Aranceles a lo bravo: choque entre Colombia y Ecuador deja al comercio pagando los platos rotos

La pelea por aranceles entre Colombia y Ecuador ya está afectando precios, contratos y empleo en sectores clave del comercio bilateral.

Por: Laura Campo • Colombia.com
Aranceles Colombia Vs Ecuador. Foto: Shutterstock
Aranceles Colombia Vs Ecuador. Foto: Shutterstock

La pelea por aranceles entre Colombia y Ecuador ya está afectando precios, contratos y empleo en sectores clave del comercio bilateral.

Aranceles cruzados dejan al comercio en la mitad del choque político

La polémica entre Colombia y Ecuador dejó de ser un asunto solamente diplomático para convertirse en un inconveniente real para exportadores, importadores y empresarios de frontera. La escalada de aranceles propuesta por ambos gobiernos comienza a generar efectos concretos en costos, abastecimiento y competitividad.

Todo inició cuando Colombia aplicó un arancel del 30 % a 73 subpartidas de productos ecuatorianos. La respuesta de Quito fue subir en 20 puntos porcentuales su tasa de seguridad fronteriza, lo que en la práctica elevó al 50 % la carga para bienes colombianos. Aunque el gobierno del presidente Daniel Noboa explicó la medida en razones de seguridad, el comercio fue el primero en sentir el impacto.

El aumento de los gravámenes altera de inmediato la estructura de precios. Un arancel de esa magnitud puede volver inviables operaciones que antes eran beneficiosas. Sectores como alimentos procesados, materias primas agrícolas y manufacturas livianas dependen de márgenes ajustados y de una logística ágil en la frontera. Cuando el valor de entrada aumenta, las empresas deben mirar que hacer entre asumir pérdidas, cambiar el incremento al consumidor o buscar nuevos mercados.

En regiones fronterizas, donde el cambio todos los días mueve empleo y dinamiza economías locales, la preocupación ya se percibe. Comerciantes alerta que algunos pedidos se han detenido mientras se revisan contratos y condiciones de pago. Las empresas que trabajan con inventarios pequeños enfrentan mayor tensión, pues cualquier retraso o sobrecosto impacta a toda la empresa completa.

Además del aumento, está el factor confianza. Los inversionistas suelen dar por mercados con reglas claras y previsibles. Cuando las decisiones arancelarias se cambian en medio de tensiones políticas, el riesgo país en ese segmento es más alto y se detienen decisiones de expansión o alianzas estratégicas.

Analistas en comercio exterior informan que los aranceles forman parte de la política económica, pero su uso como respuesta a diferencias políticas puede terminar dañando la integración regional. Si no se abre un canal de diálogo que permita desmontar la escalada, la factura no la pagarán los gobiernos sino los sectores productivos y, en último momento, los consumidores que verán productos más costosos y menos opciones en el mercado.

En un contexto de desaceleración económica regional, una guerra comercial entre vecinos no solo enfría la relación diplomática, también golpea el bolsillo y el empleo en ambos lados de la frontera.