Por: Jessica Mutis • Colombia.com

Las cárceles con celdas pintadas de color rosado van más allá de una estética interior

Con opiniones a favor y en contra, esta polémica medida se extendió en Europa, especialmente en Suiza y países norteamericanos.

La teoría afirma que indicaba que el color podría influir positivamente en el comportamiento de los detenidos. Foto: Shutterstock
La teoría afirma que indicaba que el color podría influir positivamente en el comportamiento de los detenidos. Foto: Shutterstock

Con opiniones a favor y en contra, esta polémica medida se extendió en Europa, especialmente en Suiza y países norteamericanos.

Para el año 2014 la tendencia fue atendida por la mayoría de las autoridades y para ese tiempo, una de cada cinco prisiones y comisarías de Suiza tenía al menos una celda de detención pintada de color rosa encendido. La acción no se realizó con motivo de que los prisioneros se sintieran cómodos o por estética, sino a raíz de un estudio de color realizado en los años setenta. 

El origen se dio, cuando en esa época, el investigador Alexander Schauss convenció a un centro penitenciario de la Armada de Estados Unidos para que pintara algunas de sus celdas de color rosa, en base a la teoría de sus propios experimentos la cual indicaba que el color podría influir positivamente en el comportamiento de los detenidos, calmando su agitación.

Teoría que fue confirmada en un memorando redactado por la Oficina de Personal Naval afirmaba que los reclusos sólo necesitaban 15 minutos de exposición a la celda rosa para que disminuyeran su comportamiento agresivo y su violencia potencial.

Fue en los años 1979 y 1981 cuando se corroboró la información publicando las pruebas realizadas en otros centros de detención las cuales parecían respaldar sus conclusiones. De acuerdo a la información, el tono que utilizó en sus estudios para cambiar el estado de ánimo de los internos -473 ml. de pintura roja semibrillante para exteriores y 4.546 ml. de pintura de látex blanca pura para interiores- se esparció por cárceles de todo el mundo.

Schauss denominó el color como rosa Baker-Miller en honor a los directores del centro de detención naval en el que lo probó por primera vez, pero en realidad es el P-618. También se le han dado otros nombres entre las comunidades donde es usado como “rosa tanque de borracho" hasta "rosa refrescante". 

Pero en su teoría no todo es color de rosa, puesto que se han realizado estudios que no confirman lo que genera en los reclusos. "Hubo un estudio en 2015, realizado de forma adecuada y en condiciones controladas, que no encontró ninguna evidencia de que el rosa reduzca la agresividad", dice Domicele Jonauskaite, investigadora del color en la Universidad de Viena, en Austria.

Así mismo, otro estudio hecho por parte del Justizvollzugsanstalt Poschwies, en Suiza, hizo participes a 59 reclusos y reveló que no había diferencia entre las celdas blancas y las rosas en los niveles de agresividad de los presos.

Para 2011, la teoría fue tomada y transformada por la psicóloga suiza Daniela Späth quien decidió llevar a cabo sus propios experimentos con su propio tono rosado, una versión más pálida y suave que llamó «Cool Down Pink». Fue aplicado a las celdas de 10 prisiones en toda Suiza, y durante cuatro años, el personal de la prisión informó un comportamiento significativamente menos agresivo en los reclusos que fueron colocados en las celdas rosas, en comparación con los de las celdas regulares.

Sin duda, esta polémica tendencia no ha tenido una conclusión final, pero si se les preguntase a los presos, según medios internacionales, algunos afirman que es degradante estar en un lugar que parece “la habitación de una niña”. Otros indican que no se sienten cómodos por la relación que se le ha dado al color con la feminidad. Aunque estas razones van más ligadas al machismo, se puede afirmar que hoy en día la evolución del color no se asemeja o no le pertenece a ningún género en específico. 

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