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Regreso de Los Prisioneros, La voz de los ochenta
Por Ismael Llinás Cogollo
Especial para Colombia.com


 

Chile ha cambiado bastante desde entonces. Ellos eran tres adolescentes de bachillerato cuando se conocieron en el Liceo 6 de San Miguel. El país todavía estaba bajo el mando del general Augusto Pinochet y en las calles de Santiago se vivía un ambiente contradictorio: una economía en crecendo y un inconformismo social causado por las heridas que aun sangraban por la represión militar. Empezaron a hacer música sin tener idea cómo se coloca una cuerda en el puente de una guitarra; con esa base Jorge González, Claudio Nerea y Miguel Tapia formaron en medio de ese ambiente cómodo y hostil, una banda de rock que canalizó toda la rebeldía que caldeaba dentro de un sector de los chilenos, y que llegó a oídos del dictador causándole una enorme molestia, no sólo por lo que decían en sus letras, sino por el ruido que hacían."Nuestros dedos se congelan, Los tambores equivocan, Las voces desafinan, La música es muy simple, Los teclados distorsionan, Una voz que grita algo, Apenas si se entiende. Somos solo ruido", decían honestamente en el tercer larga duración al que titularon "La cultura de la basura".

Se hacían llamar Los Prisioneros, Los Prisioneros de Chile. Su historia está marcada por todo lo que necesita un grupo de rock para convertirse en estrellas del género: escándalos, discos de oro, vetos gubernamentales, drogas, y una batería de la que se hacía cargo Miguel, un bajo comandado por Claudio y una guitarra liderada por Jorge, ideólogo y contradictoriamente dictador con su particular voz y sus textos contestatarios, cargados de romanticismo y mucho lirismo.

Una parte de América Latina los recuerda por "El baile de los que sobran", un tema de los años ochenta que se hizo tan famoso que no sólo lo programaban las estaciones de música moderna, sino también las de tropical y hasta las de baladas, y románticas. Han vuelto a escucharse en la radio y los programas de música porque se lanzó el disco Estadio Nacional un CD doble de casi tres horas tocados en diciembre de 2001 por el mismo grupo que alcanzó a ser una voz de los ochenta y que en los noventa, no se escuchó más, hasta ahora, cuando se reunieron de nuevo, para encontrar que tienen más fanáticos que nunca, cuando todos esperan ese disco inédito que se esperaba desde hace más de quince años.

Siendo estúpido serás feliz
Todo empezó el 1 de julio de 1983 en el Liceo Miguel León Prado de Santiago. Siendo todavía unos adolescentes se pararon frente a otros de su edad en el patio del liceo y lo primero que soltaron fue "...para amar, debes tratar de poco entregar, tu identidad debes falsear, siendo estúpido serás feliz, debes evitar soñar, debes olvidar soñar", la entonces clandestina crónica roquera de Santiago registra que no se sabe quienes quedaron más descrestados con esa presentación: los estudiantes que se sintieron conectados con el nihilismo de los primeros acordes desafinados de entonces llamados "Los Vinchukas", anteriormente "Los Pseudopillos", mejor conocidos como "Los Prisioneros"; las directivas del colegio que sintieron un tanto agredidos con la ironía de las letras; ó Carlos Fonseca quien se convirtió en su manager y los elevó a la altura continental.

"Todo comenzó con un puñado de canciones que hicimos para nosotros... - Dice Jorge González-. Tocábamos en una pieza de mi casa, actuábamos esporádicamente pensando que siempre nos iba a ir mal. Hasta que de repente nos descubrió un tipo al que le interesaba hacer esto y vio que lo que hacíamos podía tener alguna importancia, algún éxito. Cosa de él - dije yo -, y dio resultado ".

Con él, con Fonseca, editaron su primer trabajo en 1984, "La Voz de los 80". Con ese disco les bastó para quedar fichados por los Servicios de Inteligencia, quienes los seguían muy de cerca. Pero quienes estaban más pendientes de ellos fueron la cantidad de seguidores que conquistaron desde que empezaron a volverse éxitos en las emisoras canciones como "Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos", "Nunca quedas mal con nadie" y uno que particularmente tuvo mucha acogida "¿Quién mato a Marilyn?": "Quien mato a Marilyn/ La prensa fue o la radio tal vez/ Quien mato a Marilyn/ La televisión o el ratón Mickey/ Quien mato a Marilyn/ Dime dime dime quien fue/ Dicen que fue un comunista/ Dicen que fue un sandinista/ Dicen que fue un extremista/ o tal vez un alpinista"... En ese momento aún eran el clásico grupo de punk-rock, con guitarra, bajo, batería y voz.

