Valledupar

UNA CIUDAD AMENIZADA CON NOTAS DE ACORDEÓN

En la edad media, hombres con instrumentos viajaban por las poblaciones llevando música, cantos y alegría a todos los públicos y eran llamados juglares. Siglos después, en el Valle de Upar, Colombia, hombres con su acordeón como medalla de santo prendido a su cuerpo, recorrían todos los rincones de La Guajira hacia el sur del país con toda calma, pregonando un clamor y también una herida en el corazón.

Río guatapuri - Valledupar

Esos hombres al igual que los del medioevo también eran llamados juglares y su melancolía parecía venida de otros tiempos; una melancolía que venía desde la Sierra Nevada de Santa Marta, allá muy arriba donde todo es mágico.

Bajo el ardiente sol y resguardándose del calor bajo algún árbol de cañaguate, esos que sembrados a orillas del río Guatapurí parecen querer hacer los coros, los juglares componían canciones que hablaban del amor, del desamor, la vida y la muerte.

Esos hombres continuaban su camino arrullando la siesta obligatoria que todo hombre de Dios debe tener y mientras entonaban cantos que arrugaban el alma y también otros que alegraban la vida, recibían un bocado de animal de monte y por supuesto, un buen trago de ron.

Hombres que recitaban poemas amenizados con música de acordeón, guacharaca y caja, hombres que cantaban con verdadero sentimiento, cantaban “Vallenato”.

Plaza Alfonso López de la ciudad de Valledupar

Valledupar, la capital del departamento del Cesar es el Valle eterno del cacique Upar, un indígena de la tribu “Chimila” que gobernaba toda la región del valle del río Cesar y que al tener contacto con los conquistadores españoles no alzó sus armas contra ellos sino que los hospedó en sus dominios con toda la paz y amabilidad de su pueblo.

Valledupar es digna sucesora de su cacique, pues la amabilidad de sus gentes se desborda como el Guatapurí en invierno y la convierte en un destino del turismo en Colombia que se caracteriza porque es pura emoción.

Pero hay algo que es sinónimo de la ciudad, el vallenato. Léase bien, vallenato, con v porque Ballenato con b es la cría de la ballena y de Valledupar al mar hay muchos kilómetros.

Este es quizás es el ritmo autóctono más popular del país y los habitantes de la ciudad de Valledupar hablan con ritmo y son capaces de armar un verso improvisado, no solo es un gusto sino una completa religión que tiene en el Festival de la Leyenda Vallenata su máxima expresión, siendo este un espectáculo que genera romerías de colombianos de todos los puntos cardinales y expandido en Venezuela y México.

Parque principal en Valledupar

La ciudad de los santos reyes del Valle de Upar, como se llamó en el momento de su fundación, es una ciudad calurosa que alcanza altas temperaturas pero con una actividad de los vientos que la hacen fresca y agradable, esto se refleja en el ánimo de los valleduparenses; hombres y mujeres con el alma Caribe pero con espíritu de la sierra.

Esta importante ciudad basa su economía en el comercio y la ganadería y con una moderada población hace la vida más tranquila, sin los agites de las conglomeradas metrópolis.

El Parque de la Leyenda Vallenata, la Plaza Alfonso López y el balneario Hurtado son los lugares más visitados por los turistas, al igual que los museos arqueológico y del acordeón atraen muchos visitantes especialmente del interior de la nación.

Valledupar es un destino del turismo en Colombia que de la mano del vallenato se convierte en un magnífico plan de visita.

Visite Valledupar y al ritmo de paseo, son, merengue y puya. Deléitese con una región amable y hermosa, un destino para gozarse la vida.