Actualización: Vie, 27 / Nov / 2015 4:38 pm
Viernes, 27 / Nov / 2015

Caras del VIH Sida: La historia de dos jóvenes

Archivado en Salud

Colombia.com publica cuatro historias sobre el VIH Sida en Bogotá. Esta es la historia de Andrés y Camilo, dos jóvenes estudiantes.

Caras del VIH Sida: La historia de dos jóvenes
Esta es la historia de Andrés y Camilo, dos jóvenes estudiantes.

Lo primero en lo que pensó Andrés cuando el médico le dijo que tenía que someterse a un examen de VIH fue en su familia. En su mamá, que estaba con él en ese momento y en sus hermanos pequeños.

Ese día, Andrés sintió que en aquel consultorio de la EPS de Salud Total hacía más frío; que su mamá, después de esperar los resultados sabría que su hijo era homosexual y que padecía de esa terrible enfermedad que tanto habían nombrado en televisión. Andrés estaba tranquilo. Sabía que esos dolores en el estómago, los vómitos y los mareos no eran algo bueno, pero estaba preparado para afrontarlo.

El médico levantó con la mano derecha sus gafas de marco grueso y le dijo que debía ser remitido al psicólogo. Que él se encargaría de contarle lo que le pasaría si tuviera VIH. A Andrés lo prepararon, a su mamá no. Ella es cristiana y de mente y moral radical. 

Hasta hace ocho meses no sabía qué era realmente el VIH y no aceptaba la homosexualidad. Hoy, intenta ser la madre amiga que los hijos creen como extraña. Sin embrago, en su casa prefieren no tocar el tema.

“Mi papá es más tranquilo, lo asumió con carácter pues un tío también tiene VIH”, dice Andrés con tono despreocupado, que cambia cuando habla del resto de su familia.

Le preocupan muchas cosas. Que su mamá sufra porque cree que él sufre, que sus hermanos menores, de 9 y 11 se enteren en una de las discusiones familiares y que él no tenga palabras para explicarles.

Él es consciente de todo. Hace cinco meses comenzó a recibir tratamiento con antirretrovirales en su EPS. Dice que su vida no ha cambiado, sólo que ahora tiene una rutina de medicamentos que impiden que su sistema inmunológico decaiga. Aún así, continúa con sus estudios de Ingeniería Industrial. De su familia lo saben su mamá, su papá y Camilo, su novio.

Su pareja

A Camilo lo conoció en circunstancias de celos y relaciones fuertes. Tenían una relación en común pues Camilo era novio de la persona con la que Andrés salía hace un año. Ambos se alejaron de él y se involucraron por él.

Hoy, Camilo lleva dos meses de relación con él, lo protege y se protege pues él no es seropositivo. “Mi mamá me llama para que vea informes y documentales sobre el VIH, me dice que me proteja, que mire lo que estoy haciendo”, dice Camilo con voz de quien todo lo sabe. Con la voz de quien no le tiene miedo a infectarse. “Si me toca, pues me toca”, repite a menudo.

Él siente miedo por los dos. Habla con conceptos claros y de pertenencia al otro, defiende lo que siente y dice que no se va a esconder, que tener VIH es como tener cualquier otra enfermedad.

Andrés asiente cuando él habla, parece estar de acuerdo, pero él tiene otro miedo. Dice que ahora él está bien, pero cuando la enfermedad lo devaste no sabe cómo va a afrontar a las demás personas. Nunca ha sufrido rechazo por tener VIH pues su madre lo aceptó con el silencio de la resignación.

Para enfrentar esto, ambos asisten al programa de VIH de Salud Total. Cada martes por la tarde, Miguel Gonzáles, su psicólogo le explica de forma abierta cómo es vivir con VIH, cómo vencer los miedos e intenta convencer a Camilo que cuidarse es la mejor opción.

El papel que juega el psicólogo empieza desde la prueba Elisa. Aunque la asesoría la puede hacer el mismo médico, la trabajadora social o una persona con experiencia y capacitada, el tratamiento post-Elisa es asunto del psicólogo.

“De entrada hay que decirles que lo que vamos a hacer es obedecer la legislación. Luego, le contamos sobre el decreto 1543 del 97 y se le dice que es voluntario”, dice Miguel Gonzáles, el psicólogo tratante. “Posteriormente el paciente decide si firma o no el consentimiento escrito”.

Andrés firmó sin dudarlo. Todo aquello que pudiera ayudarlo y que tranquilizara a su mamá, sería bien recibido. Él empezó la asesoría pos, un mes después de hacerse la prueba y confirmar los resultados. 

Lo primero que Miguel le dijo fue que había medicamentos, grupos de apoyo y que la posibilidad de vida era de 20 a 25 años. Y desde hace dos meses, cuando Andrés empezó a asistir con él, les planteó un proyecto de vida de acuerdo con lo que ellos quieren a presente y futuro.

Pero Andrés insiste en que más allá de cuidarse “el VIH escoge a las personas y uno no decide si le toca o no”. Camilo le contradice: “El VIH no escoge a las personas, le puede pasar a cualquiera”. Miguel se dirige a ellos con voz de experiencia y les dice que la enfermedad ya está y lo que no quieren es que Andrés se infecte por negligencia.

El trabajo con ellos, según Miguel, ha sido difícil, pues al ser jóvenes no se dejan convencer tan fácilmente de lo que el psicólogo dice. Sin embargo, por medio de terapias de pareja ha logrado que asistan a sus citas y que Camilo sea adherente al tratamiento.

Camilo pertenece al 53 por ciento de las personas que están tratamiento por medio de su EPS, que en los últimos años, han optado por implementar sus propios programas para atender a los pacientes afiliados que viven con VIH.

Allí, personas como él reciben atención médica y psicológica. El cubrimiento del tratamiento es total siempre y cuando la enfermedad se haya detectado a tiempo y el paciente sea adherente. Mauricio lo es y sigue su tratamiento como una rutina que se incorporó a su vida, como bañarse o usar siempre tenis. El hecho de tomar medicinas no ha afectado su vida, pues, sigue saliendo con sus amigos, come helados y va a cine.

Camilo sigue siendo el mismo joven de figura atlética y de voz grave que alguna vez tropezó con una pareja que no le confió su mayor secreto, que tenía VIH. Ahora él, sólo espera que su enfermedad –aunque no le guste llamarla así – no se desarrolle tan rápido y que su mamá entienda que esta etapa de su vida no es el fin. Que Andrés no es una mala influencia, sino que por el contrario le hace bien y alimenta su vida incondicionalmente, pues como siempre ha dicho: “Nunca me voy a esconder…yo creo que por la historia de desamor y rechazo que pasamos en común aprendimos a no tener que vivir sino a sentir”.

'Tomado de 'Las Caras del VIH Sida en Bogotá'. Liliana Matos - Mayerly Sánchez.