema inquisitivo ha existido desde hace más
de dos décadas, pero sólo desde la redacción
de la nueva constitución en 1991 en el Gobierno
de César Gaviria, se creó oficialmente
la Fiscalía General de la Nación como
la entidad encargada de investigar y acusar a presuntos
delincuentes.
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| En
Colombia existen diez fiscales por cada 100 homicidios.
- Foto www.colombia.com |
Según los expertos, en el fondo lo que se hizo
con la creación de la Fiscalía en el 91
fue cambiar los nombres de los funcionarios. "Con
ello, la creación de la Fiscalía condujo
no a un cambio del sistema de procedimiento, sino que
modificó el nombre a los funcionarios que hasta
el momento eran jueces de instrucción criminal,
por el de fiscales delegados".*
En este sentido, la ley le otorga al fiscal la posibilidad
de investigar al presunto sospechoso (s), obligándolo
a mantener su imparcialidad. Sin embargo, su otra facultad
de dictar medidas judiciales (propia de los jueces),
lo coloca en situación que contradice la primera
responsabilidad.
Además de ser juez y parte, las pruebas y las
determinaciones judiciales tomadas por el fiscal son
remitidas posteriormente a un juez, quien finalmente
es el encargado de dar la última palabra en el
caso.
Con los documentos en mano, el juez debe verificar
si las pruebas y las decisiones del fiscal con correctas.
Este trámite demora el proceso, provoca congestión
y, además, se presentan casos en los que el juez
desecha o ignora el trabajo hecho por la Fiscalía.
El trabajo se puede atrasar aún más,
teniendo en cuenta la tradición escrita del país,
quiere decir, que todos los datos obtenidos durantes
la investigación deben reposar en expedientes,
que en algunos casos superan los cientos de folios y
favorecen así la impunidad.
Impulsadores de la reforma a la fiscalía y al
sistema judicial, como el actual Fiscal General de la
Nación, Luis Camilo Osorio, han enfatizado que
a pesar del aumento que han tenido los fiscales en la
descarga de los procesos, el sistema judicial continúa
congestionándose. Actualmente son más
de 800 mil los casos que se encuentran en espera.
Breve historia judicial
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La
congestión penal llega a 800 mil casos.
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En busca de la mejora de la administración de
justicia, desde 1887 en el país se han expedido
seis códigos de procedimiento penal, los que
en su mayoría, han coincidido en mantener los
mismos elementos que actualmente son materia de discusión
y de cambio con la implementación del nuevo sistema
acusatorio.
Vale destacar que a partir del Código de Procedimiento
Penal de 1987, se dio un tímido paso hacia el
sistema acusatorio, pues existe una figura de juicio
con perfil acusatorio, calificado como una exposición
de alegatos en la mayoría de los casos, y que
en lugar de acelerar el proceso, engrosa el expediente,
pues todo lo dicho verbalmente debe ser trascrito.
"Aún así, los seis códigos
no han resuelto el problema de la impunidad, por retardo
e ineficiencia del aparato judicial".*
1979 fue el año en donde por primera vez se
intentó instaurar un sistema acusatorio (similar
al estadounidense) La reforma constitucional de ese
año creó la Fiscalía General de
la Nación, ente que se encargaría de investigar
con la ayuda de la policía judicial.
La iniciativa que se convirtió en el decreto
181 de 1981, contemplaba que los fiscales debían
requerir al juez para que fuera éste quien adoptara
las decisiones que delimitaran los derechos de los ciudadanos
implicados en el proceso.
Así como contempla la actual reforma aprobada
en el Gobierno de Alvaro Uribe Vélez, la del
79 planteaba el sistema acusatorio, es decir, la separación
de las funciones de acusación y juzgamiento.
Sin embargo, en ese entonces, la Corte Constitucional
la declaró ilegal.
La realidad en cifras
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| Los
fiscales a pesar de aumentar su productividad, el
sistema actual no brinda el suficiente castigo.
- Foto Policía de Medellín |
Según las estadísticas manejadas por
la Fiscalía, en Colombia, los principales delitos
registrados en su orden son la violencia intrafamiliar,
la inasistencia alimentaria y el homicidio.
En comparación internacional, el caso de Colombia
señala al tráfico de drogas con indicadores
de muy baja represión. A esto se le suma la guerrilla,
la pobreza y la desigualdad de oportunidades, que se
convierten en algunos de los factores causantes de la
delincuencia en sus distintas manifestaciones.
Sólo en homicidios bajo análisis, Colombia
tiene 10 fiscales por cada 100 homicidios, mientras
que Perú tiene 120, Panamá 100, Grecia
145, Alemania 200 e Inglaterra 250 fiscales.
Respecto a los jueces, el país tiene uno por
cada 100 homicidios, por su parte, Chile tiene 13, Brasil
85, Perú 32 y Francia 228.
En materia policial la cifra tampoco es alentadora,
Colombia tiene 390 policías por cada 100 homicidios,
Uruguay tiene 12.400, Panamá 22.100, Inglaterra
12.600 y Japón 18.800.
En el país se cometen cerca de 70 homicidios
por cada 100 mil habitantes, mientras que en Estados
Unidos se presentan 5, en Perú 3.23, en Panamá
1.95, y al menos de dos en los países de Europa
Occidental y Asia.
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