Por: Juan Carlos Sierra • Colombia.com

El sabor y la alegría que representa la cumbia colombiana

“Por eso le digo, vente mi negra a guapachar, con tu pollera colorá”.

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De Colombia para el mundo. Foto: Pixabay
De Colombia para el mundo. Foto: Pixabay

“Por eso le digo, vente mi negra a guapachar, con tu pollera colorá”.

Colombia es mar, sol, Caribe y alegría, a pesar de las tristezas, nuestro país tiene una manera de hacerle el quite a las dificultades con el ritmo cadencioso que corre por las venas de cada uno de sus habitantes.

Decía un poeta de plaza que cuando Dios creó la humanidad destinó a una nación para la diversión y el alborozo, y le entregó a ella la misión de extender el sabor y el sentimiento más allá de las fronteras, no cabe duda de que Colombia recibió el honor de poner a gozar al mundo.

Muchos, a través de los tiempos se han referido a la cumbia como un baile, nada más equivocado, porque ella no es un conjunto de pasos y movimientos, la cumbia es un estado del espíritu.

Nada expresa mejor la colombianidad que la cumbia porque es una mezcla de razas, sabores y colores, es un ritmo de piel bronceada por el sol caribeño que ha encajado perfectamente con el frío de los altiplanos, el bochorno de los llanos o la brisa de los valles que componen nuestro grande y exuberante territorio.

La cumbia es la expresión negra e indígena, es un estado del alma que tiene como principio vivir con alegría, ese que adoptaron hombres y mujeres llegadas de África, y también los tradicionales habitantes de un lugar vasto, rico y bautizado a la fuerza.

La cumbia es tan colombiana como el mejor café del mundo y es tal su magnetismo que ha sido adoptada por diversos países como propia, ha sufrido variaciones, pero su esencia es una sola, es un canto a la vida, es el disfrute pleno con los elementos que componen el universo, la cumbia no es un baile, la cumbia es la vida misma.

Hay cumbia mexicana, chilena, villera, peruana, salvadoreña y hasta dominicana, la han escuchado desde mineros polacos, ejecutivos japoneses hasta jeques de los Emiratos Árabes, y todos disfrutan su sabor y reconocen que ella es colombiana, una condición unida a la alegría.

Los tambores africanos, las cañas de millo, la gaita, el sombrero vueltiao y las polleras de colores siguen sonando y luciendo con orgullo a pesar de que se les quiera imponer las guitarras eléctricas, las baterías y los raros peinados.

La cumbia es el aporte de alegría que Colombia hace al mundo, es un conjunto de sentimientos y emociones que permanecen en el tiempo, el cuerpo y el espíritu.

 

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