Actualización: Mié, 01 / Ago / 2012 12:29 pm
Miércoles, 01 / Ago / 2012

Comer en familia para prevenir adicciones

Un estudio del centro CASA de la Universidad de Columbia (EE.UU) confirma que las comidas en familia son importantes para disminuir la posibilidad de consumo de alcohol y drogas.

Comer en familia para prevenir adicciones
Los jóvenes que pasan más tiempo con sus padres son menos propensos al consumo de drogas y alcohol y tienen menos acceso ellos.

El mensaje consistente de ambos padres es fundamental para evitar que los hijos experimenten con drogas.

Quizás una de las mayores preocupaciones de cualquier padre de familia está relacionada con la posibilidad de que alguno de sus hijos sea víctima de una adicción, bien sea al alcohol, el cigarrillo o las drogas.

Y es que de acuerdo con datos del Estudio Nacional de Consumo de Sustancias Psicoactivas en Hogares de la Dirección Nacional de Estupefacientes y la ONU, en Colombia más del 12% de las personas tiene consumo problemático de alcohol, 2% es dependiente a las drogas ilícitas y más del 9% ha probado drogas alguna vez en su vida, lo que demuestra el riesgo latente al que se enfrentan los jóvenes.

Una buena noticia para los padres es que de acuerdo con estudios revelados por el Centro Nacional sobre Adicciones y Abuso de Drogas (CASA, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Columbia (EE.UU) se puede reducir el riesgo de que los hijos adolescentes caigan en vicios con una sencilla acción: aumentar el número de ocasiones que se come juntos en familia.

De acuerdo con los hallazgos de los investigadores, hay cuatro veces más probabilidades de que aquellos adolescentes que no tienen comidas frecuentes en familia (menos de tres veces a la semana) comparados con los que sí tienen comidas frecuentes con sus familias (entre cinco y siete veces a la semana), hayan fumado tabaco; así mismo, existen más del doble de probabilidades que hayan consumido alcohol o que pudieran usar marihuana.

El tiempo con los padres es importante: en comparación con los adolescentes que pasan 21 horas o más por semana con sus padres, quienes pasan siete horas o menos son dos veces más propensos a consumir alcohol y dos veces más propensos a decir que probarían drogas en el futuro. El grupo que tiene comidas frecuentes, así mismo, tiene menos posibilidades de tener amigos que usen sustancias como marihuana, drogas medicadas sin prescripción y licor.

De la misma forma, los jóvenes que pasaron más de 21 horas con su familia tienen menos posibilidades de poder acceder a cualquier tipo de drogas, comparados con los que pasaron siete horas o menos con sus familias. En ese orden de ideas, los adolescentes que tuvieron menos de tres comidas familiares semanales estuvieron más inclinados a responder que ellos tendrían acceso inmediato a marihuana, alcohol y drogas medicadas sin prescripción, tanto así que fueron más propensos a aceptar que podrían conseguir estas sustancias en una hora o menos.

El estudio de la Universidad de Columbia muestra que hay una correlación entre la frecuencia de las comidas en familia y la posibilidad de aceptar que en un futuro se podrían consumir drogas: si se comparan los adolescentes que tienen cinco a siete comidas familiares con aquellos que tienen menos de tres semanales, los del último grupo fueron cuatro veces más propensos a aceptar la posibilidad de consumir drogas en el futuro.

Más comidas, más tiempo de calidad

Según la institución, que ha venido encuestando por más de 17 años a miles de personas con el fin de establecer los factores que inciden en el consumo de sustancias psicoactivas y tabaco, el estudio de este año demuestra una vez más que la magia que sucede en las comidas familiares no son en sí los alimentos sobre la mesa, sino las conversaciones y la participación de la familia alrededor de esa mesa.

Cuando se preguntó acerca de la mejor parte de las cenas familiares, la respuesta más frecuente de los adolescentes fue la de compartir, hablar e interactuar con los miembros de la familia, la segunda respuesta más frecuente la de sentarse o de estar juntos. Si se tienen en cuenta respuestas similares, tales como pasar tiempo con miembros de la familia en particular o riendo y contando chistes, el resultado es que tres cuartas partes de los adolescentes que manifiestan tener una cena con su familia al menos una vez a la semana manifiestan que la interacción y estar juntos es la mejores parte de las cenas familiares.

Los adolescentes cuyas familias comen juntas con frecuencia no sólo pasan más tiempo en la mesa juntos, también pasan más tiempo juntos en general. La cena de la familia es un momento ideal para fortalecer la calidad de las relaciones familiares. Los adolescentes que tienen comidas familiares frecuentes son más propensos a tener excelentes relaciones con otros miembros de la familia. A medida que aumenta la calidad de las relaciones de los adolescentes con sus padres, disminuye la probabilidad de consumir tabaco, alcohol y marihuana.

Los hermanos también son importantes: los adolescentes que creen que sus hermanos mayores han probado drogas ilegales son más propensos a decir que esperarían probar drogas en el futuro.

Por supuesto, las comidas no son el único momento en que los padres pueden conectarse con sus hijos. Hay otras oportunidades para la conversación y los adolescentes necesitan un mensaje consistente de los padres sobre el alcohol y las drogas. Los adolescentes cuyo padre y madre están de acuerdo por completo entre sí sobre qué decir a sus hijos adolescentes acerca del alcohol y otras drogas son menos propensos a consumir alcohol y marihuana y menos propensos a esperar a probar las drogas en el futuro.

Cada vez que las conversaciones se producen, es importante que los padres hablen con sus hijos adolescentes acerca de lo que está pasando en la vida de sus adolescentes y lo que se espera con respecto al alcohol y las drogas.