Terapias grupales reducirían fatiga emocional de universitarios

Baja satisfacción vital y cansancio emocional, derivados de múltiples orígenes, pueden implicar consecuencias como la alteración del rendimiento académico y, más grave aún, del bienestar psicológico de los estudiantes.

Vie, 26 / Abr / 2019 3:38 pm

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Vie, 26 / Abr / 2019 3:38 pm

Baja satisfacción vital y cansancio emocional, derivados de múltiples orígenes, pueden implicar consecuencias como la alteración del rendimiento académico y, más grave aún, del bienestar psicológico de los estudiantes.

Esta situación despertó el interés de Jennifer Angélica Ramos Cangrejo, magíster en Psicología de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), por abordar una alternativa terapéutica para tratar el cansancio emocional.

“Este es la primera respuesta del síndrome del quemado (burnout): es la sensación de no dar más de sí mismo, de estar cansado, y de que los recursos emocionales están agotados”, explica la investigadora. Se trata de una condición en la que también suele haber mucha irritabilidad y pérdida de energía y de recursos físicos.

La aplicación de un programa basado en la terapia sensoriomotriz en estudiantes –practicantes en una comisaría de familia–, les permitió a los participantes del estudio desarrollar y fortalecer recursos para enfrentar situaciones personales y académicas que afectaban su bienestar psicológico.

La magíster Ramos describió las experiencias del cansancio emocional y de la satisfacción vital que mostraba un grupo de estudiantes antes y después de la implementación de ocho sesiones de terapia.

Foto: Universidad Nacional

“Pretendía analizar cómo percibían los estudiantes estas experiencias”, comentó al explicar que la satisfacción vital, el otro factor estudiado, se refiere a la evaluación cognitiva de lo que una persona pensaba conseguir o hacer en algún momento de su vida y lo que ha alcanzado.

Para eso aplicó ocho sesiones –una cada semana– de dos horas en un grupo de estudiantes de noveno y décimo semestre de Trabajo Social de la U.N., con edades entre los 22 y los 26 años.

Rastreo de  sensaciones

“Empezamos con una práctica de mindfulness, o atención consciente, relacionada con el rastreo de sensaciones corporales para que las participantes empezaran a reconocer cómo reacciona su cuerpo frente a una situación, cómo se sentían sus dedos, su cara…, para que se fueran familiarizando con el programa”, manifiesta la psicóloga.

Foto: Universidad Nacional

Ello debido a que, en general, las personas presentan síntomas como temblores, ahogo o parálisis frente a situaciones de miedo o ansiedad, que no les permiten afrontar adecuadamente circunstancias de la vida diaria, que era por lo que atravesaban las estudiantes que formaron parte de la investigación.

La terapia continuó con la discriminación de pensamientos, emociones y sensaciones por parte de las estudiantes para que pudieran desligarlas y vincularlas con las experiencias que estaban viviendo, lo que se consiguió con la exposición a estímulos como texturas, sabores, olores, imágenes y sonidos.

Esto permitió que más adelante se reconocieran estados de hiperactivación y de hipoactivación. “Cuando una persona está hiperactiva siente que respira mucho más rápido, se desespera y tiene la necesidad de huir de la situación, mientras que la hipoactivación está relacionada con sumisión, con una parálisis que la lleva a estar muy decaída”, explica la investigadora, quien guió a las participantes a reconocer estos estados para luego facilitar un margen de tolerancia o un estado óptimo de estas sensaciones que permita continuar con las actividades diarias.

Foto: Universidad Nacional

Además, se sumó el desarrollo de recursos somáticos, que forman parte de estrategias de afrontamiento desde el cuerpo. “Por ejemplo, el hecho de que te puedas mover si te sientes paralizada, que puedas extender los brazos si necesitas ayuda, que puedas expresarte desde tu cuerpo y que puedas facilitar tu autorregulación, que te sientas más tranquila”, comenta la psicóloga.

Para ella, este trabajo en conjunto permitió evidenciar cambios cualitativos en los participantes, como el aumento de la confianza a través de los recursos que desarrollaron para la adaptación a un entorno difícil –como la comisaría de familia donde realizan sus prácticas–, un entorno familiar o uno académico.

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Redacción Educación - U.N. • Colombia.com • Vie, 26 / Abr / 2019 3:38 pm