Gonzalo Arango, 44 años sin el símbolo del Nadaísmo

Hace 44 años el nadaísmo quedó huérfano porque Gonzalo Arango, su símbolo, partió de este mundo a medio hacer hacia el paraíso en donde la belleza de Dios está perfectamente cimentada.

Actualización • Vie, 25 / Sep / 2020 6:33 pm

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Controvertido e iconoclasta, Gonzalo Arango es una de las figuras literarias del siglo XX en Colombia. Foto: Facebook Gonzalo Arango

Controvertido e iconoclasta, Gonzalo Arango es una de las figuras literarias del siglo XX en Colombia. Foto: Facebook Gonzalo Arango

Actualización • Vie, 25 / Sep / 2020 6:33 pm

Hace 44 años el nadaísmo quedó huérfano porque Gonzalo Arango, su símbolo, partió de este mundo a medio hacer hacia el paraíso en donde la belleza de Dios está perfectamente cimentada.

La muerte tan anunciada y cuyos tratados esgrimen poetas y soñadores, aunque muchos creen que la muerte no puede ser un sueño, a algunos les llega así, de repente y sin avisar y sin que alcancen a experimentar la angustia de una pesadilla y más bien trunquen todos sus proyectos.

Gonzalo Arango, el poeta de la oscuridad, hacia rato que había encendido la linterna y esas tinieblas que acompañaron sus afiladas letras se habían convertido en luces incandescentes que pregonaban un nuevo ser, un resurgimiento al estilo del ave Fénix, que no pudo reponerse mitológicamente ante el impacto de un camión.

 

Los poetas sueñan con la muerte, especialmente con la propia, algunos le agregan ribetes legendarios, pero de nada sirve vislumbrarla cuando esta llega disfrazada de enfermedad, amante traicionado o peor, de camión pesado que apachurra la existencia en medio de la carretera.

Gonzalo Arango, el padre del Nadaísmo aparecía inerte un 25 de septiembre de 1976 entre los fierros retorcidos cuando creía tener el camino derecho a un proyecto en Europa, dicen sus amigos que, con apoyo de varios artistas, entre ellos el pintor Fernando Botero, el escritor antioqueño de Andes terminó como el movimiento que él mismo enarboló y padeció, ese nadaísmo con el que quería tenerlo todo, terminó en una nada absoluta, en una muerte que como decía, solo dejaba para mañana pero que ese día le madrugó.

 

44 años sin el hombre que fue un rebelde sin armas, un revolucionario que se atrevió a desafiar a una sociedad parroquiana y amañada, una Colombia propiedad de unas cuantas familias y de varias empresas internacionales, un país en obra negra.

Gonzalo Arango se movió como el ciudadano del ansia en un país que no quería afugias, una nación de doble moral que rendía cuentas a la burguesía mientras no podía dar bocado a sus propios hijos, una patria que 4 décadas después sigue igual, con varios pisos y edificios armados, pero todavía en obra negra.

El nacido en la montañosa Andes y que amó y odió a Medellín y Cali, vivió sus últimos años entre la mágica isla de Providencia y el refugio para el espíritu que es Villa de Leyva y su obra está más viva que nunca, es importante que las nuevas generaciones puedan conocerla, porque incluso, aquellos que no gustaron de su figura, han quedado fascinados con sus letras, una postura que no tiene fecha de vencimiento en un país que se ha vestido de seda, pero mono se ha quedado.

Gonzaloarango como le gustaba escribirse, no solo apiñó las letras de su nombre sino también una rica creación poética y literaria, sin dejar de lado un carácter contestatario pero motivador de reflexión, este iconoclasta que en sus últimos años hizo las pases con el de arriba no aspiraba a un premio nobel porque ese trabajo siempre ha sido de los adeptos al poder que derriten hielos en cocteles, su verdadero poder estaba en el poder hacer, pero en poder hacer algo por los demás, un sueño loable que se materializó en lo bueno que dejó en sus amigos y que se esfumó en la carretera a la altura de Gachancipá.

Arango escribió algunas de sus obras borracho, pero no hay obras más sobrias y despiertas que las suyas, obras que condenan pero que abrazan la esperanza, esa que el mismo abrazó en el momento en el que un camión impactó el vehículo en el que viajaba hacia la eternidad del cielo, porque la eternidad humana en la tierra es de un ratico nada más.

Hace bastante que se fue el poeta pero hay Gonzaloarango para siempre y seguro él hubiese querido el epitafio de un camarada suyo, “Aquí yace…fue”

Juan Carlos García Sierra • Colombia.com • Vie, 25 / Sep / 2020 6:32 pm