Opinión: El drama de los niños y de todo el pueblo Embera

No se trata únicamente de la fotografía de unos niños indígenas y sus dificultades, se trata del clamor de un pueblo que pide dejar de ser invisible.

Mié, 12 / Ago / 2020 6:08 pm

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Los indígenas Embera, al igual que otras comunidades, viven en total desatención. Foto: Facebook Comunidad Embera y Katío

Los indígenas Embera, al igual que otras comunidades, viven en total desatención. Foto: Facebook Comunidad Embera y Katío

Mié, 12 / Ago / 2020 6:08 pm

No se trata únicamente de la fotografía de unos niños indígenas y sus dificultades, se trata del clamor de un pueblo que pide dejar de ser invisible.

Las ideas y opiniones expresadas en esta publicación son las del autor y no necesariamente reflejan la opinión ni la posición de Colombia.com

Si algo ha traído el covid-19 aparte de las muertes, desempleo y aumento de la delincuencia es que los viejos males y pecados de la sociedad colombiana se hacen más evidentes.

La pandemia y su terrorífico andar nos ha mostrado la cara de una enfermedad que no solo ataca el cuerpo, y cuando vemos cómo los corruptos fortalecen su festín inmoral con robo de dineros destinados a las ayudas para quienes sufren de hambre, entendemos que sea cual sea el mal que nos caiga, algunas cosas parecen nunca cambiar; la indolencia y el bienestar propio que nos nubla la vista frente a la situación de otros compatriotas.

Las imágenes de unos niños pertenecientes a la comunidad Embera, en la que se los muestra lavando sus tapabocas en un charco no son exclusivamente parte de una noticia con ribetes amarillistas, ni la intención lastimera de otros, son una contundente y dolorosa prueba más de la total ausencia del estado, que desde siempre ha tenido a los indígenas de Colombia en absoluta desatención.

Los indígenas que se encuentran desde hace días reunidos en el parque tercer milenio del centro de Bogotá, protestan porque como siempre, han sido abandonados a su suerte, no luchan nuevamente contra el despojo de sus tierras, el aniquilamiento constante de su grupo, la violencia que sobre ellos ejercen los grupos armados ilegales, el hambre y el olvido; ahora lo hacen porque el covid-19, que tiene a los pobres del país contra las cuerdas, los tiene a ellos al borde de un nocaut mortal.

Desde inicios de la pandemia y su situación de cuarentena y distanciamiento social, se ha hablado de ayudas para calmar el hambre de los más necesitados, rebajas en servicios públicos y un constante desfile de promesas, que muchos colombianos en todo el territorio solo han escuchado, porque de verlas, poco y nada.

Si lo anterior es así, imagine cuál es la situación para los grupos indígenas del país, no es mala, es crítica, pero las autoridades distritales de Bogotá dicen que el problema es de los manifestantes que no quieren irse a refugios, el asunto no es que ellos no quieran ir a refugios, el asunto es que los indígenas colombianos quieren no solo que se les escuche, sino que se les ayude de verdad.

Los Embera exigen lo mismo que todos: presencia estatal, educación, salud, protección y garantía para sus vidas, porque al igual que nosotros, también son colombianos.

La ausencia del estado hizo que quienes se encuentran reunidos en el parque se hayan refugiado desde hace años en la capital, son un número adicional de desplazados que la violencia lleva hacia las capitales colombianas.

Los niños indígenas lavando sus tapabocas es una imagen dolorosa, pero es una realidad de siempre porque en un país con una inequidad pecaminosa, los menores son las principales víctimas y su realidad titula noticias pero no genera protección oficial.

La desatención estatal es preocupante y hasta mortal, pero la indiferencia de nosotros, los ciudadanos de a pie es la representación de nuestra verdadera miseria.
 

Juan Carlos Garcia Sierra • Colombia.com • Mié, 12 / Ago / 2020 6:08 pm