Oración de San Idelfonso a la Virgen María para este viernes 23 de enero

Conoce la oración de San Idelfonso a la Virgen María recomendada para este viernes 23 de enero y encomienda tu jornada con devoción.

Por: Alexandra Méndez • Colombia.com
Poderosa oración de San Ildefonso a la Virgen María. Foto: Shutterstock
Poderosa oración de San Ildefonso a la Virgen María. Foto: Shutterstock

Conoce la oración de San Idelfonso a la Virgen María recomendada para este viernes 23 de enero y encomienda tu jornada con devoción.

San Idelfonso de Toledo fue un arzobispo, teólogo y escritor cristiano nacido en Toledo, España, alrededor del año 607, reconocido por su piedad, estudio y amor a la Virgen María. 

Ejerció como arzobispo de Toledo en el año 657, cargo que sostuvo hasta su muerte el 23 de enero de 667. A lo largo de su vida como cristiano, mostró una profunda devoción a la advocación de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.

Según cuentan algunos historiadores, vivió una experiencia mística en la que la Virgen se le apareció sentada en la cátedra episcopal, rodeada de vírgenes que cantaban, mientras cantaba en la iglesia himnos en honor a María. 

En dicha aparición, la Virgen lo llamó “mi capellán y fiel notario” y le entregó una casulla (vestidura litúrgica que utilizan los sacerdotes en la misa) como distintivo de su elección y favor especial, ordenándole usarla en días festivos dedicados a ella.  

Tras esta experiencia, San Idelfonso dedicó varios escritos y oraciones a la Virgen María. A continuación te compartimos la más destacada, según la web Corazones.org, que puedes rezar este viernes 23 de enero durante su fiesta litúrgica.

Oración de San Idelfonso de Toledo a la Virgen María 

A ti acudo, única Virgen y Madre de Dios. Ante la única que ha obrado la Encarnación de mi Dios me postro. Me humillo ante la única que es madre de mi Señor. Te ruego que por ser la Esclava de tu Hijo me permitas consagrarme a ti y a Dios, ser tu esclavo y esclavo de tu Hijo, servirte a ti y a tu Señor.

A Él, sin embargo, como mi Creador y a ti como madre de nuestro Creador; a Él como Señor de las virtudes y a ti como esclava del Señor de todas las cosas; a Él como a Dios y a ti como la Madre de de Dios.

Yo soy tu siervo, porque mi Señor es tu Hijo. Tú eres mi Señora, porque eres esclava de mi Señor.

Concédeme, por tanto, esto, ¡oh Jesús Dios, Hijo del hombre!: creer del parto de la Virgen aquello que complete mi fe en tu Encarnaciòn; hablar de la maternidad virginal aquello que llene mis labios de tus alabanzas; amar en tu Madre aquello que tú llenes en mí con tu amor; servir a tu Madre de tal modo que reconozcas que te he servido a ti; vivir bajo su gobierno en tal manera que sepa que te estoy agradando y ser en este mundo de tal modo gobernado por Ella que ese dominio me conduzca a que Tú seas mi Señor en la eternidad.

¡Ojalá yo, siendo un instrumento dócil en las manos del sumo Dios, consiga con mis ruegos ser ligado a la Virgen Madre por un vínculo de devota esclavitud y vivir sirviéndola continuamente!

Pues los que no aceptáis que María sea siempre Virgen; los que no queréis reconocer a mi Creador por Hijo suyo, y a Ella por Madre de mi Creador; si no glorificáis a este Dios como Hijo de Ella, tampoco glorificáis como Dios a mi Señor. No glorificáis como Dios a mi Señor los que no proclamáis bienaventurada a la que el Espíritu Santo ha mandado llamar así por todas las naciones; los que no rendís honor a la Madre del Señor con la excusa de honrar a Dios su Hijo.

Sin embargo yo, precisamente por ser siervo de su Hijo, deseo que Ella sea mi Señora; para estar bajo el imperio de su Hijo, quiero servirle a Ella; para probar que soy siervo de Dios, busco el testimonio del dominio sobre mi de su Madre; para ser servidor de Aquel que engendra eternamente al Hijo,
deseo servir fielmente a la que lo ha engendrado como hombre.
Pues el servicio a la Esclava está orientado al servicio del Señor; lo que se da a la Madre redunda en el Hijo; lo que recibe la que nutre termina en el que es nutrido, y el honor que el servidor rinde a la Reina viene a recaer sobre el Rey.

Por eso me gozo en mi Señora, canto mi alegría a la Madre del Señor, exulto con la Sierva de su Hijo, que ha sido hecha Madre de mi Creador y disfruto con Aquella en la que el Verbo se ha hecho carne. Porque gracias a la Virgen yo confió en la muerte de este Hijo de Dios y espero que mi salvación y mi alegría venga de Dios siempre y sin mengua, ahora, desde ahora y en todo tiempo y en toda edad por los siglos de los siglos.
Amén.