Actualización: Lun, 03 / Oct / 2011 12:53 pm
Lunes, 03 / Oct / 2011

Tomar agua para estar guapa

Acuérdate del consejo que tu abuela repetía sin parar: «bebe mucha agua durante el día y tu rostro irradiará luminosidad». Porque el agua te ayuda a estar guapa.

Tomar agua para estar guapa
¿Qué cantidad de agua hay que beber al día? ¿Qué agua es mejor para tener una tez luminosa? ¿Basta con el agua del grifo? ¿Y el agua filtrada? Una lista de preguntas que puede que no nos atrevamos a plantear a nuestro dermatólogo, y menos al médico de cabecera, cuando se trata de hacer referencia a los efectos del agua en la belleza de tu piel.

Agua y piel: estereotipos
Para el Dr. Jean-Loup Dervaux, exjefe del servicio clínico de la Facultad de Medicina de París y asistente de los Hospitales de Paris, deberíamos beber entre 2 y 2,5 litros de agua al día para poder advertir los efectos visibles de tener una piel profundamente hidratada, es decir de tener una piel joven y luminosa. Una cantidad de agua que la mayor parte de mujeres no alcanza. Lo que, según el Dr., «las hace más vulnerables a tener estreñimiento, infecciones urinarias e incluso a la formación de litiasis renales o vesiculares» (cálculos biliares o renales).

Sin embargo, para aquellas que olvidan tomar su decena de vasos de agua al día, hay mil formas de consumir agua: cubitos de hielo o helados caseros, sopas, té o infusiones, en los alimentos o en el agua del caldo… Para las que se estresan a la hora de escoger entre calcio, magnesio, sodio, potasio, bicarbonato, sulfato, cloro, fluoruro o sílice: un poco de todo es bueno para el organismo. Ten en cuenta simplemente que el flúor se debe consumir con moderación y que los nitratos pueden ser peligrosos para la salud en grandes cantidades.

¿Qué agua es mejor para la belleza de mi piel?

Tantas marcas como efectos beneficiosos: pérdida de peso, reparación de la piel, digestión. Sin embargo, para el Dr. Jean-Loup es sobre todo una cuestión de marketing: «Por supuesto que beber agua hace que eliminemos… ¡pero de ahí a decir que nos ayuda a adelgazar hay una gran diferencia!». Llegados a este punto, cualquier agua mineral natural puede afirmar que posee tales beneficios, puesto que es el proceso físico lógico de nuestro organismo: ¡eliminar el agua que ha ingerido!».

En cambio, según el Dr., podemos señalar, sin duda alguna, ciertos beneficios que algunas aguas minerales tienen en la piel: «si ponemos por caso el de ciertas agua ricas en magnesio y bicarbonato, no se puede negar que poseen una acción positiva en la luminosidad de la tez, puesto que favorecen el drenaje del hígado». Lo principal es comprobar la cantidad de bicarbonato y magnesio, principales actores para tener una piel resplandeciente». Lo mejor sigue siendo variar el consumo de agua para diversificar los aportes en minerales y oligoelementos.

Hidratación y belleza: ahora y siempre, diversidad
Por otro lado, un gran número de campañas publicitarias ha animado a los consumidores y ciudadanos a diversificar el consumo de agua. El Dr. Jean-Loup Dervaux recuerda incluso que «el agua ideal no existe y no hay que ser fiel a la misma toda la vida». Ya sea agua de manantial, mineral embotellada, filtrada en casa con una jarra o del grifo, todas las aguas (entiéndase potables, por supuesto) son buenas para el consumo humano (advertencia: ningún estudio ha demostrado hasta el momento que exista un riesgo sanitario vinculado a la presencia de residuos de medicamentos en el agua corriente, pero la investigación al respecto sigue en curso).

Al igual que con la comida, lo fundamental es variar los aportes. Y que aquellos que, por ecología o economía, consumen exclusivamente agua del grifo se tranquilicen: al llevar una alimentación variada y equilibrada, no hay necesidad de recurrir a complementos alimenticios (cobre, calcio, hierro u otros). La naturaleza cumple su papel de manera formidable, puesto que todos los minerales y oligoelementos esenciales para nuestro organismo y nuestra belleza están presentes de forma natural en los productos lácteos, las frutas, las verduras y legumbres, los cereales integrales, el pescado o la carne.

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