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Breve
Historia de Los Juegos
Deportivos Nacionales
En la capital vallecaucana
comenzó entonces
el trasegar de los Juegos,
el 20 de diciembre de
1.928 en el estadio La
Galilea y dos categorías
en la cancha (particulares
y colegial). Asistieron
clubes ya consolidados
y equipos de centros educativos
de las principales capitales,
siendo el fútbol
(campeón Magdalena),
al igual que el arribo
de los deportistas (básicamente
en tren y buque vía
Buenaventura) y la escogencia
de la reina los eventos
más populares.
La siguiente parada fue
en Medellín en
1.932, a donde acudieron
con pleno entusiasmo cientos
de atletas y miles de
espectadores, especialmente
a la ceremonia de apertura
celebrada en el también
desaparecido estadio Libertadores.
La tercera versión,
Barranquilla 1.935 comenzó
a darle cabida a figuras
individuales del deporte,
por ejemplo el futbolista
Roberto Flaco
Meléndez a quien
debe la capital atlanticense
el nombre del estadio
Metropolitano y el atleta
cartagenero Domingo Perro
Sánchez.
Un año más
tarde, la justa se trasladó
al estadio Palogrande
de Manizales y se convirtió
en una verdadera fiesta
deportiva y cultural entre
las delegaciones y sus
anfitriones. Descollaron
el nadador bogotano Jorge
Carulla y un grupo de
obreros provenientes de
la capital del país,
quienes compitieron en
diferentes modalidades
del atletismo y reflejaron
el estado social y los
cambios propios de esa
época.
Cinco años después
y a pesar de la Segunda
Guerra Mundial, el pebetero
del deporte nacional llegó
hasta Bucaramanga en donde
se desarrollaron los quintos
juegos, con sede principal
en el estadio Alfonso
López. Ya gran
figura del atletismo,
ratificó con varios
oros su gran calidad el
bogotano Jorge Nova, muerto
trágicamente en
1.947 en plena competencia.
La cita regresó,
por efectos de la posguerra
y la recesión hasta
1.950 a la ciudad de Santa
Marta, región que
se destacó en las
versiones iniciales por
su alegría y potencial
futbolístico. Para
el efecto se construyó
el estadio Eduardo Santos
y las primeras piscinas
olímpicas del país.
En la Perla del
Caribe sobresalieron
la fondista Cecilia Navarrete
de Cundinamarca y Luis
Tiburón
González en la
natación y apareció
una figura muy querida
para el deporte colombiano,
especialmente el ciclismo.
Un laico. Corrió
y ganó la medalla
de plata en la prueba
de ruta Efraín
Rozo, más conocido
como el Cura.
Él fue uno de los
máximos impulsores
del ciclismo recreativo
y organizado varios ciclo
paseos por toda la nación.
Las sextas justas dieron
inicio a una hegemonía
que duraría exactamente
30 años: La del
Valle del Cauca.
Y precisamente fueron
los azucareros los escogidos
para hospedar la séptima
versión en 1.954
y reforzar un liderato
gracias al nivel de estrellas
ya de trascendencia internacional
como los atletas Jaime
Aparicio y Rafael Granados.
Pero no existía
continuidad y el eterno
problema de la demora
en la construcción
o adecuación de
los escenarios postergó
hasta 1.960 la disputa
de los octavos juegos
por tercera vez en una
ciudad de la costa Atlántica.
Cartagena fue la designada
y testigo del dominio
nuevamente de la delegación
de Valle, en la cual descolló
el atleta Jaime Pedroza
quien recibió seis
oros y fue la gran figura.
Otro trascendental del
deporte criollo surgido
del semillero heroico
fue el boxeador Bernardo
Caraballo, el primer colombiano
en optar por un título
mundial, en el año
de 1.967 ante el brasileño
Eder Joffre en Bogotá.
Luego llegó el
vacío más
grande en la vida de los
Juegos Nacionales. Fueron
10 años de ausencia,
pero superados con creces
al celebrar en Ibagué
la novena versión,
iniciada en el estadio
San Bonifacio, hoy Murillo
Toro. Fue una de
las competencias con mayor
nivel técnico pues
fue acogida además
como preparación
de los mejores deportistas
colombianos que compitieron
al año siguiente
en los VI Juegos Panamericanos
de la ciudad de Cali.
Los juegos tolimenses
recibieron el sustancial
apoyo del recientemente
creado (1.968) Instituto
Colombiano de la Juventud
y el Deporte, Coldeportes,
el cual desde entonces
es el organizador oficial
de las olimpiadas nacionales.