Ambos se conocieron en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, cuando en 1983 los dos ingresaron a estudiar licenciatura en música. "Me hice amigo de él al tiro- señala Fonseca- porque era el único al que le gustaba la música rock y además me caía super simpático, porque era ácido en la clase con los profesores". Por aquellos mismos días, ya egresados del liceo, Claudio lavaba autos en las inmediaciones de Chile Films y estudiaba licenciatura en sonido. Mientras que Miguel reunía algunos pesos empleándose como junior.

Desilusión y zozobra

Cuando sacaron el segundo disco, "Pateando piedras", se vivía en la mitad de Chile un sentimiento de desilusión y zozobra por los índices de desempleo causados por el desmonte de la industria nacional para dar cabida a las empresas británicas, norteamericanas y francesas que invirtieron en la economía del país y se quedaron con los mercados. Mucha gente deambulaba en las calles buscando qué hacer para sobrevivir. De este fenómeno surgió el tema con el que abre el disco, "Muevan las industrias", y uno en especial con el que empezaron a tener resonancia internacional al llegar a las listas de las radios de Buenos Aires, Quito, Lima, Caracas y Bogotá, "El baile de los que sobran". La canción sonó en todo lado, se volvió himno el tema que dice, "Es otra noche más de caminar, es otro fin de mes sin novedad, mis amigos se quedaron igual que tu, este año se les acabaron, los juegos, los doce juegos, únete al baile de los que sobran, nadie nos va a echar de más, nadie nos quiso ayudar de verdad, nos dijeron cuando chicos porque esos juegos para unos laureles y futuros y dejaron a mis amigos pateando piedras".

La cultura de la basura
Para la época en la que sacaron a la luz su tercer disco, "La cultura de la basura", ya habían salido de Chile y se habían presentado en escenarios latinoamericanos. En él se empieza a notar el desgaste que se está gestando al interior de la banda, especialmente por la actitud intransigente de Jorge González con respecto a propuestas diferentes a las suyas. Aunque no fue un éxito comercial como el anterior (ellos le adjudicaron esto al ambiente politizado que se vivía en Chile en los días del plebiscito por el Si o el NO de la permanencia de Pinochet en la Casa de la Moneda) "La cultura de la basura" fue el último disco contestatario de Los Prisioneros con letras como "Jugar a la guerra": "Con los uniformes limpios y las botas con betún parecen niños en edad escolar. Los que están en último grado tienen voces que ordenan. Estar preparados a jugar. A jugar a los pistoleros, a jugar a la guerra. Excursión la frontera divertidas balaceras y son sólo niños en edad escolar. Los más viejos tienen mansiones hechas con declaraciones y una cara dura excepcional. Ven a jugar a la guerra "Mi país es más valiente y de sangre más caliente" rugen desde la televisión oficial".

A pesar de todo, el disco alcanzó a tener canciones número uno en las radios, discos de oro, y todo eso que ellos al principio criticaban duramente, el sistema. Canciones como "Pa, pa, pa", "Que no destrocen tu vida", y "We are sudamerican rockers", quedaron grabadas en la memoria sonora de una época que terminaría por cambiar tanto para Los Prisioneros, como a Chile mismo. El resultado del refedendum arrojó el que los chilenos decidieran no tener más por presidente al general Augusto Pinochet. El fenómeno de Los Prisioneros empezó a desmoronarse y el primero en salir fue Claudio Narea, quien en mayo del 90 declaró: "Decidí irme porque no estaba a gusto, por decir lo menos. Todo se hacía a la pinta de Jorge, quien desde hace mucho tiempo no consideraba para nada mi opinión o la de Miguel. Ya es tiempo que se acaben las mentiras. Los Prisioneros fueron una farsa a partir de un momento. Al comienzo, y hasta poco después de que salió "Pateando Piedras", éramos auténticos, pero comenzamos a cambiar...".

