Colombia.com Bogotá Lunes, 26 / Sep / 2016

La impotencia de no poder votar en el Plebiscito por la paz

Desde que nací mi país está en guerra. Desde que recuerdo hay grupos armados y colombianos sufriendo por secuestros, muertes, violaciones y por ataques a inocentes.

La impotencia de no poder votar en el Plebiscito por la paz
No es que un día despertemos y ya haya paz.

Como colombiano uno crece creyendo que todo esto es normal en cualquier país, uno habla pensando que todos saben lo que es un secuestro, un asesinato, una pesca milagrosa, un bombazo en una escuela, un aborto obligado. 

Pero no, siempre hay una cara de asombro cuando se habla con un extranjero y uno nombra esto. Uno quiere explicar que es normal, pero no. Tenemos que empezar a creer que esta normalidad no la queremos para nuestras familias, para nuestros hijos y sus hijos.

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¿Se vuelve uno insensible ante tanta violencia? Ese fue el chip con el que nacimos y con el que han crecido los colombianos desde hace más de 40 años, cuando la guerra se apoderó del país.

No es momento de pensar quién tuvo la razón, quién hizo y quién no, con qué se queda el uno y con qué el otro. Tenemos la oportunidad de cambiarle el rumbo a nuestro país y eso puede más que estar de lado de la oposición del país, que a su manera, alguna vez quiso la paz para Colombia.

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Conozco una persona que estuvo secuestrado en dos ocasiones diferentes, durante dos años. Una persona a la que le mataron a su familia porque se negaron a venderle a la guerrilla en su tienda. Personas que han dejado las armas porque no le encontraron sentido a ese 'negocio' en el que se envolvieron por desespero. Personas que han salido desplazadas de sus tierras y llegaron a otra ciudad en busca de sobrevivir una noche con tranquilidad.

Todas ellas tienen algo en común, están de acuerdo con el SÍ. Por una sencilla razón, no quieren que sus hijos crezcan con la mentalidad con la que ha crecido el colombianos en los últimos 40 años, pensando que su país no tiene remedio, que su gente no puede cambiar, que al país le quedó grande la paz.

Quizás en otros países no saben lo que los padres le expliquen a sus hijos que las vacaciones deben ser en casa porque hay toque de queda o porque hay pescas milagrosas y podemos estar en la lista de secuestrables. Que no podemos viajar por carretera porque en cualquier momento hay un retén de la guerrilla y los lleva. 

Que la guerrilla y el gobierno no están de acuerdo con algo y atacan a la población civil de formas atroces. Que ciertos mandatarios prefieren la guerra porque la tienen como negocio.

Hace poco me fui a vivir fuera del país y en el camino le he preguntado a quienes me cruzo que piensan de Colombia y todos, sin duda todos, me felicitan porque dicen que por fin tenemos la paz en nuestro futuro. Cuando les explico que hay que refrendar las condiciones de la paz, me dicen: ¿Les preguntan si quieren la paz? ¿Es en serio?.

Ahí es cuando uno se da cuenta de que en Colombia no se tenía que pedir permiso para eso, como muchos analistas se lo han hecho saber al presidente Juan Manuel Santos, pero todo tiene una razón. Si se quieren terminar de hacer bien las cosas, un SÍ rotundo demostrará que el país quiere un mejor futuro.

Que quiere un país distinto y que está dispuesto a luchar por mejores condiciones. 

Yo no podré votar. Mi cédula está inscrita en el lugar donde he vivido por los últimos diez años y donde vivo ahora no habrá mesa de votaciones habilitadas. Pero a quienes están en Colombia y les digo: ustedes que pueden hacerlo, voten. Atrévanse a soñar con un mejor país, uno que empiece con el cambio personal, porque esto es lo que sigue.

No es que un día despertemos y ya haya paz. No, con el voto en el Plebiscito, usted refrenda los acuerdos de paz, pero el cambio, como todo, empieza desde casa, empieza perdonando, cambiando sus propias acciones, dejando de pensar en que el odio y la venganza es la solución de todo. 

Esa es la idea de votar este 2 de octubre, es el primer paso que damos los colombianos para que empiece el cambio, porque ahora es que empieza todo. Ahora cuando en vez de guerra los colombianos podremos empezar a hablar del postconflicto.

Liliana Matos Zaidiza / Colombia.com

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