Actualización: Jue, 13 / Sep / 2012 5:44 pm
Jueves, 13 / Sep / 2012

Toxina Botulínica Tipo A, ante los accidentes cerebrovasculares

La Toxina Botulínica Tipo A, se utiliza con éxito en pacientes con lesión en el Sistema Nervioso Central y que presentan como síntoma la Espasticidad.

Toxina Botulínica Tipo A, ante los accidentes cerebrovasculares
Es un procedimiento ambulatorio que ha generado grandes expectativas entre quienes la reciben
En América Latina, la tasa de incidencia de accidente cerebrovascular es de alrededor de 150 casos por cada 100.000 habitantes y las tasas de mortalidad oscilan entre 10 a 55%. Se estima que anualmente se presentan alrededor de 200 mil nuevos casos de esta enfermedad en Estados Unidos.

El ACV - Accidente Cerebro Vascular o popularmente conocido como derrame cerebral, es considerado la segunda causa de muerte en el mundo y , muchas veces, cuando las personas logran sobrevivir al trauma, presentan graves consecuencias como limitaciones motoras que, si no se tratan adecuadamente y a tiempo, pueden cambiar completamente el curso de vida de quien la padece, sus familiares y cuidadores.

El accidente cerebro vascular es la interrupción del flujo normal de sangre al cerebro provocando un cambio circulatorio en una determinada área, llevando a la muerte del tejido cerebral. Puede ser hemorrágica, cuando ocurre un derrame sanguíneo o isquémica, cuando el flujo de sangre falta.
Sus principales causas son la hipertensión, colesterol alto, tabaquismo, estrés, ingesta desmedida de alcohol, sedentarismo, obesidad y antecedentes familiares. Actualmente se estima que la tasa de incidencia en América Latina es de alrededor de 150 casos por cada 100.000 habitantes y las tasas de mortalidad oscilan entre 10 a 55%.

Esta enfermedad es la principal causa de muerte y discapacidad adquirida en todo el mundo. Cada año se confirma 15 millones de casos nuevos de personas con la enfermedad, de los cuales 5 millones mueren y los otras 5 quedan discapacitadas con complicaciones motoras (50-83%), cognitivas (50%), de habla (23-36%) y con disturbios psicológicos (20%).

Los pacientes pueden perder la fuerza muscular en brazos y piernas y la capacidad de coordinación, desarrollando dolorosas contracturas articulares y alteraciones del tono muscular. Puede presentarse también parálisis parcial o completa (un lado del cuerpo), trastorno visual y de la memoria.

Un tercio de estos pacientes tienen menos de 65 años de edad, lo que genera importantes implicaciones a futuro por ser pacientes jóvenes que vivirán con dichas limitaciones por periodos más largos.

La mortalidad varía dependiendo del grado de desarrollo socio económico del país y aproximadamente el 85% de los casos aparecen en países subdesarrollados o en desarrollo y un tercio de éstos se dan en la comunidad económicamente activa de la población.

Espasticidad, una de las secuelas más comunes del ACV.
Es una respuesta clínica secundaria a una lesión del Sistema Nervioso, como el ACV, que se caracteriza por el aumento del tono muscular y la rigidez excesiva de los músculos. Los síntomas varían desde una leve contracción a una severa deformidad que afecta la movilidad. Los músculos empiezan a endurecerse y las articulaciones de los huesos se vuelven rígidas, haciendo que los pacientes dependan de terceros para realizar actividades cotidianas como caminar y comer.

Se estima que entre el 33-42% de los pacientes necesitan ayuda en sus vidas diarias en el período comprendido entre el 3 y 6 años después del accidente cerebrovascular, y el 36% de los pacientes quedan incapacitados después de cinco años.

A pesar de que el ACV es mundialmente conocido y que la Espasticidad es una secuela con un alto índice en adultos mayores de 50 años, para muchos aún son desconocidos los tratamientos y alternativas existentes para controlarla. Existe el mito que son pacientes discapacitados y por lo tanto con poca probablidad de recuperación sin tratamientos.

Uno de los procedimientos para tratarla es el uso de la toxina botulínica que actúa directamente en los músculos afectados, a través de inyecciones, causando una relajación de los mismos y bloqueando la actividad motora involuntaria. Según el Médico Fisiatra, Dr. Javier Benavides, “el efecto de la toxina botulínica en los pacientes es de gran valor terapéutico, es una realidad posible y ha generado una gran expectativa entre quienes la reciben, ya que además de mejorar su movilidad, los ha ayudado a recuperar su actividad física y a rehabilitarse. Muchos de mis pacientes sufren de depresión por no poder moverse de forma natural y gracias al tratamiento, recuperan su función y calidad de vida” y concluye “para tener mejores resultados, este tratamiento debe ser acompañado con rehabilitación, guiada por un especialista y debe que acudir al Médico Fisiatra, quien es el médico capacitado en este tipo de procedimientos. Hay que tener en cuenta que entre más rápido se inicia el tratamiento, mejores serán los resultados.”

Acerca de la Toxina Botulínica
La toxina botulínica tipo A es un producto de origen biológico, así como las insulinas, vacunas, inmunoglobulinas y biofármacos. Es uno de los productos biológicos más conocidos en el mundo, desarrollado por medio de modernas técnicas de biotecnología y con una estructura molecular de alta complejidad. Por todo esto, los biológicos no pueden ser copiados , las agencias regulatorias de todo el mundo los consideran únicos. Además, su producción exige una serie de evaluaciones referentes a la seguridad y a la eficacia con especial atención en sus efectos clínicos, toxicidad y actividad biológica.