El origen de la luz

Escudo Nacional

En el principio todo era oscuridad. En aquel tiempo solo vivian cuatro hermanos puinaves de nombre Guarirom, Kwai, Pirkibiari y Nibdá. El primero era el mayor de todos y fue el hacedor del universo, y la última era la única mujer.

Guarirom creó primero el cielo, el sol, la luna y las estrellas, después hizo la tierra, los ríos, los peces y las aves. Por último, creó a los hombres. Sin embargo, todo permanecía oscuro, las nubes tapaban la luz, no dejaban alumbrar el sol.

En medio de esa oscuridad se bañaban todos los niños. El sol y la luna, que vivían juntos, aprovechaban estar en tinieblas para robárselos, asarlos y comérselos.

Los padres de los pequeños veían que sus hijos desaparecían, pero no entendían ni el cómo ni el porqué. Un día se dieron cuenta de la causa y decidieron vengarse. Invitaron al sol y a la luna a una gran fiesta para la que las mujeres hicieron mucha chicha, valiéndose del guarapo obtenido por los hombres de una gran cantidad de caña molida.

Al La fiesta empezó a desarrollarse con cánticos y bailes, dando a beber chicha en forma continua al sol y a la luna hasta conseguir emborracharlos. El sol, mareado por el mucho consumo, se tiró al suelo, y la luna, muy borracha, se acostó a su lado. Una vez que estuvieron dormidos les prendieron candela.

El calor del fuego los despertó, y corrieron hacia el río. La luna se arrojó a las aguas, mientras que el sol se sentó en la proa de una curiara -canoa-. La luna arrojaba agua a su esposo, quien le decía que no lo apagara porque tenía que dar mucha luz a la gente cuyos niños había robado y comido, para de este modo compensarlos en algo.

- Debo secar el casabe que llevan para sus viajes, y también el monte para que cultiven el plátano y siembren la yuca; debo pagar el mal que les he hecho.

En ese momento empezó a elevarse; Guarirom, que los observaba desde muy cerca los observaba. Separó las nubes y la luz brilló sobre la tierra. La Luna, como buena esposa, lo siguió a las alturas, no sin antes decir a los puinaves que si bien ella no alumbraría todos los días, al menos no permitiría la oscuridad continua de las noches, para tratar de pagarles un poco la falta cometida.