Opinión: Ni la delincuencia es venezolana, ni la santidad colombiana

La xenofobia en Colombia ha llegado al límite de creer que la población venezolana ha eclipsado la maldad de los nacidos en esta tierra.

Vie, 30 / Oct / 2020 4:15 pm

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¿Y sí dejamos la xenofobia a un lado?. Foto: EFE

¿Y sí dejamos la xenofobia a un lado?. Foto: EFE

Vie, 30 / Oct / 2020 4:15 pm

La xenofobia en Colombia ha llegado al límite de creer que la población venezolana ha eclipsado la maldad de los nacidos en esta tierra.

Inicio diciendo que, como periodista, soy de aquellas personas que conocen de todo, pero a la vez no saben nada. El conocimiento en este mundo globalizado se ha convertido en una suerte de especialidad en la que el que sabe de algo, tristemente termina sabiendo muy poco de lo demás. Bajo este precepto, indico que no soy un teórico o académico. Mi opinión ante los intelectuales, tal vez valga lo mismo o menos que la de un analfabeto; pero aún el más ignaro de los seres humanos tiene una mente que lo lleva a observar el mundo, analizarlo y concluir por sí mismo cuál es la realidad en la que, para bien o para mal, se desenvuelve.

Así, después de tantas excusas por un “error” que aún no he cometido, me atrevo a decir, con temor a caer en la bajeza de la opinión dejando de lado la siempre honrosa argumentación, que la Colombia de hoy es solo un brote del fascismo europeo de mediados del siglo XX que derivó en un episodio de muerte y dolor.

Observar a mis compatriotas creerse una raza pura, no es más que un golpe de ironía que nace precisamente de una tierra que de pura no tiene mucho, pero que de razas sí que conoce bastante. Aquí el blanco no existe, pero el menos oscuro se cree dueño de la verdad absoluta y con el poder de expiar culpas a través de las comunidades que, por cuestión del destino, se han visto por debajo del ‘status quo’ del régimen político actual.

Pero hoy la quejumbre de los blancos grises de Colombia no se deriva solamente del “asco” que dicen sentir de las razas, que, para los 'supremacistas', se pueden considerar inferiores (afros, indígenas, mulatos), sino que, de manera especial, también han centrado su odio en personas que por límites de humanos llevan el sobrenombre de "extranjeros".

Para el ‘colombiano de bien’, el desorden político-social que experimenta, no hace unas semanas, no hace unos meses u años, sino décadas, nuestro país, no es consecuencia de los malos gobiernos que han pasado por la casa presidencial, ni mucho menos de las narco y para políticas que se apoderaron del Capitolio nacional.

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De forma casi fantasiosa, la mayoría de los protagonistas de los problemas de Colombia, especialmente los de seguridad, mutaron en personajes nacidos muy lejos de estas tierras. Según la nueva lógica, son los ciudadanos venezolanos el principio y fin de nuestra corrupta y enfermiza realidad. Tras la diáspora venezolana, que tuvo su ‘boom’ en 2013, son ya más de 1 millón 700 mil los ciudadanos venezolanos que han pisado y se han establecido en Colombia, esto según cifras de Migración Colombia. 

En ese orden de ideas, y según los ‘supremacistas’, ¿tenemos a casi dos millones de delincuentes extranjeros en nuestro país? ¿Será que, de todos ellos, no habrá uno bueno que haya salido de Venezuela a rebuscarse la vida sin hacerle daño al otro? Lo sé, el cuestionamiento es vacío desde su propia base: la generalización del mal de toda una comunidad; sin embargo, es esta ideología la que hoy se ha tomado la realidad nacional.

“Los ven**** son una plaga”. ¿Una plaga? Sí, una plaga. Esa es la palabra que he escuchado a familiares, amigos, conocidos y hasta desconocidos, cuando se refieren a los venezolanos en Colombia. ¡Ojo! Lo hacen en general. Otra cosa es que después traten de resarcir su xenofobia con comentarios como: “no son todos, pero la mayoría que conozco solo vinieron a acabar con el país”. ¿Se dan cuenta del error? En su afán por plantar una cara hipócrita ante el debate, terminan hundiéndose cada vez más en su inmundicia humana y en su altísima soberbia.

“De las 21.812 capturas en flagrancia en Bogotá, 1.874 son de ciudadanos venezolanos. (...) Dicho de otra forma, nosotros no encontramos que la criminalidad en Colombia pueda explicarse a partir de la migración venezolana”, dijo el director de Migración Colombia, Juan Francisco Espinosa.

¡Qué cachetadón, ¿no?! Una institución nacional les recuerda a los ‘supremacistas’ (perdón por el uso casi monótono que hago de esta palabra en el texto) que los delincuentes colombianos no se marcharon del país con la llegada de los venezolanos. De hecho, la delincuencia sigue siendo un producto autóctono. Y es que, del total de los delitos registrados en Colombia, el 97 % lo cometen colombianos. ¡Sorpresa! El mal no viene de afuera.

Sí, hay muchos que son ladrones y asesinos, pero hay cientos de miles que son personas como usted y como yo. Gente buena y honesta. Trabajadora y con un sentido social que han llegado al país para nutrirlo de fuerza laboral y crecimiento económico. No caigamos en el juego de los poderosos que, con un discurso fascista y neonazi, nos tratan de inculcar que la culpa es del otro, nunca mía. Hitler lo hizo con los judíos en el Tercer Reich. ¿Queremos repetir la historia? 

Es tiempo de afrontar nuestras propias responsabilidades y aceptar con humildad y coraje el compromiso que la historia nos pone por delante. Ni quedarse en Venezuela es de valientes, ni salir de allá en busca de una mejor vida es cobardía. La empatía es lo que nos hará crecer juntos. Amigos, ser venezolano no es sinónimo de vergüenza, vagancia y maldad, así como en otros países tampoco un colombiano debería ser relacionado con el narcotráfico y la violencia. ¿Queremos que la historia nos recuerde como los oprimidos que, teniendo la oportunidad de ayudar, se convirtieron en opresores?

 

Christopher Ramírez (Twitter: @otrocachaco) • Colombia.com • Vie, 30 / Oct / 2020 4:15 pm