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Colombia.com Bogotá Mar, 13 / Nov / 2018 8:58 am

Armero, una catástrofe que opacó el holocausto del Palacio de Justicia

Se puede decir que una tragedia terminó eclipsando la otra y de paso ayudando al presidente por ese entonces, Belisario Betancour a esquivar un poco .

Armero, una catástrofe que opacó el holocausto del Palacio de Justicia
Armero y el Palacio de Justicia, dos grandes tragedias en 1985 para Colombia. Fotos: AFP.

Con una distancia en tiempo apenas siete días, se encuentra separado los dos sucesos más trágicos para Colombia en noviembre de 1985.  Primero ocurrió la toma del Palacio de Justicia por parte del grupo armado M-19 que derivo en la sangrienta retoma por parte de las Fuerzas Armadas del Estado colombiano. Pocos días después sucedió la erupción del volcán nevado del Ruiz que arrasó del mapa el municipio de Armero

Armero bajo el lodo del Nevado del Ruiz el 18 de noviembre de 1985. Foto: AFP.

Es muy claro que el impacto político fue fundamental ya que lo ocurrido estaba ocasionando en la opinión pública de Colombia una inmensa perplejidad después de los dos hechos, frente a una situación de orden público y un desastre natural sin comparación por la pérdida de vidas humanas. Una situación eclipsó la otra, ya que se estaba comenzando a desarrollar el debate nacional que de inmediato centró su atención en las más de 25 mil víctimas de Armero, ante el poco más del centenar que dejó el holocausto en Bogotá.

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Siete días luego del duro impacto recibido contra las instituciones del país, el miércoles 13 de noviembre de 1985, la erupción tomó por desconcierto a poblaciones cercanas, dejando en evidencia la escasa destreza y respuesta del Gobierno Nacional ante desastre de esa dimensión.

Resultado de imagen para palacio de justicia AFPLa toma y la sangrienta retoma del Palacio de Justicia a finales de noviembre de 1985. Foto: AFP.

No era para menos que el pesimismo abarcara el sentimiento nacional, ya que la crisis financiera de 1982, la reforma tributaria de 1983 y las fuertes devaluaciones del año siguiente, sumadas a la presión del narcotráfico y los atentados que vivía el país a mediados de los años 80.

En el resto del mundo, mientras se conocían los videos y fotografías de Omaira Sánchez, una niña víctima de la tragedia, que estuvo aprisionada en el lodo durante tres días hasta que definitivamente murió frente a la impotencia de todos. La pequeña se convirtió en un símbolo de semejante desdicha.

Lo de Omaira también ocasionó que la atención de la opinión pública comenzará una debate sobre la cantidad de responsabilidad del Gobierno en el siniestro, discusión que pocos días antes ya tenían sobre el jefe de Estado Belisario Betancur y parte de las Fuerza Pública, ante los asesinatos y desapariciones forzadas en el Palacio de Justicia ocurridas en la capital de la República.

Víctima del deslave de barro del Nevado del Ruiz siendo evacuada, en la portada del semanario estadounidense Newsweek en noviembre de 1985. Foto: AFP.

Semejante desastre natural tuvo para ese momento una doble consecuencia sobre Betancur. En cuanto a lo político Armero fue el amparo para el mandatario perteneciente al partido Conservador, ya que la avalancha de lodo desapareció una población en su totalidad, en el instante en que apenas comenzaba el juicio político en su contra por los hechos en el Palacio de Justicia.

Luego comenzó el respaldo para el presidente, ya que el Congreso Nacional en pleno como los partidos políticos rodearon a Betancur para atender la tragedia y las víctimas del alud.

Aunque, frente a la intensidad de los hechos, perdió políticamente ya que los dos sucesos ocurrieron en el último año de su periodo presidencial, lo que le afectó considerablemente el no rescatar su imagen para hacer parte en la escena política luego de terminar su cargo.

Asimismo fue un duro impacto para el Partido Conservador, que solo pudo volver a ocupar la silla del ejecutivo hasta 1998, con Andrés Pastrana Arango, quien consiguió al cargo con banderas combinadas, después de respaldos de algunos sectores de la política nacional.

Sin responsabilidad ni justicia

Si aún desmontarse un sistema de frente nacional, encuadrado en una clara irresponsabilidad compartida en los partidos políticos, al no proferir absolutamente nada ante la falta de acciones del Gobierno de Betancur.

No aparecieron los pronunciamientos frente a la responsabilidad del presidente en el Palacio de Justicia, inclusive por parte de la oposición, para ese momento la totalidad del Partido Liberal, que poseía varios de sus expresidentes vivos como Alberto Lleras Camargo, Carlos Lleras Restrepo o Alfonso López Michelsen. La falta de presión política fue concluyente para que se aplazaran los procesos contra el mandatario.

Armero fue el salvavidas para Betancur y los altos mandos militares, ya que lo del Palacio de justicia habría sido peor en su momento, desencadenando una crisis social equivalente a la que enfrentó la nación durante el Bogotazo en 1848.

De todas formas, con o sin Armero se dio apertura a los procesos desde el primer instante de los hechos que afectaron el Palacio de Justicia, pero igualmente se comenzaron a abrir enigmas, vacíos y silencios que subsisten en la actualidad.

Por otra parte, todo lo derivado, incluyendo la excesivo desilusión extendida y la falta de salidas institucionales, llevaron al país a inclinarse por la Constituyente del 1991: Esto la imperiosa necesidad de promover una reforma más clara frente a las bases de un nuevo acuerdo político.

Transformación en la justicia

Los siguientes años tras la toma y retoma del Palacio de Justicia fueron claves frente a la estructura de la rama y su relación con el Ejecutivo. Para ese periodo de transición se consolidó una magistratura a las Altas Cortes, para ese momento el Consejo de Estado y la Corte Suprema de Justicia, que no contaban con el mismo nivel que la que fue casi extinguida durante los sangrientos hechos conocidos el holocausto de la justicia.

De esta manera, el desequilibrio político luego de las dos fechas nefastas para Colombia, una por el institución de la justicia cobijada en llamas y otra por una población completa arrasada y bajo el lodo; personificó el retrato de un país al que le llevaría tiempo reponerse tras más de tres décadas de la desventura, donde aún se aguarda por la verdad y la responsabilidad de los dirigentes del país.

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Redacción Actualidad - Colombia.com