Actualización: Sáb, 20 / Jul / 2019 6:38 pm
Colombia.com Bogotá Sáb, 20 / Jul / 2019 1:21 pm

Opinión: Somos libres de Ernesto Macías

El 20 de julio se conmemora el fin del mandato de Ernesto Macías como presidente del Senado. 

Ernesto Macías deja de ser el presidente del Senado
El presidente de Colombia, Iván Duque (izq), y el senador Ernesto Macías (der). Foto: Twitter

Las ideas y opiniones  expresadas en esta publicación son las del autor y no necesariamente reflejan la opinión ni posición de Colombia.com

¡Feliz Día de la Independencia! Sin duda alguna, es un momento histórico en el que Colombia recuerda con tristeza el yugo que durante tanto tiempo nos mantuvo cautivos, sin un rumbo claro que tomar, pero, al mismo tiempo, con una felicidad que invade nuestros corazones al recordar que la libertad que tanto anhelamos al fin llegó.

¿Independencia?

¡Gracias a Dios, hoy termina la gestión de Ernesto Macías como presidente del Senado! ¿Pensaron que hablaba del 20 de julio de 1810? No, para mí ese no es un día de celebración. Tal como ocurre hoy en día, en esa época la llamada independencia no fue más que un plan (bien armado por cierto) para que los criollos pudiesen quedarse con el poder.

En ese entonces, el pueblo arriesgó su cuello por un bien que no era el común, sino el de un poco de ‘lagartos’ que lo único que querían era saborear los frutos del Gobierno, mas no la separación de España.

Años antes, durante la rebelión de los Comuneros ya se escuchaba con gran convencimiento la conocida arenga: “¡Viva el Rey! ¡Muera el mal gobierno!”. Los criollos nunca se convencieron de zafarse por completo del yugo español, solo querían dejar de ser parte de las víctimas para convertirse en los verdugos.

Por eso, no celebro el Día de la Independencia, porque es algo que aún no tenemos. Simplemente conmemoro el nacimiento de nuestra nación; una triste y violentada, pero al fin nuestra.

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¡Gracias por nada, Macías!

Sin embargo, lo que si celebro a rabiar es la salida de ese monstruo que durante un año llamamos presidente de nuestro glorioso Senado de la República.

¡Por fin! Se llegó el anhelado día en que el ‘bachiller’ se baja del trono en el Congreso. Un hombre que, en los 365 días de su gobierno, solo irradió ignorancia y fanatismo en un lugar que representó a los uribistas, cuando debería representar a todo el país.

Durante su gestión, Macías hizo lo imposible para que el proyecto anticorrupción no prosperara en el Senado. Al comienzo lo hizo echando pestes sobre la Consulta Anticorrupción, y cuando la vio derrotada, puso sus últimos esfuerzos en que ninguno de los siete mandatos se aprobara en el Congreso.

Entre sus mejores artimañas estuvo la de nunca colocar en primer lugar del orden del día alguno de los puntos en contra de la corrupción, o simplemente, enviar al hombre equivocado para conciliar con la Cámara de Representantes uno de esos puntos. De esa forma, se hizo inviable legalizar la cárcel para los corruptos un día antes de que esta iniciativa se anulara.

Ahora bien, Macías no solo detuvo el progreso en cuanto a la disminución de la corrupción, sino que demostró lo estúpido y arrodillado que es al colocar una placa de Uribe, a quien tildó de “colombiano ejemplar”, en pleno Capitolio Nacional.

¡Por favor! Sabemos que el uribismo es una secta, pero como tal, no debe propagarse en un espacio público como lo es el Capitolio, ni mucho menos imponer a hombres como Uribe, que en la historia de Colombia ha tomado más el papel de un demonio que el de un dios.

Recordemos que al menos Paloma Valencia tuvo la "decencia" de colocar un vergonzoso cuadro del 'Sagrado Corazón de Uribe' en su casa. Por supuesto, esto no le quita su enfermedad mental por el "innombrable", pero al menos es más respetable que lo que hizo la "bestia" en la Cámara Alta de nuestro país.

"La corrupción en sus justas proporciones"

Con todo esto, no puedo evitar sentir también dolor al saber que este tipo de cosas generan alegría. Cabe recordar que el fin del mandato de Macías no mejora mayor cosa nuestra actualidad como país, pues, aún con su caída, se mantiene la corrupción en el Congreso.

Pero una cosa sí es cierta: con la salida de Macías del pedestal en el que estaba, se pone un granito de arena (uno muy pequeño) en busca de “reducir la corrupción a sus justas proporciones”. Y es que es en este momento cuando entiendo que la frase del expresidente Julio César Turbay Ayala no era tan descabellada como parecía. Cínicamente, en Colombia la libertad y la democracia no las representa el fin de la corrupción, sino la disminución de esta.

Christopher Ramírez - Colombia.com