Se impuso además
el registro del atleta
más laureado hasta
la fecha, el nadador valluno
Tomás Becerra con
11 oros.
Ya con una periodicidad
más estable (cuatro
años), los Juegos
Nacionales volvieron y
se albergaron en Pereira,
una ciudad intermedia
que demostró gran
pujanza y modernismo.
La antorcha iluminó
el estadio Hernán
Ramírez Villegas
y pese a la protesta de
un grupo de atletas bogotanos
y su posterior expulsión,
los juegos matecañas
brillaron en intensidad
y marcaron el fin del
dominio de los rojos del
Valle.
Neiva en 1.980 tuvo el
honor de ser la anfitriona
de las XI justas, atrasadas
dos años con relación
al calendario pre establecido
y caracterizada por el
inicio del dominio antioqueño,
de la mano de un gran
dirigente y visionario,
Antonio Roldán
Betancur, más tarde
sacrificado como gobernador
de su departamento.
Los paisas tomaron el
control y se hicieron
fuertes, especialmente
en la disciplina de la
natación, la cual
con Sandra Bohórquez
por ejemplo, embolsilló
nueve preseas doradas
para sus intereses. El
pebetero de los juegos
se trasladó nuevamente
con meses de atraso a
la ciudad de Villavicencio
en enero de 1.985. El
estadio Horizonte recibió
la ceremonia de apertura
de las competencias, por
primera vez en la historia
sin la presencia de Valle
del Cauca.
El otro gran hecho que
marcó la doceava
versión, fue el
convertirse en la última
en la historia en desarrollarse
en una sola ciudad, pues
se le dio paso a la descentralización
para dotar con una mayor
oportunidad a otras regiones
del país. Así,
la designación
de Montería como
epicentro de la siguiente
versión varió
para iniciar esta nueva
etapa y compartió
el protagonismo con Armenia
principalmente y en menor
medida con Manizales,
Pereira e Ibagué
en el año de 1.988.
Los XIII juegos reconfirmaron
el poder de Antioquia
y la creación de
espectaculares escenarios,
como el coliseo del Café
y el estadio Centenario
de Armenia y el diamante
18 de junio en la capital
cordobesa.
Luego de casi 60 años,
Barranquilla tuvo nuevamente
la suerte de recibir a
los juegos en su décimo
cuarta edición,
iniciada con una imponente
ceremonia en el estadio
Metropolitano Roberto
Meléndez.
El Flaco Meléndez
fue precisamente, una
de las primeras figuras
de las justas nacionales
en los años 30
del siglo anterior.
Sin embargo, la capital
atlanticense tuvo el apoyo
de las sub sedes de Santa
Marta y Cartagena a diferencia
de la primera versión,
recibiendo una verdadera
guerra deportiva
entre paisas y vallunos
por la supremacía,
al final revalidada por
la delegación antioqueña
en un cerrado epílogo.
Una alegoría a
la Grecia antigua caracterizó
el inicio de los Juegos
Nacionales Santander 96
que unió a Bucaramanga
y Barrancabermeja en una
fiesta deportiva de 15
días de arduas
competencias y anécdotas.
El Alfonso López
revivió sus años
mozos de la década
de los cuarenta y repitió
la bienvenida a los deportistas.
En tierras hormigueras
se observó la reacción
del Valle del Cauca y
luego de años de
frustraciones, recuperó
un trono perdido desde
Pereira 74.
Justas marcadas por un
noviembre enrarecido por
la muerte de estudiantes
en Pasto, taponamiento
de la vía a Tumaco
y accidentes aéreos
en la XVI edición
Nariño - Boyacá
2.000. En la primera parte
de las competencias se
vivió un intenso
duelo entre Antioquia
y Bogotá, que sólo
se definió en favor
de los paisas por una
medalla de oro ante la
expectativa del público
local volcado a favor
de la delegación
capitalina.
Ya en Boyacá,
el atletismo abrió
una brecha en favor de
los antioqueños
quienes recuperaron la
corona, aprovechando además
la segunda falta de Valle
del Cauca, delegación
que no defendió
su corona por problemas
internos, aunque algunos
de sus atletas participaron
a nombre de otras delegaciones.
Llega el turno a Bogotá
y Cundinamarca de recibir
la XVII versión.
Una esperada disputa deportiva
y organizativa pues sin
duda el principal objetivo
es organizar las mejores
competencias de la historia
y enarbolar el bicolor
capitalino en lo más
alto del rendimiento deportivo
del país.
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