SAN AGUSTIN

San Agustin - Época Precolombina
ídolo del Parque Arqueológico San Agustín - Foto: Shutterstock

Herencia viva hecha en piedra

El hombre no necesita vivir para mostrarle a la humanidad la majestuosidad de su trasegar porque su legado y su obra sobre la tierra no solo indican la forma en que desarrollaban su convivencia, sino que además enseñan sobre cómo la muerte, el supuesto final de la existencia, no es más que una etapa en el camino cósmico que nos mantiene siempre conectados con el planeta.

Los exploradores españoles no podían creerlo, habían llegado a una tierra del nuevo mundo tan rica que hacía alucinar, de tan grande y exuberante belleza que invitaba a adentrase en ella y a seguir recorriendo sus caminos prometedores.

Una expedición concentrada en el sur y con una celestial fábrica de agua en medio de señoriales montañas se encontró con tribus que resistieron con fiereza la invasión de hombres con espadas, armaduras, caballos, perros bravos y un nuevo Dios que venían a imponer a sangre y fuego. De esa manera realizaron fundaciones de poblaciones como Pasto, Almaguer, Timaná y Popayán y estaban lideradas por Sebastián de Belalcázar y García de Toledo, adelantados de la corona española que quería corroborar con sus propios ojos un lugar lleno de riquezas para conocimiento de los reyes en la muy lejana península ibérica.

San Agustin - Época Precolombina
Los ídolos del Parque Arqueológico San Agustín - Foto: Shutterstock

En las inmediaciones de lo que hoy se conoce como el Macizo colombiano, origen fluvial de numerosos ríos, fue bautizada una región con el nombre de San Agustín, la cuna de una civilización precolombina que no hizo frente a la avanzada europea porque a su llegada ya se había extinguido y lo que supieron de ellos solo fueron las evocaciones de culturas indígenas que hablaban de un periodo glorioso de un grupo de hombres y mujeres que supieron amar su propia tierra.

La leyenda de una familia que tenía un especial sentir por la existencia fue una leyenda que pasaba de boca en boca y que durante tres siglos fue una inquietud permanente hasta que aventureros que se lanzaban a la caza de riquezas de oro y elementos tribales que se consideraban trofeos, encontraron enterradas y escondidas en los recovecos que la naturaleza caprichosa crea, losas de piedra y figuras enormes que comprobaban que las historias de antaño sobre una civilización asentada en la zona eran reales.

Prestantes figuras de la historia nacional como Francisco José de Caldas, el sabio naturalista neogranadino y el cartógrafo italiano Agustín Codazzi, visitaron la zona para tratar de comprender y de mostrar que existió una cultura precolombina organizada y cuya investigación era necesaria para dar forma a la historia de la incipiente nación que reclamaba su determinación como pueblo.

En 1914 se inició una investigación formal y rotunda, que tuvo como cabeza al investigador alemán Konrad Theodor Preuss para ser sucedida por el español José Pérez de Barradas, el colombiano Gregorio Hernández de Alba y el alemán Gerardo Reichel-Dolmatoff.

Una desconocida civilización fue puesta ante el mundo y era tal su esplendor que dejó como herencia una forma de ver la vida en forma de piedra, un experto pueblo escultor que de esa manera relataba su cosmogonía y su religión y que fue llamado Cultura San Agustín por la ubicación geográfica en la que se encontraba según los estudios.

Las ceremonias religiosas centraron la actividad de la cultura San Agustín y muy cerca del Río Magdalena fueron halladas más de 300 estatuas que manifestaban su respeto por la muerte, pues se denota que los ritos funerarios dieron origen a su capacidad artística en la talla de piedra y que en ese lugar conformaron un grande e imponente centro ceremonial.

Toda la simbología de la familia precolombina está representada en cada una de las figuras en piedra, rindieron culto a la naturaleza y por eso tallaron al sol, a la luna, a la lluvia y hasta al rayo,pero también lo hicieron con especial cuidado con sus dioses con formas de hombre y animal.

Hoy se le rinde homenaje perenne a la cultura San Agustín en dos parques de carácter natural y arqueológico, el de San Agustín, que exhibe la famosa fuente del lavapatas y el del Bosque de las estatuas, lugar en donde fueron encontradas varias de las piezas que hoy muestran al mundo que existió una cultura que le rendía culto a la muerte como una etapa obligatoria en el camino de la existencia.