Colombia.com Bogotá Viernes, 01 / Nov / 2019

[OPINIÓN] Las sillas azules nos quitan la humanidad

¿En serio somos tan cerrados de corazón como para considerar que el dolor del otro, en el transporte urbano, no me corresponde simplemente por un color?

Opinión Sillas Azules Transporte
Todas las sillas deberían corresponder a las personas con alguna condición especial. Foto: Twitter

Las ideas y opiniones expresadas en esta publicación son las del autor y no necesariamente reflejan la opinión ni posición de Colombia.com

Iniciaré sin rodeos: las sillas azules en el transporte urbano, sea cual sea, es una de las peores cosas que se hayan inventado. Simplemente nos 'deshumaniza'. Nos quita lo poco de empatía que aún podamos tener. Ese cuento de que la silla azul "corresponde a los adultos mayores, personas en condición de discapacidad y mujeres embarazadas o con niños de brazos", es una frase no solo excluyente sino alcahuete.

Lo explicaré mejor: esta mañana iba en un bus del SITP, en Bogotá. Experimentaba las condiciones que normalmente se viven en este tipo de vehículos a las 5:00 a.m.: bus lleno, de pie, cansancio en brazos y piernas, entre otras incomodidades que son propias del sistema de transporte público de la capital.

Ahora bien, si yo, con 23 años siento esa fatiga al momento de transportarme por la ciudad, ¿cuánto más, una persona que lleva el peso extra de un bebé, o que debe moverse con muletas, o que ya siente el cansancio de los años sobre sus hombros?

Ese es el caso de una señora que ingresó al bus C53. Atiborrado de gente, sin mucho espacio por el cual moverse, la "abuelita" puso su tarjeta, cruzó el torniquete, levantó su mirada e inició su camino hacia el interior del bus.

Luego, hizo lo impensable en una sociedad en la que se mueven personas y no entes sin alma, cultura o corazón: con bastón en mano, su cabello cano y las piernas temblando, la mujer buscaba una silla azul. Al ver que todas estaban ocupadas por personas en su misma condición, cambió su plan y buscó que, al menos, una silla roja se desocupará.

Y es aquí, donde se vislumbra la humanidad que como bogotanos, y estoy seguro que como colombianos, no tenemos: nadie, lea bien, nadie ofreció el descanso que tanto pedía la señora.

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Y la triste situación continuaba. Pasaron varios minutos y la mujer seguía de pie. Se escuchaban murmullos de los cínicos que ocupaban las silla rojas: "a mí me toca ir muy lejos"; "yo también me canso"; "las 'viejitas' se creen dueñas de las sillas" y, la más desquiciada de todas, "para eso están las sillas azules, ¿no?".

Finalmente, fue un hombre de la tercera edad, que se veía un poco más joven, y que seguramente se sentía así, fue el que cedió su lugar a la mujer. Al sentarse, la señora no dudó en dejar salir un suspiro. El anhelado descanso por fin había llegado.

Sin embargo, contrario a la mujer, mi pensamiento no descansaba aún. Sentía tristeza; desilusión. Me parecía increíble que jóvenes (hombres y mujeres) como yo, de mi edad, no hubiesen sentido que su responsabilidad como ciudadanos era levantarse y ofrecer la silla a alguien cuyo rostro mostraba el sufrimiento que vivía en ese momento, simplemente, porque "para eso están las silla azules, ¿no?".

El sistema de sillas azules y rojas nos ha llevado a perder nuestra humanidad; nuestro sentido común. ¿En serio somos tan cerrados de corazón como para considerar que el dolor del otro no me corresponde simplemente por un color? Tristemente la respuesta es "Sí".

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Christopher Ramírez (@otrocachaco) - Colombia.com