Conoce la leyenda de los Meneses y sus risas mortales

La leyenda de los Meneses y sus burlas mortales hace parte del imaginario popular colombiano, que encuentra en la tradición oral un vehículo que recorre su intrincada geografía y su idiosincrasia.

Por: Redacción Vida y Estilo • Colombia.com
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Los Meneses se escondían entre los matorrales para asustar a los viajeros que recorrían los caminos de piedra. Foto: Pixabay
Los Meneses se escondían entre los matorrales para asustar a los viajeros que recorrían los caminos de piedra. Foto: Pixabay

La leyenda de los Meneses y sus burlas mortales hace parte del imaginario popular colombiano, que encuentra en la tradición oral un vehículo que recorre su intrincada geografía y su idiosincrasia.

Cuentan los campesinos que remontaban los ríos para llegar a los lugares en donde la gente hablaba y se vestía diferente, que un país de diminutos seres llamados gnomos había encontrado en los manglares del litoral un paraíso del que no querían salir.

A los testigos de las apariciones de estos seres se les considera locos, zafados que se desconectaron de la realidad y se fueron a vivir en un mundo de ilusiones, algunos de esos trastornados fueron excomulgados porque los insultos y la negación de Dios eran frecuentes en sus gritos desesperados.

@EdesoRionegro

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En las costas del Atlántico, unos milimétricos seres se encargaban de acariciar los cabellos de la Madremonte y sobre los caimanes disfrutaban navegar en el río Magdalena, ese lugar era su reino, su verdadero paraíso en un mundo en el que no cabían todos.

Un día sin nombre, algunos de esa extraña raza y con el mismo anhelo de los humanos, decidieron explorar otras coordenadas, se negaban a creer que el mundo era solo caribe y sus manglares y emprendieron camino agazapados en los buques de vapor que remontaban los ríos, cuando en aquella época todos se podían navegar para llegar a cualquier lugar o a ninguna parte. 

Los caminos de la Antioquia grande eran vías en donde los sueños de riqueza se acrecentaban sobre el lomo de una mula, los colonos abrían rutas a nuevas fundaciones en donde las costumbres arrieras pretendían perpetuarse en una Colombia de alma paisa.

@MirenAVer

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Los bueyes tiraban las cargas de café, pero también arrastraban pesados pianos de cola y maquinaria nunca vista, que suponían el progreso de una patria atrasada. Cada vez los caminos eran más transitados por gentes de todos lares, una cosecha de labriegos, campesinos y aventureros de todos los pelambres imponía su ritmo con direcciones fijas que se detenían en las carpas de fiambres a tomarle del pelo al hambre, con unos buenos tragos de licor artesanal, mientras su cabeza revuelta los hacía ver a sus sueños revolotear en un loco torbellino.

En medio de los caminos de fortunas y pesares aparecían aquellos desdichados que pedían una moneda para saciar sus deseos de una totuma con guarapo y anís.

Unas risas burlonas y casi imperceptibles se fueron convirtiendo en una tortura para los caminantes y arrieros, porque con los días eran más potentes y enloquecedoras, ¿de dónde provenían esas demoniacas carcajadas?, de los Meneses, respondían sin dudar quienes ya habían sufrido la broma de unos pequeños hombres, que con un no ante sus manos extendidas, recibían un mortífero ataque de cosquillas que lograban rasgar la carne como filosas navajas.

Cuentan que estos seres eran unos bufones que planeaban sin pesar la muerte de viajantes engreídos, perfumados y bien entelados, por eso los arrieros decidieron tener siempre listo un zurrón de cuero grueso con monedas para estos pequeñines después del eco de una risa en la cañada.