Colombia.com Bogotá Domingo, 24 / Jun / 2018

Gobierno de Iván Duque despierta incertidumbre en comunidad LGBT

“Nosotros no vamos a despojar a nadie de los derechos que han conseguido en nuestro país”, ha afirmado el Presidente electo.

Gobierno de Iván Duque despierta incertidumbre en comunidad LGBT
Iván Duque y Marta Lucía Ramírez, presidente y vicepresidenta electos. Foto: @IvanDuque

Tras conocerse los resultados electorales del pasado domingo, el presidente electo Iván Duque Márquez, ofreció su primer discurso como triunfador de las Elecciones Presidenciales 2018. En él, expresó su empatía ante algunos sectores que creen que tras su ascenso al poder, pudiesen retroceder las libertades individuales.

“Nosotros no vamos a despojar a nadie de los derechos que han conseguido en nuestro país”, aseguró el recién elegido Jefe de Estado. Aunque no mencionó directamente a quién iba dirigido ese mensaje, todo indicaba que era para la comunidad de lesbianas, gais, bisexuales y personas trans (LGBT).

Asimismo, el nuevo mandatario resaltó, “hoy no hay ciudadanos vencidos, porque quiero ser el presidente que le dé el mismo amor a los que votaron por mí y a los que no lo hicieron”, palabras que buscan unificar a la nación, luego de una larga campaña marcada por la polarización. Duque, se posesionará el próximo 7 de agosto, día en el que recibirá la banda presidencial de manos de Juan Manuel Santos.

Iván Duque exaltó que gobernará sin odios, para todos los colombianos y que no reconoce enemigos. Por otro lado, en el discurso de su contrincante, Gustavo Petro, tras un discurso nada conciliatorio, seguidores del ‘humanista’ comenzaron a corear el lema “la resistencia”, premisa de aquellos que votaron por un “cambio” y “no reconocen a Iván Duque como su presidente”.

Con el triunfo de Iván Duque, quien para algunos es “muy conservador para su edad, y las nuevas ideas que pregona”, el clima de confrontación ideológica se amplía hacia otros frentes. Colombia es considerada una nación de tradición católica, y a lo largo de estos años, se ha vivido una dura batalla entre agrupaciones religiosas, defensores de la Constitución de 1991 y los derechos de las minorías. Los activistas LGBT no pasan por alto que, pese a su tono conciliador y al perfil moderado que ha cultivado, Duque, quien está apadrinado por el expresidente Álvaro Uribe, asciende al poder rodeado por sectores religiosos y pastores cristianos hostiles a los logros sociales obtenidos por esta comunidad.

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¿Por qué existe ese temor entre los LGBT? Pues, en gran medida, por dos personas que están de la mano con el Presidente electo de la República, el exprocurador Alejandro Ordóñez, conocido por su visión católica del Estado, y la exsenadora y excandidata presidencial Viviane Morales, lideresa de sectores evangélicos y promotora de un fallido referendo para prohibir que las parejas del mismo sexo pudieran adoptar.

El pasado jueves inició la transición, también llamado empalme, entre los gobiernos saliente y entrante. Aunque aún no se ha mencionado oficialmente ningún nombre del gabinete de Duque, algunos medios, analistas y observadores anticipan que en su tren ejecutivo pudieran estar los críticos Ordoñez y Morales.

Los más desconfiados temen que ellos ocupen posiciones desde las que puedan poner en riesgo el Estado laico o los derechos adquiridos por los LGBT. Además, advierten que Duque congregó a su alrededor la misma coalición del ‘No’ que, encabezada por Uribe, ganó en 2016 el plebiscito sobre los acuerdos de paz. Esa alianza es la misma que quería imponer una supuesta “ideología de género” para movilizar votos y defender el concepto tradicional de familia. De igual manera, el partido de Duque y Uribe, el Centro Democrático, apoyó en el Congreso el referendo que propuso Morales.

Lo incongruente de este temor por parte de la población LGBT, es que sus grandes batallas jurídicas ya están ancladas en Colombia, donde las parejas del mismo sexo pueden adoptar desde 2015 y se pueden casar desde el 2016. Asimismo ocurrió con el aborto o la eutanasia, esos derechos avanzaron a golpe de sentencias de la Corte Constitucional, pues el Congreso ha evitado legislar en las discusiones que provocan choques de valores. Los políticos progresistas defienden que “la igualdad es imparable”, y en esta campaña Claudia López, compañera de fórmula del centrista Sergio Fajardo, fue la primera candidata lesbiana a la vicepresidencia.

Cuando Iván Duque trabajó en el BID en Washington, celebró la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo en Estados Unidos. No obstante, como candidato fue notablemente más ambiguo. Aunque el asunto LGBT tuvo poco protagonismo, “comenzó a aparecer con eufemismos como hablar de un Ministerio de la Familia”.

En uno de los debates presidenciales previos al 27 de mayo, Duque respondió de una manera muy escueta cuando se le preguntó sobre su opinión respecto al matrimonio igualitario. “Yo estoy de acuerdo con la igualdad de derechos patrimoniales y civiles”, dijo, siendo el único que no respaldó el tema plenamente.

Marcela Sánchez, de Colombia Diversa, la ONG a favor de los derechos de la comunidad LGBT más visible en el país latinoamericano, afirma que “Hay temores de la gente de que vaya a haber un retroceso, y ellos ni siquiera los disuaden, al contrario, lo reafirman con tanta ambigüedad”.

El tema de los LGBT volvió a avivarse cuando el expresidente Uribe, publicó en sus redes sociales el jueves 31 de mayo, un video en el que daba cuenta de una docena de personas “no heterosexuales” que respaldaban al Centro Democrático. Sus palabras despertaron polémica por referirse a las minorías desde la negación, aunque se justificó con el argumento de que ellos se habían autodenominado así. Su discurso agitó nuevamente las prevenciones de los activistas, pues invocó el “respeto a la intimidad”, mencionó la libertad religiosa y la objeción de conciencia, una puerta para negarse a acatar los fallos del constitucional.

“Parece estar insinuando Uribe que con la libertad religiosa y la objeción de conciencia se va a poder discriminar a la gente, lo cual es inaceptable”, cierra Mauricio Albarracín, activista e investigador del centro de pensamiento Dejusticia. Remitirse a la intimidad, añade, niega la dimensión pública de derechos que han sido respaldados por la justicia.