(19/Sep/2006): Mireya Rodríguez, una boyacense de tez morena y estatura mediana, nunca imaginó que alguna vez las lágrimas que derramó después de abandonar un empleo, le ayudarían a decidir el rumbo de su vida y el comienzo de una empresa productiva que habla bien del trabajo colombiano.
Una administradora de empresas que probó ser independiente y empezó un negocio de calzado entre teja de zinc y tierra, es hoy la abanderada de muchos pequeños productores de zapatos bogotanos que luchan contra el contrabando y la entrada de productos baratos pero desechables.
Había trabajado en la parte administrativa de una estación de servicio y después en una distribuidora de llantas, pero a parte de una labor mal remunerada y discriminada en un gremio dominado mayoritariamente por los hombres, no encontraba que ese fuera su sitio. Un día dejó su trabajo como asalariada y empezó la lucha por sí misma y conformó el Festival de sus Zapatos.
Este almacén, ubicado en el sector de Suba, noroccidente de Bogotá.
El Festival de sus Zapatos vende hoy más que en un almacén de cadena. “La experiencia de tantos años me enseñó a ver y conocer materiales y diseños, a explorar posibilidades y tener el ojo clínico para saber lo que se vende y lo que no. Es por ello que empecé a involucrarme con mis “chuseros” y a generar una dinámica de acompañamiento y de guía en la producción de los zapatos que se venden aquí. La idea era generar buenos diseños, con calidad y servicio y el objetivo se logró. Ellos venden y producen más con la guía que sin ella” – comentó Mireya.
Y el resultado de la asesoría fue tal que la competencia empezó a utilizar a los mismos vendedores ambulantes apostados en los andenes frente al almacén para ubicar a los que hoy surten el Festival de sus Zapatos, y aunque los contactaron e incluso compraron su producción, no pudieron igualar la asesoría y la visión que Ma. Mireya tiene en este sector de calzado.
Hoy está trabajando con más de 20 familias de “chuseros” generando nuevos proyectos y plasmando un sueño de organizarlos así como los productores de calzado de ciudades como Bucaramanga. Son 120 personas beneficiadas entre empleos directos e indirectos que van de la mano de esta mujer. El objetivo es poder competir con altura a la entrada del producto chino de baja calidad.