Copa Sudamericana

América - Macará: el equipo de David González se apagó en la Copa Sudamericana ante los ecuatorianos

América de Cali no pudo marcar en el Pascual Guerrero y se quedó por fuera del certamen internacional.   

Por: Carlos Guevara • Colombia.com
El conjunto escarlata necesitaba apenas un gol para clasificarse al repechaje de la Copa Sudamericana. Foto: EFE
El conjunto escarlata necesitaba apenas un gol para clasificarse al repechaje de la Copa Sudamericana. Foto: EFE

América de Cali no pudo marcar en el Pascual Guerrero y se quedó por fuera del certamen internacional.   

La noche en la capital de la salsa, contrario a lo acostumbrado, terminó cargada de silencios, caras largas y esa sensación de desazón que deja el fútbol cuando un equipo hace varias cosas bien, pero falla en la única que realmente importa: meterla.

América de Cali quedó eliminado de la Copa Sudamericana después de empatar 0-0 frente a Macará, un resultado que, sumado al triunfo de Tigre sobre Alianza Atlético, terminó dejando al cuadro escarlata viendo las siguientes rondas desde afuera.

Y duele más porque América lo buscó. Lo intentó por todos lados. Insistió, aceleró, metió gente en campo rival, acumuló remates y por momentos arrinconó a los ecuatorianos. Pero el fútbol también tiene esas noches tercas donde nada entra y donde hasta los palos parecen ponerse camiseta rival.

Desde el comienzo se vio la intención del conjunto caleño. Con más del 65 % de posesión y manejando el ritmo del partido, América tomó el control rápidamente. Macará, tranquilo por su situación en la tabla, decidió esperar, ordenarse atrás y apostar por las transiciones rápidas. El libreto estaba claro: unos atacaban y otros resistían.

La escena que probablemente resumió toda la eliminación llegó iniciando el segundo tiempo. Tomás Ángel sacó un remate potente de zurda y el travesaño devolvió la ilusión convertida en frustración. Apenas segundos después, Darwin Machís apareció con otro disparo peligroso que terminó golpeando el poste derecho.

A pesar del dominio, América nunca encontró claridad absoluta en los metros finales. Generó casi 20 disparos durante el partido, movió piezas desde el banco, cambió nombres, modificó posiciones y buscó variantes ofensivas. El ingreso de Machís tras la lesión de Mateo Castillo pretendía darle otra velocidad al ataque, mientras que otros movimientos apuntaron a refrescar un partido que poco a poco empezó a llenarse de ansiedad.

Macará tampoco fue un simple espectador. Cedió balón, pero supo competir. Con nueve tiros de esquina y algunas aproximaciones peligrosas, recordó constantemente que una desconcentración podía terminar empeorando todavía más la situación para los locales.

Mientras el reloj avanzaba, las noticias desde el otro partido terminaron convirtiéndose en una carga adicional. Tigre hizo su trabajo, venció a Alianza Atlético y obligó a América a ganar. Ese gol que nunca apareció terminó pesando demasiado. Así, con nueve puntos y ubicado tercero del grupo, América cerró una campaña internacional marcada por la irregularidad.