Colombia.com Bogotá Jueves, 01 / Nov / 2018

¿Cómo mejorar los programas virtuales de posgrado?

Muchos programas de educación virtual se concentran en la compra de plataformas y dejan de lado el modelo pedagógico o la estructura organizacional. Un estudio de la Universidad Nacional da ideas para remediar la situación.

Programas virtuales de posgrados. Foto: Unimedios
Programas virtuales de posgrados. Foto: Unimedios

En Colombia después del boom de los programas de posgrado virtuales –que comenzó en 2008– el Ministerio de Educación Nacional (MEN) quiso evaluar qué estaba sucediendo con las condiciones de calidad de varios de esos programas, y lo que encontró no fue muy alentador, por lo que convocó a un grupo de investigadores para ver cómo era posible ajustar lo que estaba sucediendo.

Así fue como la profesora Diana Cardona planteó su tesis de doctorado en la Facultad de Ingeniería de Sistemas de la UN, con el fin de analizar cómo estaban funcionando los programas de educación virtual de 67 instituciones que se beneficiaron con recursos económicos de la “Convocatoria de fortalecimiento del uso de las TIC en la educación”, del MEN, en el periodo 2008-2012.

Las fallas que ella encontró en su investigación tuvieron consecuencias importantes para las instituciones: algunos programas diseñados no lograron obtener su registro calificado y otros presentaron debilidades en su modelo pedagógico o en su planteamiento administrativo, lo que llevó a que no tuvieran estudiantes matriculados.

En su trabajo doctoral, la profesora Cardona creó un modelo que permite medir la implementación de los programas virtuales que surgen a partir de los presenciales y que además sirve de guía para planificar adecuadamente los programas virtuales de posgrado en el país.

El modelo  permite medir la implementación de los programas virtuales de posgrado en una escala de 1 a 5. Esos indicadores de evaluación terminan transformados en recomendaciones para mejorar los programas.

Cada evaluador responde un cuestionario que permite descubrir si el programa cumple o no una serie de condiciones que lo hacen viable. El modelo tiene 15 componentes y un conjunto de 45 factores de calidad. Además es jerárquico: para analizar el funcionamiento del programa evalúa desde los niveles más altos de la organización hasta incorporar a todo el conjunto de la comunidad educativa.

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Para hacerlo pertinente a la cultura local, la dimensión operativa se articuló con las normas colombianas sobre programas de educación virtual.

“Al final, dice la profesora Cardona, logramos incluir una serie de recomendaciones para identificar en qué nivel de implementación de la virtualidad se encontraban los programas analizados”.

De esa manera la evaluación quedó convertida en una guía que les puede servir a las instituciones que deseen ofrecer programas de posgrado en la modalidad virtual. Una guía que trascienda la visión instrumentalista que ha predominado y en la cual se considera que basta con comprar equipos, plataformas y servidores sin tener en cuenta los elementos determinantes para la formación virtual que rinda los frutos esperados.

La educación virtual no permea todas las instancias de la organización

La investigadora Cardona encontró que, “tal y como lo han evidenciado los mayores expertos en la materia, cuando una organización vive un proceso de cambio, a partir de la innovación tecnológica, no todas las instancias logran ser permeadas. Algunas se resisten a ese cambio”.

A partir de los trabajos sobre el cambio en las organizaciones del argelino nacionalizado canadiense Omar Aktouf y de los mexicanos Enrique Cabrero y David Arellano, la profesora Cardona elaboró su modelo analizando las funciones y las estrategias para lograrlas, además de las posibles reacciones de las personas ante las transformaciones.

Igualmente tuvo en cuenta la manera como el cambio organizacional afecta la construcción de relaciones entre las personas, entre estas y la institución, y en general entre todos los miembros de la comunidad académica.

Al momento de iniciar su análisis, ella esperaba que las instituciones hubieran publicado los documentos que daban cuenta del proceso de virtualización de los programas de posgrado que empezaron a ofrecer, pero ello no fue así.

“De las 49 instituciones educativas de Colombia que aceptaron participar en el estudio solo tres universidades tenían documentos en su sitio web en los que se explicaba cómo eran los planes para ofertar programas de posgrado en la modalidad virtual”, comenta.

En general los documentos publicados no ofrecían una guía que permitiera comprender de qué manera la organización estaba pasando de lo presencial a lo virtual.

Según la doctora Sánchez Torres “no se puede juzgar negativamente a las instituciones por lo que se encontró, en la medida en que apenas estaban incursionando en la oferta de programas en modalidad virtual”.

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