Corazones rotos
Con esa nueva realidad política y musical, Jorge González siguió con Los Prisioneros, quien en su tiempo declaró que "Los Prisioneros suenan mejor sin él", para referirse a la salida de Narea. Sin embargo nunca buscaron llenar el vacío que dejaba su salida. Para remplazar lo que él hacía, buscaron a Cecilia Aguayo (Las Cleopatras) en los teclados y coros; y Robert Rodriguez (Banda 69), quién se encargó de la guitarra. Con Miguel en la batería y Jorge en la voz, salió a la luz el último disco de la primera etapa de Los Prisioneros, "Corazones". En él se nota un cambio radical en el sonido punk rock que los caracterizaba y empezaron a sonar más tecno, con letras menos contestatarias y más románticas.

También seguían dejándose influenciar por la época. Ya se había "desmontado" el régimen militar y muchos de los exiliados pudieron volver. La canción "Tren al sur" es prueba de ello, "ya estos fierros están andando y mi corazón está saltando porque me llevan a la tierra donde al fin podré de nuevo respirar adentro y hondo, alegrías del corazón, y no me digas pobre por ir viajando así, no ves que estoy contento, no ves que estoy feliz, viajando en este tren al sur".

El disco tuvo una relativa acogida, sobre todo porque en él, el grupo tiene una actitud más comercial que incluso los lleva a realizar videos de algunas canciones. Es uno de los mejores discos que realizaron según la crítica: "Corazones es un excelente trabajo desde el punto de vista artístico, el más completo musicalmente, el mas profesional, pese a que pierde la esencia de critica social del grupo, revela otra faceta en la que si hubieran tomado desde el principio, hubieran logrado miles de premios y ventas, aunque hubieran perdido su trascendencia final".

A pesar de todo el buen augurio que le venía a la banda, los integrantes no se sentían bien al interior. Es así como el 24 de octubre de 1991 Jorge González y Miguel Tapias, lanzan un video y disco titulado "Grandes éxitos de Los Prisioneros", y anuncian la disolución definitiva de la banda. La gira "Adiós Prisioneros" recorre todo Chile y finaliza en el court central del estadio Nacional en diciembre de 1991.

Estadio Nacional
Desde entonces y como dicen ellos en el disco "Estadio Nacional", "en los doce años de estar separados, nunca nos dejar de ver como Los Prisioneros" . En esos doce años, los fans mantuvieron viva la memoria, con sus discos que guardaban como reliquias y con productos de la industria del espectáculo que hicieron que en los años noventa, se hicieran presentes, como el doble "Ni por la razón, ni por la fuerza", un disco antológico que recoge los mejores temas del grupo, más canciones inéditas hechas por los Los Vinchukas y Los Pseudopillos.

Antes de volver a unirse, cada uno de los integrantes vivió su rollo por aparte. Claudio Nerea, se volvió cristiano y realizó la banda "Profetas y Frenéticos", con la cual sacó dos discos, el primero con el nombre del grupo en 1992, y el segundo en 1994, "Nuevo orden". En el 2000 salió a la luz su primer álbum como solista, Claudio Narea. Además se convirtió en un catedrático del rock, con programa de radio y horas en la academia.

Por su parte Miguel Tapia realizó el grupo "Jardín Secreto" con un primer disco homónimo y un segundo titulado "El sonido de existir", donde se acompañó de Cecilia Aguayo, en una clara demostración del buen sonido tecno latinoamericano. Luego estuvo con Jorge González en la banda "Los dioses", para luego unirse con el artista venezolano Argenis Brito, para formar "Razones humanitarias", un proyecto cargado de tecno fusionado con folclor o viceversa.

De la historia de Jorge González, los medios se han encargado de hacerla más pública, primero por ser la del líder de la banda, segundo por haber llamado la atención por un problema superado de adicción a la heroína y tercero por seguir intentando hacer música, como solista con los discos "Jorge González" (1992), "El futuro se fue" (1994), "Mi destino" (1999); y en grupo, con proyectos como el de "González Martínez and his Thinking Congas" (1997) y "Los dioses", una antesala junto con Miguel Tapias de lo que sería la nueva etapa de Los Prisioneros de Chile, para eso sólo hacía falta arreglar con Claudio y así fue, la prueba de ello es el disco "Estadio Nacional", un trabajo en doble, grabado el 11 y 12 de diciembre de 2001, con casi tres horas de música, donde demuestran que siguen siendo los mismos, pero con un ingrediente particular: ellos han cambiado, musicalmente suenan mejor; y Chile también, aparentemente la dictadura se acabó.

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